En la oscuridad del pasillo, fuera del estudio del senador Sexton, a Gabrielle Ashe le temblaban las piernas. No tanto de agotamiento por llevar mucho rato sin moverse, sino por la desilusión que le había provocado lo que estaba oyendo. La reunión que tenía lugar en la habitación contigua seguía celebrándose, pero ella no necesitaba oír ni una sola palabra más. La verdad parecía dolorosamente obvia.
>. Marjorie Tench le había dicho la verdad.
La repugnancia que ahora sentía Gabrielle era la que que provoca la traición. Había creído en Sexton. Había luchado por él. > Había visto al senador mentir en público de vez en cuando para proteger su vida privada, pero eso era política y esto, en cambio, inclumplir la ley.
> Supo entonces que no podía seguir apoyando al senador. La promesa de aprobar el proyecto de ley de privatización de la NASA solo podía llevarse a cabo haciendo gala de una desdeñosa indiferencia tanto por la ley como por el sistema democrático. Incluso aunque el senador creyera que actuaba en beneficio de todos, vender así esa decisión, por adelantado, cerraba la puerta a los balances y comprobaciones del gobierno, ignorando argumentaciones potencialmente convincentes por parte del Congreso, de los consejeros, votantes y miembros de los lobbys. Y, lo que era peor, al garantizar la privatización de la NASA, Sexton había abierto la veda a incontables abusos infringidos a ese conocimiento avanzado (el más común de los cuales es el trapicheo de información privilegiada), favoreciendo descaradamente a poderosos inversores privados en perjuicio de los honrados inversores públicos. Presa de las nauseas, Gabrielle no sabía que hacer.
A su espalda sonó de pronto un teléfono, desgarrando el silencio del pasillo. Se giró, sobresalta. El sonido procedía del armario del vestíbulo: un móvil en el bolsillo del abrigo de uno de los visitantes.
-Disculpen, amigos - dijo un claro acento tejano en el estudio-. Es el mío .
Gabrielle pudo oír como el hombre se levantaba. >. Dio media vuelta y corrió por la alfombra por donde había venido. A medio camino, en mitad del pasillo, giró bruscamente a izquierda, metiéndose en la cocina, ahora a oscura, justo cuando el tejano salia del estudio y giraba por el pasillo. Gabrielle se quedó helada, inmóvil en las sombras.
El tejano paso por adelante de la puerta sin percatarse de su presencia.
Por encima del sonido de los latidos de su corazón Gabrielle pudo oírle rebuscando dentro el armario. Por fin, el tejan contesto al teléfono.
-¿Sí?...¿ cuando?...¿en serio? Ahora la encendemos. Gracias.
-El hombre colgó y volvió hacía el estudio, gritando a medida que avanzaba por el pasillo -: Que alguien encienda la televisión. Al parecer Zach Herney va a dar una rueda de prensa urgente esta noche. A las ocho. En todas las cadenas. O bien vamos a declararle la guerra a China o la Estación Espacial Internacional acaba de caer al océano.
-¡Eso si que merecería un buen brindis! -grito alguien.
Todos se rieron.
Gabrielle sitio entonces que la cocina giraba a su alrededor. > Aparentemente, Tench habia dicho la verdad, después de todo. Le habia dado hasta las ocho para que le entregara una declaración jurada admitiendo el affair. >, le habia dicho. Gabrielle habia puesto que la hora limite respondía a la intensión de la Casa Blanca de filtrar informacion a los periódicos del día siguiente, pero ahora parecía que tenia intención de hacer publica la noticia sirviéndose de las pruebas.
> Sin embargo, cuando mas lo pensaba, mas extraño le parecía. >
La televisión se encendió en el estudio. A todo volumen. La voz del presentador del telediario rebosaba entusiasmo.
-La Casa Blanca no ha facilitado la menor pista sobre el tema de la aparición presidencial sorpresa de esta noche, y abundan las especulaciones. Varios analistas políticos creen que, teniendo en cuenta la reciente ausencia del Presidente en la carrera presidencial, Zach Herney podría estar preparándose para anunciar que no va a presentarse a una segunda legislatura.
Un griterío esperanzado se elevo en el estudio.
>, pensó Gabrielle. Con toda la basura que la Casa Blanca conocía sobre Sexton en ese momento, no habia la menor posibilidad de que el Presidente fuera a tirar la toalla esa noche. >. Gabrielle tenia la angustiosa sensacion de que ya habia sido advertida de lo que era.
Con creciente urgencia, consulto su reloj. Menos de una hora. Tenia que tomar una decision y sabia exactamente con quien tenia que hablar. Se metió el sobre con las fotos bajo el brazo y salio sin hacer ruido del apartamento.
En el pasillo el guardaespaldas pareció aliviado.
-He oído jolgorio dentro. Al parecer a triunfado usted.
Gabrielle esbozo una breve sonrisa y se dirigió al ascensor.
Una vez en la calle, la noche temprana le pareció extrañamente amarga. Paró un taxi, subió e intento tranquilizarse diciéndose que sabia exactamente lo que hacia.
-A los estudios de la ABC -le dijo al taxista -. Y de prisa.