Marthe caminó rápidamente por los pasillos. Su cara era sería y no pudo evitar preocuparse al escuchar la noticia que salió de los labios de la madre de su señorita.
¡Su señorita estaría pronto comprometida!
Esto no sería sorpresa, en realidad su señorita había estado comprometida diez veces, pero todas se cancelaron.
Era la mala suerte de la familia, o al menos de su señorita, que cada vez que se comprometía, sus prometidos se iban con otras mujeres u hombres. Lo que amargo completamente a su señorita y se encerró en la biblioteca casi viviendo en el lugar.
Su señorita podría decir que es un alivio no estar comprometida, pero ella noto en su mirada la decepción.
Cada vez que se rompía un compromiso, el dolor en esos ojos se hacían más notables y ni siquiera se esforzaba en las citas.
Marthe tenía el corazón dolorido por su señorita y esperaba que está vez todo fuera diferente.
Abrió la puerta de la biblioteca y buscó a su señorita en las secciones. La encontró en la sección de historia y geografía, lo que indicaba que había pensamientos que no dejaba a su señorita y necesitaba callarlos con esta lectura.
Lisette levantó la mirada del libro cuando noto la presencia de Marthe. La seriedad y preocupación le dijo que no eran cosas buenas, al menos para ella.
—¿Qué pasa Marthe? —preguntó Lisette.
Marthe se aclaró la garganta—. Señorita Lisette, escuché la noticia que la señora dió a todos ¡Pronto estarás comprometida!
Con esas palabras, sintió un hundimiento.
No, no podría estar comprometida de nuevo. Había pensado que la dejarían en paz después de la cancelación de los compromisos y los rumores que la estaban rondando. Su madre le había prometido que esto ya no sucedería y que tendría opción de elegir con quien estar sin importar de dónde venía el origen.
Ella rompió su promesa.
Cerró el libro sin importarle dónde estaba y se levantó de inmediato.
—¿Quién es? —exigió con su pregunta.
—No lo sé, escuché esto de ella, pero se negó a decir quién era y vine a usted de inmediato.
Lisette se llevó una mano a la cabeza. Un dolor se estaba presentando y no era nada bueno. Masajeo lo mejor que podía.
—Gracias por avisarme Marthe, hablaré con mamá—y con eso, se dirigió a la salida de la biblioteca.
Comprometida. Je, no era algo que quisiera. Cada vez que se comprometía con alguien, estos se iban al día siguiente con una mujer hermosa después de tener una cita. Lisette se sentía menospreciada por estos hombres que en la primera cita le habían prometido amor eterno.
Solo fueron mentiras, tantas mentiras que dolió y ni siquiera sentía algo por ellos.
A una joven edad había llegado a la conclusión de que debía casarse como se le pedía a cualquiera de su origen. Era una ley debido a la disminución de la población y no era extraño que a veces una relación fuera más de dos personas. Por supuesto, Lisette no se rebajaría a ese grado, quería un compromiso como el de su madre.
Un compromiso que era conveniente, pero que a través de los años el amor surgiera. Solo tenía que ver la cara de su padre al mirar a su madre y todo tenía sentido.
Pero no tenía suerte. Estaba condenada a quedarse soltera, lo cual no era inconveniente, pero la hacía sentir incómoda alrededor del círculo social en el cual debía estar por obligación. Círculo social dónde todas estaban casadas y se burlaban de ella que tuvo que aguantarlo y sonreír con cortesía mientras que en su corazón ya estaba apuñalando a estás personas.
Pronto, llegó a la habitación especial de su madre y entró sin golpear a pesar de que tenía mejores modales.
Suerte que estaba sola tomando el té mientras leía una novela.
Su madre levantó la mirada del libro y sonrió abiertamente. Dejó un marca página que brilló por un momento por la luz del sol.
—Mi querida hija, estoy feliz de verte —comentó con alegría, pero su sonrisa desapareció al ver la seriedad—. ¿Qué sucede?
—Mamá, rompiste tu promesa.
La mujer se puso rígida y rió tontamente—. Perdona a esta madre, pero era necesario.
—¿Necesario? Mamá, sabe solo que ocurre cada vez que se dice que me voy a comprometer ¡Se van! Y no quiero soportar esa vergüenza de nuevo.
—Tranquila, esta vez no va ocurrir o él se avergonzaría a sí mismo —su madre estaba segura de sí misma, lo que el prometido que encontró para ella no debía ser una persona común.
—¿Quién es? —pregunto por curiosidad. Marthe dijo que su madre no quería decir el nombre de este prometido. Además, necesitaba saber para estar preparada y aguantar la vergüenza.
Con una sonrisa deslumbrante, su madre dijo—. Es el príncipe Valreth.
El mundo de Lisette se movió y se sentó en la silla más cercana.
El príncipe Valreth era un personaje importante. El hijo más querido del rey, pero no el heredero por solo ser el segundo hijo. También había sido rechazado por su pretendiente quien en realidad eligió al príncipe heredero y fue un golpe en su orgullo y corazón. No había secretos de que este príncipe estaba enamorado de la belleza número uno Francine Adnet.
Este matrimonio estaba condenado desde el principio. Dos rechazados, incluso ni siquiera sería quien estuviera en el corazón del príncipe.
Su vida sería más que amargura.
—Lis ¿Cómo te sientes? ¿Necesitas que mamá te traiga agua? ¿Necesitas aire? —La preocupación de su madre hizo que su corazón se sintiera cálido, pero aún sentía una traición hacia ella.
—No —contestó y apartó los ojos de su madre. Ojos que empezaron a doler un poco por las ganas de llorar.
Alguien sin duda la había maldecido de pequeña, pero está vez ni siquiera podría rechazar la propuesta porque literalmente era un s******o social.
—Está bien, creo que la noticia no fue muy buena —la mano de su madre acarició su cabeza. Trataba de relajarla de este asunto, pero Lisette no podía.
—Mamá, nunca estaré en su corazón —la madre notó la preocupación de su hija.
Así que era esto, que nunca sería la número uno del corazón de un hombre. Dado que su hija vio la relación que tenía con su padre, no era de extrañar que quisiera algo así y ella amaba a su esposo, pero tardó en hacerlo. Sin embargo, sabía que no habría problemas en generar afecto durante el matrimonio si ambos ponían de su parte.
Puso ambas manos en la cara de su hija y la miro a los ojos. Ojos tan claro como la miel que había heredado de ella.
—Puede parecer en este momento que sería algo imposible, pero recuerda Lisette, un hombre siempre se ablandará con una mujer que lo trata bien y amable. Tu eres capaz de eso mi niña y solo debes intentarlo, si no funciona, siempre hay divorcio —aclaró su madre con una suave voz.
Si, un divorcio por si la relación no funcionaba, pero sería difícil casarse de nuevo para ella.
Y su madre tenía razón. Había visto mujeres ser amables con sus esposos que solo la tenían en la mira. Ella podía intentarlo, solo si su esposo tenía una buena personalidad.
—¿Cuándo será la primera cita? —preguntó Lisette.
—En unos tres días, si son compatibles, el matrimonio será de inmediato, órdenes del príncipe —soltó una pequeña risa nerviosa.
¿Casarse de inmediato? Eso no se había visto antes, ni siquiera tendría tiempo para conocer correctamente al príncipe.
Quizás era para demostrar que ni siquiera le había afectado el matrimonio de su ex novia con su hermano.
Bueno, Lisette podría hacer lo mismo por despecho, pero sabía mejor de no involucrar a un inocente y en este caso, era ella.
—Trataré de comportarme, pero no prometo nada.
—Está bien, querida —aceptó la madre.
Su niña ya era grande, una adulta, y pronto podría casarse. Ella estaba esperando ese momento y tenía la intuición de que está vez su hija sería feliz.