Él siempre ha sido mi Crush

1373 Palabras
Pov Elisse Laurent Ron Fraser, Un actor británico de casi cuarenta y cinco años, uno noventa de estatura, piel blanca pero con un ligero bronceado que le queda hermoso, los ojos azules más hermosos que he visto en toda mi vida, un cuerpo atlético en perfecto balance, sin tatuajes igual que yo, cabello rubio y crespo, entradas en la frente, sonrisa preciosa, mandíbula cuadrada en fin, me volé, pero ese hombre fue hecho en el Olimpo, casi puedo jurarlo. Veo todo lo que hace y que está disponible en mi país, sus películas, series, entrevistas y hasta compre su audio libro porque por sí algo le faltara, también es escritor y su voz tan varonil y rasposa cuando susurra es la protagonista en mis más indecentes fantasías, no puedo negarlo. Total que estaba viendo la serie, mi plan era bajar a desayunar con mi madre un poco más tarde, ducharme, alistarme e irme al trabajo para estudiar un poco y dar mis clases del día. Aunque fuera lunes todos mis días eran casi siempre iguales y ya lo había aceptado. Decidí no tener parejas ni aventuras de ocasión para no contaminar mi energía sexu@l, y aunque eso suene raro también lo hacía por ese naciente respeto a mi y mi cuerpo. En estos días todos quieren dormir contigo pero ninguno busca algo real o tomarlo en serio. Después de un par de citas y darme cuenta de eso me rendí un poco y empecé a hacer las paces con la soledad para poder ser compañeras de por vida. Y es que dentro de mis ilusiones y esperanzas siempre estuvo tener una familia con uno o dos hijos y un esposo que en verdad me amara y fuera leal, pero viendo el panorama también deje ese sueño por la paz. Mientras veía mi serie escuché como un trueno bastante fuerte que hizo vibrar los vidrios de mi ventanal e hizo aullar a mi perra que estaba afuera de mi habitación en la terraza, eso de por sí ya me había asustado un poco, y me extrañó tanto porque el día estaba soleado, no había ni rastro de nubes o una tormenta que produjera semejante estruendo. Nunca me ha gustado la lluvia ni mucho menos los truenos o relámpagos, me provocan meterme bajo las cobijas y temblar como perro asustado pero hablando de perro asustado recordé a mi perra, Mallie, que estaba aullando por el susto, mi pobre pequeña no tan pequeña, era lo más cercano a una hija para mi. Mientras me calzaba unas pantuflas para salir a la terraza una silueta fuera de la puerta tocó a la puerta, se veía más alto que el uno ochenta de mi hermano menor y eso me intrigó a sobremanera porque la terraza no daba a la puerta de la calle de mi casa, y no había escuchado a nadie subir las escaleras, pensé que quizá por el estruendo del trueno no había escuchado a nadie subir así que abrí la puerta. Lo que vi a continuación me dejó helada, frente a mi estaba una cara idéntica a la de Ron Fraser de joven, alto como él pero con un cuerpo más delgado, castaño oscuro, no más de 20 años y unos ojos azules qué brillaban mientras escurrían lágrimas de ellos, sin dejar de sollozar notaba que aunque quería hablar simplemente no podía hasta que de un segundo al otro me rodeó con sus brazos aferrándose a mi en un abrazo como si su vida dependiera de eso, no podía controlar el llanto mientras seguía abrazado a mi. Yo por inercia traté de consolarlo para que se tranquilizara un poco y me explicara qué diablos estaba pasando aquí. Mi perra estaba lamiendo sus zapatos en lugar de mostrarse agresiva. No es que fuera agresiva pero si era protectora conmigo y esa reacción también me tenía desconcertada. El hermoso joven solamente seguía llorando en mis brazos, también él intentaba calmarse, notaba cómo quería decir algo pero las palabras simplemente se quedaban en su garganta hasta que finalmente dijo una sola palabra que cambió toda mi vida -Mami Este jovencito me llamó mami, debía de haber cometido un error, esto era imposible. Estaba bastante segura de que jamás había tenido hijos, mucho menos en la adolescencia porque este muchacho ya hasta se veía mayor de edad a pesar de esos rasgos infantiles que se negaban a abandonar su rostro tan lindo. Yo estaba segura de que era imposible tener un hijo y no recordarlo pero a su vez mi corazón me estaba gritando con todas sus fuerzas lo contrario, tanta era mi impresión que no pude sentir en qué momento a mis ojos también le estaban brotando lágrimas como si fueran cascadas. Lo tomé de las mejillas con delicadeza para verlo a los ojos, sí yo creía que los ojos de Ron eran hermosos, los ojos de este niño eran impresionantes, no solo por ese tono de azul tan precioso, o porque estuvieran cristalinos por las lágrimas que no dejaban de salir, no, eran impresionantes por la mirada de amor y nostalgia que me estaban dando, era una mirada que me estaba haciendo dudar de todo lo que yo alguna vez di por verdadero en mi mundo y mi realidad. -Perdóname mami, se que quizá te estoy asustando y que no entiendes nada.-Dijo en un perfecto inglés británico. -¿Por qué me estás llamando mami? - le pregunté en el mismo idioma y volvió a llorar desconsoladamente a lo que volví a abrazarlo para que se calmara un poco y me explicara si esto era una elaborada broma o que estaba pasando. Cuando fue capaz de volver a hablar después de unos minutos se separó de mí y empezó a quitarse los zapatos y calcetines mientras yo lo miraba completamente desconcertada. -Yo soy tu hijo y lo puedo probar, cuando era niño me dijiste que los dedos gordos de mis pies eran iguales a los tuyos y así habían sido gracias a la genética en toda tu familia paterna- Lo mire como si de repente tuviera tres cabezas hasta que me quedé congelada viendo sus pies - dijiste que así son los de mi abuelo Fabián y mi bisabuelo Federico, también de tu tío Manuel sus hijos. Y mira mi nariz, es como la tuya y como la de la abuela Lola. Yo lo miraba y lo escuchaba y no daba crédito a lo que tenía frente a mí, sabía además los nombres de mis padres y familia, sabía incluso esa broma privada que teníamos mi mamá y yo sobre los dedos de mis pies y como probaban la fuerza genética para replicar algo tan ridículo como los dedos de los pies e incluso había dicho el nombre de mi perra, Mallie, para que se calmara y dejara de lamerlo cuando yo jamás la llamé por su nombre desde que abrí la puerta. ¡Dios! ¿Cómo era posible esto? ¿Era real? ¿Estaba soñando y no lo había notado? Estas cosas son de los cuentos de hadas, esto no puede pasar en la vida real. Mi mente era una maraña de preguntas sin respuestas que seguían desafiando todo lo que sabía del mundo y la realidad pero aunque mi mente seguía imposibilitada para razonar o comprender la situación mi corazón si lo sabía. Mi corazón si le creía sin dudarlo ni un poquito. Mi corazón si lo veía y sabía que él decía la verdad, más que saberlo mi corazón lo sentía. -¿Cuál es tu nombre? - le pregunté -Alastair Daniel Fraser Laurent - respondió. No se porqué no me desmayé cuando lo dijo, entre la maraña de imposibilidades eso era la cereza del pastel. ¿Fraser? ¿En serio? ¡¿Fraser?! ¿Pero cómo carajos? ¿Mi hijo y el de mi Crush imposible? Vaya que el destino jugaba rudo o era la mejor Puta broma de toda mi existencia y el universo tenía un sentido del humor bien retorcido. -De acuerdo mi niño, tu y yo tenemos demasiado de que hablar porque no entiendo nada, aunque siento que tus palabras son verdad.- le respondí mientras entrábamos a mi habitación y nos sentábamos en una pequeña sala, uno frente al otro.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR