—Entonces muchachos hoy hablaremos de las leyes de la termodinámica. —Exclamó el profesor de Física subrayando un título en el tablero. La clase renegó ante la apesadumbrada voz del viejo profesor Duncan pero al final sacaron los libros buscando la temática.
Mi teléfono vibró por una notificación y cuando me fijé en la pantalla, me encontré con un mensaje de Zac.
“El señor Evans quiere verte correr. Ahora.”
Antes de responderle, vibró nuevamente con otro mensaje.
“Harás una prueba de velocidad con los otros nuevos.”
¡Joder! ¿Justo ahora? Pensé. Otra vez empezar a faltar a clases por las carreras. Aunque tampoco era que se me hiciera muy interesante la clase de física.
—¡Pst, pst! —Chistó alguien a mi lado. Cuando levanté la vista me encontré con la desaprobatoria mirada de Kendall.— ¿Qué haces? ¡Guarda eso! —Exclamó en un susurro.
Puse los ojos en blanco y me dispuse a escribirle una respuesta a Zac.
“Voy en camino.”
Una bolita de papel impactó en mi rostro y cuando me giré, nuevamente me encontré con Kendall.
—Me largo. —Musité escondiendo mis cosas debajo de mi chaqueta de cuero.
Kendall insistió una y otra vez en que le dijera a dónde me dirigía, pero no le puse ni cinco de atención. Pero alguien por lo visto sí. El profesor Duncan dio media vuelta y carraspeó un poco la garganta, llamando la atención de todos. Pronto la clase se fijó en él, pero el anciano ya tenía puesto sus frívolos ojos sobre mi hermana.
—Señorita Cruise ya que la veo muy conversadora el día de hoy, —alcancé a escuchar un “mierda” desde el puesto de Kendall— ¿podría recordarnos de qué trata la primera ley de la termodinámica?
Bufé por lo bajo. —Merecido por chismosa. —Los compañeros disimularon las risas.
—Señor Cruise… —Se dirigió ahora a mí.— ¿Quisiera ayudar a su hermana? —De inmediato la clase fue invadida por un silencio sepulcral. Sobraba especificar que para mis compañeros yo era alguien de temer; Ninguno me dirigía la palabra, tampoco se atrevían a verme a los ojos cuando me decían algo, seguramente por miedo de que los moliera a golpes. Aunque a decir verdad, tampoco me interesaba cambiar ese estereotipo. Al menos así era mejor para mí y nadie andaba jodiéndome los cojones.
—No, profesor. —Contesté.— Pero sí quisiera ir al baño.
El señor Duncan soltó un suspiro pesado y dio media vuelta para dedicarse al tablero nuevamente. —Vaya, pero no se demore.
Kendall me dedicó una mirada desdeñosa y yo sin pensarlo dos veces, salí del salón de clases. Por supuesto que no me demoraré, pensé. No me demoraré en llegar a Santa Verónica más veloz. Después de casi un año, había vuelto a respirar ese ambiente de competencia, poder percibir en carne propia la sensación de correr en mi motocicleta por las calles poniendo a prueba la velocidad, sentirme nuevamente en mi mundo.
***
Al llegar no había mucha gente en el club, incluso se respiraba cierta tranquilidad a comparación de la primera noche que visité por primera vez sus instalaciones. Si acaso había unos cuantos competidores entrenando o revisando sus motos, sin contar a los cuatro tipos con cara de novatos que se encontraban conversando con un hombre bajo y regordete, de vestimenta elegante y cabellera rubia, seguramente Dan Evans, el dueño del club.
—Señor, —llamó su atención Zac y todos se giraron— Aquí está el que faltaba: Kevin Cruise.
—Kevin Cruise. —Repitió el hombre en tono soberbio analizándome un poco, para luego dirigirse nuevamente al grupo.— Como les decía muchachos; el día de hoy competirán en versus aleatorios entre ustedes, pero dado que son cinco, los dos que pierdan sus versus, competirán contra el que no corrió y posteriormente los tres ganadores se enfrentarán en una última y definitiva ronda donde conoceremos la nueva incorporación de Santa Verónica más veloz.
Entonces lo ví, entre los miembros que se encontraban revisando sus motocicletas, estaba Logan Dawson sobre su Gixxer azul conversando con algunos muchachos. Y se me ocurrió: ¿Qué tan duro golpearía en su ego, si lo retaba en la prueba de velocidad un “nuevo”?
—Sé lo que estás pensando. —Musitó Zac a mi lado apenas audible.— No te atrevas que vas a perder.
—Quiero correr con el rubio de allá. —Afirmé y el dueño del club me observó anonadado y tal vez un poco divertido. Zac maldijo por lo bajo.
—Cielos… —Comentó aquel hombre acompañado de una risa seca.— Ese es Logan nuestro mejor competidor ahora mismo. No hace falta que te enfrentes a él si apenas empiezas. ¿Estás seguro?
Los otros cuatro aspirantes comenzaron a hablar y susurrar cosas entre ellos, Zac me veía en desaprobación y Dan Evans permanecía ahí, expectante a mi respuesta. ¿Acaso creía que no me atrevería?
Pues estaba equivocado. Además, tampoco era un principiante.
Cuando estuve a punto de responder, alguien se adelantó.
—Déjelo suegrito. —El niño bonito había entrado en la conversación.— Si tantas ganas tiene de que lo haga comer polvo, yo no tengo ningún problema con cumplirle el deseo.
Bufé. —¿Por qué no te callas y lo arreglamos en la pista de una vez?
La expresión en el rostro de Logan cambió y se acercó a mí, desafiante. —Ten cuidado con la forma en que me hablas o tendremos problemas, novato. No tienes idea de quién soy yo.
Una sonrisa burlona se formó involuntariamente al recordar cómo me llamaban en Chicago: “Novato”. El mismo novato que dejó más de una herida abierta entre los miembros del club, cuando fue nombrado corredor alfa. ¿Por qué no hacerlo acá también?
—Sabré quién demonios eres tú cuando corramos. —Contesté.
Logan se apartó con una sonrisa soberbia en el rostro. —Te haré trizas. —Sentenció.
De repente el ambiente se había tornado bastante tenso. Era como si solo estuviéramos él y yo, cara a cara, desafiándonos. Desde el primer momento fue así; si algunos creen en el amor a primera vista, yo les juro que el día que conocí a Logan Dawson, conocí la rivalidad a primera vista. Logan era un completo arrogante, en su mirada se le veía el complejo de superioridad que mantenía a raíz de su reconocimiento en el club. Y era ahí, justo donde él y yo éramos totalmente opuestos; pues mientras él corría por conseguir popularidad, yo lo hacía únicamente por pasión.
Por eso no bastó sino hasta que se llevara a cabo la primera carrera entre ambos, para que nuestra rivalidad se consolidara.
—¿Preparados chicos? —Preguntó la chica de los banderines. Los motores de ambas motos rugieron.
—¡Siempre, preciosa! —Exclamó el rubio acompañado de una risa. Puse los ojos en blanco al ver cómo la chica se sonrojaba.
—¿Listos? —Alargó concentrándose nuevamente.
De repente la gente ya se había amontonado a nuestro alrededor, eufóricos por la carrera, y por supuesto, apostando a favor de su corredor estrella.
—¡A correr!
Ambas motocicletas arrancaron a gran velocidad. Los gritos de emoción inundaron el recinto una vez la carrera empezó y cada vez me sentía más a gusto en el nuevo club, pues en definitiva ese ambiente de carreras y piques donde las protagonistas eran nuestras máquinas y todos competían por desafiarse a sí mismos, y como no, conseguir también su recompensa si hacían un buen tiempo, todas esas cosas era lo que yo necesitaba en mi vida, libre de enemigos y de misiones que pusieran en riesgo mi integridad.
Pronto la pista comenzó a tomar forma, Logan me rebasó con agilidad y me tomaré el atrevimiento de afirmar que se movía con más confianza porque estaba seguro que ese circuito ya le era bastante familiar. Y lo digo precisamente porque sus movimientos con la motocicleta eran bastante ortodoxos, lo que generaría un desgaste más rápido en la pastilla de los frenos. Pero lo que realmente importaba en ese momento era vencerlo, por lo que con paciencia, me tomé el tiempo de seguir analizando su manera de manejar, tomando la precaución de revisar el kilometraje cada cierto tiempo, para saber en qué momento podría intentar un rebasamiento.
Entonces lo vi, al tomar una de las curvas más cerradas, noté cierto movimiento que dificultaba la inclinación de la motocicleta en las curvas de la carretera. Así que me decidí y esperé lo que para mí sería la última curva según la distancia que habíamos recorrido, entonces lo rebasé al finalizar el cruce, por lo que al acelerar nuevamente en tramo recto ya la iba sacando ventaja para finalmente cruzar la línea de llegada, triunfante.
Los gritos de celebración no se hicieron esperar, algunos emocionados, mientras que otros parecían aún no poder creerlo. Pero la reacción de Logan había sido épica; se había quitado el casco y mientras mucha gente lo rodeaba para venir a mí y felicitarme por haber derrotado en una prueba de velocidad a su mejor corredor, él permanecía con la mirada fija aún incrédulo por lo que había ocurrido en la pista. El dueño del club se acercó a mí con una sonrisa de oreja a oreja, pasando en medio de la multitud con un alegre Zac pisándole los talones.
—¡Eres oro puro, muchacho! —Exclamaba una y otra vez el hombre.— ¡Oro puro!
—Aparte de haber vencido a Logan Dawson en la prueba de velocidad —informó Zac revisando algunas hojas mientras apuntaba cosas con un bolígrafo—, acabas de romper el récord en este circuito.
—Sobra decir entonces que eres nuestra nueva incorporación al club. —Añadió Dan Evans para luego dirigirse a los otros aspirantes.— Muchachos, lo siento mucho. No habrá más rondas.
—¡¿Qué dice, señor Evans?! —Reclamó Dawson abriéndose espacio entre la multitud.— ¡Este sujeto hizo trampa!
Bufé. —¿Trampa?
—Te recuerdo Logan que tenemos un equipo dedicado a la supervisión de cámaras para garantizar la legalidad de las carreras. —Contestó Zac y el susodicho quiso asesinarlo con la mirada.
—¿Cómo explicas entonces que me haya sobrepasado en la última curva? —Le recriminó al castaño.— ¡Le llevaba buena distancia!
—Yo puedo responderte esa pregunta. —Añadí y todos los ojos se pusieron sobre mí.— ¿De qué me sirve empezar con ventaja sin saber cuál es tu táctica al manejar? Solo esperé para saber cuál era tu talón de Aquiles y problema solucionado.
Zac soltó una risotada y el señor Evans me observó impresionado. Mientras tanto Logan parecía que en cualquier momento empezaría a echar humo por las orejas.
—Esto no se quedará así. —Advirtió apuntándome con su dedo.— Tuviste suerte esta vez, pero ten por seguro que no se repetirá. ¿O tienes miedo?
De repente el bullicio cesó y cuando me percaté, teníamos un círculo alrededor de nosotros, todos los miembros del club se hallaban expectantes ante lo que fuese a suceder entre nosotros dos.
—Te responderé con las mismas palabras que usaste hace un rato: —Logan frunció el ceño sin comprender del todo. -- “No tienes idea de quién soy yo”.