No tuvo tiempo de terminar la frase ya que Rolando, después de haber desarmado al japonés, se había acercado a ella indiferente, como si quisiese saludarla. Un veloz movimiento, un golpe bien asestado con la mano tensa en el plexo carotideo, fue suficiente para hacer perder el conocimiento a la policía durante unos minutos. ―¡No la mates! La necesitamos viva ―dijo Nino dirigiéndose a Rolando. ―Luego te explicaré. Ahora pongamos en marcha nuestro plan. Apodéremonos de los nanobts, ¡ánimo! Nino no quería herir a Fumihiko, no amaba la violencia innecesaria. Mientras lo seguía amenazando con la pistola le obligó a ponerse al teclado del ordenador. ―Seguramente sabes cómo hacer funcionar el sistema, ya que estás aquí para llevarte a casa los nanobots. Y ahora los sacarás de ese cilindro y lo

