Sonrió con amargura cuando un olor muy poco perceptible llegó a su nariz. Cualquiera que tuviera un olfato normal no detectaría este olor, pero Lisette era diferente.
La taza de té que sostenía en una mano, la dejo de nuevo en el plato. Sacó sus guantes de seda y con eso, tomó una galleta.
Olfateo la galleta y su cara ya no tenía ni una sonrisa.
De verdad, la servidumbre aquí no era confiable. Parecía que la realeza podía ofrecer cosas o amenazar a las personas que ya no eran fieles.
—¿Otro intento, señorita? —Marthe nunca había visto a Lisette dudar en tomar su té favorito o las galletas que le encantaba a la señorita.
Su mente solo llego que era otro intento de asesinato y esto era grave.
—Si, envenenamiento y no deja vestigio —comentó con suavidad, pero por dentro se entretuvo.
Quién diría que le daría un veneno de bajo rango solo porque pensaban que era una inútil y no era capaz de reconocer este veneno.
Lisette, quien había sido tranquila y observadora, era la culpable de la muerte de su tío por envenenamiento. Las miradas que le daba no eran agradables, le hacía estremecer de repulsión y lo había escuchado una vez pedir su mano en matrimonio solo para ser rechazado. Y sabía que tarde o temprano, su tío intentaría algo para obligar a casarse.
¿Qué mejor que envenenarlo? Por supuesto, no fue estúpida y utilizó el mismo veneno que le estaban dando en este momento, de tal modo que podía reconocerlo como muchos más que había investigado y se convirtió en lo que era su profesión no acreditada. Estaría en problema si los demás supieran, porque en sí era un peligro andante.
Partió la galleta y arrojó el pedazo en la taza, hubo una reacción que esperaba. La taza, que estaba bellamente elaborada, no pudo soportar la reacción.
—Es fuerte —Marthe frunció el ceño.
—Mhm, es lo que se esperaba. Si hubiera tomado solo la taza, al menos tardaría tres horas hasta hacer efecto, pero con la galleta incluida, sería una muerte instantánea y sin salvación —ella se quedó en su lugar, pero sacó un collar y una pequeña bolsa con un polvo rojo estuvo en su mano.
Arrojó un poco de este polvo en la reacción que se detuvo de inmediato.
—Marthe, estás encargada de todas mis comidas y no confíes en las cocineras, no me importa si las he ofendido, mi vida es más importante que unas tontas vendidas —ordenó Lisette.
—Si, señorita.
—Ahora, por favor, trae de nuevo el té —esta vez fue menos mandona, era Marthe con quien estaba hablando y ambas se respetaban.
Lisette solo la vio como una hermana que nunca tuvo. Una hermana mayor que tenía bastante experiencia y que se estaba escondiendo en su familia hasta que fuera el momento.
Lamentablemente al casarse con el príncipe harían forzar la salida de Marthe y personas la buscarían.
Debía prepararse para estos acontecimientos.
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En el espejo se reflejaba una hermosa joven. Estaba vestida con un traje de novia que era sencillo, pero con una capa blanca que daba una sensación de elegancia y respeto.
Su cara no mostraba más allá que indiferencia. Su cabello estaba perfectamente peinado con un moño bajo ajustado y con una tiara en su cabeza. Ella sabía que esa tiara se cambiaría en formalidades por una de una princesa, porque ella sería una princesa después de casarse con el príncipe Valreth.
El velo fue la última incorporación luego que las maquilladoras la dejarán en paz. Al menos le habían dado un maquillaje natural que según ella, le quedaba y no era necesario exagerar en un momento tan importante en su vida.
En el espejo, pensó que se veía respetable.
—Se ve preciosa, señorita —mencionó Marthe que estaba vestida de forma sencilla.
—Gracias, Marthe, también te ves preciosa —comentó con sus ojos más suaves al ver en el espejo que Marthe se había puesto a su lado.
La mencionada sonrió levemente. Sus ojos brillaron sospechosamente, Lisette supuso que eran las lágrimas no derramadas. A pesar de que no llevaban mucho tiempo conociéndose, ambas tenían una relación fraterna envidiable. Lisette no trataba como una sirvienta más a Marthe, era su amiga y hermana no biológica. Para los demás era una relación tan extraña que incluso había sido parte de un rumor que Lisette simplemente ignoró.
Entonces, no era de extrañar que Marthe se pusiera a llorar a pesar de que trataba de soportar las lágrimas que sin duda quería derramar.
No obstante, Lisette estaba preocupada por un asunto que tarde o temprano caería. Cómo se dijo a sí misma, se prepararía para lo que vendría.
—Señorita, muchas gracias.
—Solo digo la verdad, Marthe, ese vestido sin duda está hecho para ti.
—Es bueno que haya sido hecho para mí, señorita —comentó Marthe sacando una pequeña risa a Lisette.
Los nervios se fueron lentamente, pero volvió a estar sería.
—La comida ¿Tiene algo en ella? —pregunto sabiendo que nadie más vendría por unos minutos.
Marthe enderezó su espalda y dijo:
—No, no hay nada en la comida, ni en la bebida. No se han arriesgado—Lisette tarareo.
Entonces, no eran tan estúpidos. Si hubieran envenenado la comida, corrían el riesgo de envenenarse porque era imposible que durante la fiesta se negaran a comer. Sería sospechoso y si alguien estaba envenenado, serían los principales en quien pensar para culpar. Excepto si se arriesgaban para tener una tapadera.
Ella se burló de ellos, al menos de quién la trató de envenenar. De seguro pensó que fue suerte que no haya muerto en estos momentos, lo cual era una gran equivocación.
—No tan estúpidos como pensaba —murmuró para sí misma.
Alguien golpeó la puerta haciendo que ambas mirarán a la puerta. Esta se abrió para dejar ver a la madre de Lisette.
Esta mujer estaba espléndida. No era tan llamativa debido a que quien debía resaltar era la novia y no los invitados (pero Lisette tenía la idea que algunos ni siquiera le importaba esto y llevarían el vestido más costoso y llamativo para opacarla en su día).
Lisette le sonrió a su madre cuando ésta caminó hacia ella.
—Es el momento, amor —anunció ella con un poco de seriedad.
Su hija se casaba, debía comportarse de cierta manera, pero ella estaba enojada por la osadía de algunos invitados. Rompiendo las reglas que todos conocían. Si no fuera porque su esposo estaba cerca de ella, habría actuado para sacar estás personas que no merecían estar presentes en esta ceremonia sagrada.
—Gracias mamá —Marthe le dejó un ramo de flores en sus manos.
Era lo que le faltaba. El ramo que ella misma construyó para este momento tan especial y como la tradición indicaba.
Hubo un entendimiento en la mirada de ambas. Solo porque se iba de casa, no significaba que nunca los visitaría. Ellos eran sus padres, quería estar cerca de ellos, pero no demasiado cerca cuando empezará a cuidar de su futura familia.
Se aliso el vestido con una de las manos. Todo estaba impecable y debía salir de la habitación con el ramo en la mano para caminar por el pasillo y encontrarse con su futuro esposo.
—Mirate, hija mía, estás hermosa y radiante —comentó la madre de Lisette.
—Puedo decir lo mismo, mamá —La mujer mayor rodó los ojos y movió una mano desestimando lo que dijo su hija.
—No debes halagarme, querida, hoy es tu día y tú eres quien destaca, sólo que algunos rompieron las reglas del vínculo.
Este comportamiento era para indicar que estaba en contra de este matrimonio, que no era importante a los ojos de estás personas y no sería extraño que fuera algunos parte de la familia real que eran inmunes a esta implícita regla.
Sintió un poco de irritación, pero no podía hacer nada más allá que tolerar la situación hasta que tuviera poder propio y la respeten como futura princesa.
—No te preocupes mamá, el rompimiento de la regla no detendrá la boda.
—Lo sé querida, pero me siento ofendida que sean capaces de mostrar su cara en la boda de mi querida hija, que es tan hermosa y perfecta, y muy inteligente —La madre de Lisette sabía que su hija era muy inteligente que asustaba a sus pretendientes temerosos de tener una esposa que sería capaz de controlarlos si quería.
Lisette tomó una mano de su madre. La mujer mayor la miró y suspiró.
—Me calmaré, hija, hoy es tu día y no debes escuchar las preocupaciones de esta anciana —Alguien ahogó la risa. Madre e hija sabían quién era y la mujer mayor no se ofendió.
Marthe se aclaró la garganta después de su muestra de falta de decoro.
—Creo que deberíamos salir, empezarán los rumores que la novia escapó —O que estaba muerta, no se dijo explícitamente, pero ambas sabían que era una opción cuando los intentos de asesinato continuaban y en la mañana fue el último intento.
Sin duda habría un intento de asesinato en la ceremonia, pero Lisette estaba preparada.
Ciertamente esto se estaba volviendo aburrido.
Le dió una mirada a Marthe que asintió. Le había encargado que revisara la comida, con el asentimiento de cabeza de la persona de mayor confianza indicó que todo estaba bien y no debía ser cauteloso con la comida, al menos no lo suficiente para levantar sospecha.
Estando mejor preparada, salió de la habitación que se le dió para prepararse y seguir a Marthe y a su madre. La llevarían al lugar indicado donde debía empezar la marcha para encontrarse con el príncipe.
Menos de lo que esperaba, estaba en el lugar. Había flores que sorprendieron a Lisette debido al significado que daba justo a la entrada.
Eran dalias amarillas que significaba fidelidad, tulipanes blancos que significaba pureza y paniculata que simboliza amor eterno.
Lisette, que sabía de los significados de las flores, llegó a la conclusión que fue para la decoración del lugar y que no tenía más significado más allá de dar felicidad a la pareja.
Sonó la trompeta iniciando la marcha. Las puertas frente a ella se abrieron y empezó a caminar con la frente en alto.
No tenía una niña de las flores, ni damas de honor que caminaban frente a ella guindola. No era un matrimonio sencillo, era un vínculo que en la marcha no había más interacción que de los vinculados.
El príncipe Valreth también tenía su propia marcha y se veía respetable y majestuoso con su traje azul que había sido hecho para este momento. Su capa era roja con detalles dorados y solo estaba en su hombro izquierdo tapando ese lado.
Ella no despegó su vista de él al dar una buena apreciación de su futuro esposo.
En el transcurso, vio astromelias, una flor con una bonita y trágica historia.
Sacrificio, amistad y amor.
Era una buena flor para un matrimonio dónde el amor era verdadero.
Vio otras flores que significaban "amor fiel" "te haré feliz" "te voy a querer por siempre" "fuerza" "vitalidad" "abundancia" "unión de cuerpo y alma".
Pudo sentirse un poco desconcertada hasta que se encontró con el príncipe que mostró una mano hacia ella. Sin duda, puso su mano en la mano más grande del otro, que apretó levemente temiendo lastimarla.
De aquí caminaron juntos de la mano hasta donde estaba el altar que lo esperaba un juez encargado de la unión.
El juez, un hombre mayor que tenía el cabello blanco y era tan delgado que daba preocupación por el peso, abrió las manos para darle la bienvenida a ambos.
—Y aquí estamos para darle la bienvenida a aquellos que unen sus manos en matrimonio, en una unión de eternidad y prosperidad…
Lisette escuchó atentamente lo que decía el juez debido que nunca estuvo en una boda y estaba bastante curiosa en las palabras que se decía, pero aún era consciente de la mano del príncipe.
Las palabras fluyeron atrayendo la atención de los invitados.
En el aire se podían ver pequeños rastros dorados a medida que avanzaba en la parte de los votos. Y cuando llegó esa parte, solo aumentó con las voces de ambos.
Un hilo dorado se formó frente a ellos y los unió desde el dedo meñique que según las leyendas, ahí estaba el hilo del destino.
El hilo desapareció, pero en los dedos anular de ambos apareció un anillo dorado simple, pero que tenía escrito runas que solo los expertos podían leer.
—Los declaro, marido y mujer.
Y entonces, ella estaba casada.
Casada con el segundo príncipe.