Capítulo 61

888 Palabras
Todas las transiciones presidenciales que tienen lugar en la Casa Blanca implican un tour privado por tres almacenes estrechamente vigilados que contienen valiosísimas colecciones de antiguos muebles del edificio: escritorios, cuberterías, camas y otras piezas utilizadas por anteriores presidentes que se remontan hasta el mismísimo George Washington. Durante el tour, se invitan al presidente recién incorporado a seleccionar cualquier reliquia que desee y a utilizarla como mueble en la Casa Blanca durante su mandato. Solo la cama del dormitorio Lincolm es una pieza fija del mobiliario de la Casa Blanca. Por ironizo que parezca, Lincolm nunca durmió en ella.  El escritorio al que estaba sentado el Zach Herney en el despacho Oval habia pertenecido al antaño a su ídolo, Harry Truman. Aunque pequeño para concepto moderno de escritorio, era para Zach Herney un recordatorio diario lo que la > sin duda se detenida allí, y de que él  era  el único  responsable  de cualquier deficiencia  en su administración. Aceptaba esa  responsabilidad  como un  honor  y hacía  lo imposible  por inculcar  a su equipo  las motivaciones  necesarias  para  desempeñar sus funciones. -¿Señor  Presidente?- le llamó su secretaria,  asomando la cabeza por  la puerta del despacho-. Tenemos  la llamada que ha pedido. Herney hizo  un gesto con la mano. -Gracias. Cogió el teléfono. Habría  preferido un poco de privacidad para  esa llamada, pero estaba  más  que claro  que no la iba  a tener  en ese   momento. Dos  maquilladores revoloteaban  a su alrededor  como mosquitos, pinchándole  y hurgándole  en la cara  y en el pelo. Directamente  delante de su escritorio, un equipo de televisión lo estaba preparándole todo, y una  interminable marea de asesores y de relaciones públicas correteaban por el despacho, discutiendo, excitados, la estrategia que debían seguir.   > Herney pulso el botón iluminado de su teléfono privado. -¿Lawrence? ¿Esta usted ahí? -Aquí me tiene. La voz del director de la NASA parecía consumida, distante. -¿Todo bien ahí arriba? -La tormenta sigue acercándose, pero mi gente me decía que la conexión del satélite no se vera afectada. Estamos preparados. Una hora e iniciamos la cuenta atrás. -Excelente. Los ánimos por todo lo alto, espero. -Totalmente. Mi equipo esta entusiasmado. De hecho, acabamos de tomarnos unas cervezas. Herney se rió. -Me alegra oírlo. Escuche, quería llamarle y darle las gracias antes de que hagamos esto. Esta noche va a ser inolvidable. El director hizo una pausa. La voz le sonaba extrañamente insegura al hablar. -De eso doy fe, señor. Llevamos mucho tiempo esperando esto. Herney vacilo. -Parece usted agotado. -Necesito un poco de sol y una cama de verdad. -Solo sera una hora mas. Sonría  a las cámaras, disfrute del momento y luego le enviaremos un avión que le traerá devuelta al D.C. -Estoy impaciente -dijo el hombre, antes de volver a guardar silencio.  Como hábil negociador, Herney habia aprendido a escuchar, a oír lo que se decía entre lineas. Habia algo en la voz del director que, de algún modo, sonaba mal. -¿Estaba seguro de que todo anda bien ahí arriba? -Totalmente. Como una seda - afirmo el director, que parecía ahora ansioso por cambiar de tema-. ¿Ha visto la versión final del documental de Michael Tolland - acabo de verla -dijo Herney-. Ha hecho un trabajo fantástico. -Sí. Fue todo un acierto por su parte enviarlo. -¿Todavía esta enfadado conmigo por haber implicado a civiles? -Demonios, Sí gruño el director con buen talante y con la habitual fuerza en su voz. Al oírlo Herney se sintió mejor. >, pensó. >. ¿Muy bien lo veré en una hora vía satélite? Les daremos algo de que hablar. -Oiga, Lawrence - ahora la voz de Herney sonó grave y solemne -. Ha hecho  usted  algo increíble  ahí  arriba. No  lo olvidaré  mientras  viva. En el exterior del  habisferio, empujado por el viento, Delta- Tres luchaba  por enderezar y volver  a empaquetar  en el  trineo  el material  volcado  de  Norah Mangor. En cuanto consiguió volver a colocar el equipo en el trineo, aseguro la cubierta de vinilo y envolvió el cadáver de Mangor, colocandolo encima y atándolo después. Mientras se preparaba para arrastrar el trineo lejos de allí, sus dos compañeros subieron por el glaciar hacia él. -Cambio de planes -grito Delta-Uno por encima del viento -. Los tres han caído por el acantilado al mar. Delta-tres no se sorprendió. También sabia lo eso significaba. El plan de la Delta Force de fingir un accidente dejando cuatro cadáveres sobre la plataforma de hielo habia dejado de ser una opción viable. Abandonar un solo cuerpo provocaría mas preguntas que respuestas. -¿Un buen barrido? -pregunto. Delta-Uno asintio. -Recuperare las bengalas y vosotros dos deshaceos del trineo. Mientras Delta-Uno retomaba el camino por los científicos, recogiendo cualquier pista que declara que alguien habia estado allí, Delta-tres y su compañero bajaron por el glaciar con el trineo de equipamiento cargado. Después de sortear, no sin dificultades, los bancos de hielo, por fin llegaron al precipito donde acababa la plataforma de Hielo Milne. Dieron un empujón y Norah Mangor y el trineo se deslizaron silenciosamente por el borde, cayendo en picado al Océano Ártico.  >, pensó Delta-Tres. Mientras regresaban  a la base, observo satisfecho como el viento iba borrando el rastros de sus esquís.
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