Carlo. Papá es un genio, de verdad pensé que le haría algo a Romina de marte, pero no, mejor que eso, la mando a descansar. Entramos sin tocar la puerta, ella está acostada en la cama, y Anubis y yo saltamos encima, ella nos recibe con un abrazo. —Pensé que te habías ido, papá nos engañó, le pregunté por ti y dijo: ya se retiró —hago como la voz de papá. —Ja, ja, ja, ja, ja, ja, lo imitas muy bien, así exactamente habla, ja, ja, ja, ja, ja, ja. No me puedo ir, hay un pequeñito en esta casa que dice que no deja ir a las que son de marte ¿tú, lo conoces? Me hace cosquillas y reparte besos en mi cara, si así es tener una mamá, quiero que ella sea la mía. –No, ja, ja, ja, ja, ja, ya, basta, ja, ja, ja, ja. —Esta bien, ya me calmo, ahora dime ¿como supiste que estaba aquí? —Fácil, papá

