CAPÍTULO 12. 16 de diciembre “Que exquisitos aquellos momentos cuando andábamos así por los prados del pueblo, perdidos en nuestra mirada y olvidándonos del tiempo, yo me sentía especial cuando me decías, “yo seré siempre tuyo y tú serás siempre mía” Merlia, cerro la noche exponiendo sus sentimientos en aquellas hojas viejas, de su diario rosa, con el que se había vuelto a amigar. Se le había hecho una costumbre, antes de irse a dormir, el vaciar todas las palabras que tenía guardadas, era como una especie de terapia que la liberaba, y que no le permitía explotar su pesar ante los demás. Eran las 10 de la noche, y se sentía, terriblemente incómoda, la conversación que tuvo con sus padres revivió en ella algunos desasosiegos que no se lo esperaba, sintió el

