Capítulo 55

866 Palabras
Los apartamentos Westbrooke Place están situados en el 2201 de N. Street NW y se autopromocionan como una de las pocas direcciones de incuestionable corrección de Washington. Gabrielle se apresuro a franquear la puerta giratoria dorada que llevaba al vestibulo de mármol donde reverberaba una ensordecedora cascada. El portero situado tras el mostrador de recepción pareció sorprendido al verla. -¿Señorita Ashe? No sabia que iba a pasar por aquí esta noche. -Llego tarde -dijo Gabrielle, firmando a toda prisa. Sobre la cabeza del portero, el reloj marcaba las 18:22. El portero se rasco la cabeza. -El senador de ha dado una lista, pero usted no esta... -Siempre se olvidan de la gente que mas ayuda les presta -dijo Gabrielle, esbozando una sonrisa apresurada y pasando junto al portero hacia el ascensor. El portero pareció incomodo. -Sera mejor que llame. -Gracias -dijo Gabrielle, entrando en el ascensor e iniciando el ascenso. >. Subio en el ascensor hasta el noveno piso, salio y avanzo por el elegante pasillo. Al llegar al final, vio frente a la puerta del departamento de Sexton a uno de sus fornidos escoltas de seguridad (alabados guardaespaldas) sentado en el vestibulo. Parecía aburrido. A Gabrielle le sorprendió ver a personal de seguridad de servicio, aunque al parecer no estaba tan sorprendida como lo estuvo el guarda de verla allí. Se puso de pie de un salto en cuanto la vio acercarse. -Ya los se -le grito Gabrielle, todavia en mitad del pasillo -. Es una noche C.P. No quiere que se le moleste. El guarda asintio con énfasis. -Me ha dado ordenes muy estrictas de que ninguna visita... -Es una emergencia. El guarda le bloqueo físicamente el paso. -Esta en una reunión privada. -¿Ah, sí? Gabrielle se saco el sobre rojo de debajo del brazo y paso el sello de la Casa Blanca ante el rostro del hombre. -Acabo de estar en el despacho Oval. Necesito dar al senador esta informacion. Sean quienes sean los amigotes con los que esta intrigando esta noche, van a tener que prescindir de él unos minutos. Ahora, déjeme pasar. El guarda vacilo levemente al ver el sello de la Casa Blanca del sobre. >, pensó Gabrielle. -Deje aquí el sobre -dijo el guarda -. Yo se lo daré. -Ni lo sueñe. Tengo ordenes directas de la Casa Blanca para que entregue esto en mano. Si no lo hablo con él inmediatamente, ya podemos todos empezar a buscar trabajo a partir de mañana por a mañana. ¿Me esta entendiendo? El guarda pareció debatirse en un profundo conflicto, y en su actitud Gabrielle percibió que esa noche el senador se habia mostrado particularmente insistente en que no debía recibir ninguna visita. Se tiro a matar. Gabrielle sostuvo el sobre de la Casa Blanca directamente ante sus ojos, bajo la voz hasta convertirla en un susurro y pronuncio las palabras mas temidas por todo el personal de seguridad de Washington. -No es usted consciente de la situación. El personal de seguridad de los políticos nunca era consciente de la situación y eso era un hecho que odiaban. Nunca estaban seguros de si mantenerse firmes en las ordenes recibidas o arriesgarse a perder su empleo ignorando tercamente alguna crisis de lo mas obvio. El guarda trago saliva, volviendo a mirar el sobre de la Casa Blanca. -De acuerdo, pero tendré que decirle al senador que exigió usted entrar. Abrió la puerta y Gabrielle entro antes de que el hombre cambiara de parecer. Cerro en silencio la puerta tras ella, volviendo a poner el seguro. Dentro del vestibulo, pudo oír voces amortiguadas que procedían del estudio de Sexton, situado al fondo del pasillo: voces de hombres . Obviamente, el C.P. de esa noche nada tenia que ver con la cita privada implícita en la llamada que Sexton habia recibido hora antes. Cuando Gabrielle avanzo por el pasillo hacia el estudio, paso junto a un armario abierto en el que colgaban media docena de costosos abrigos de hombre; prendas de tweed y de lana de primera calidad. Habia varios maletines en el suelo. Al parecer, el trabajo habia quedado relegado al pasillo esa noche. Habría dejado atrás los maletines sin mas de no ser porque uno de ellos le llamo la atencion. En la placa donde figuraba el nombre del dueño lucia el inconfundible logro de una empresa. Un brillante cohete rojo. Gabrielle se detuvo y se arrodillo para leerlo. SPACE AMÉRICA, INC. Confundida, examino los demás maletines. BEAL AEROSPACE. MICROCOSM, INC. ROTARY ROCKET COMPANY. KISTLER AEROSPACE.  La voz rasposa de Marjorie Tench resonó en su cabeza. <¿ Esta usted al corriente de que Sexton esta aceptando sobornos de empresas aeroespaciales privadas? A Gabrielle se le empezó a acelerar el pulso cuando recorrió con la mirada el pasillo en penumbra que terminaba en la arcada que llevaba al estudio del senador. Sabia que debía mantener la boca cerrada y no anunciar su presencia, y aun así se vio avanzando centímetro a centímetro hacia la puerta. Llego a unos metros de la arcada y se quedo sin hacer ruido en as sombras...escuchando la conversación que tenían lugar al otro lado.
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