Mientras comía y dormía, Miranda pensaba en la patética vida que llevaba.
Incluso si leía o veía television, no dejaba de pensar, era frustrante y exasperante. Toda la vida rondaba en esos tres y lo que su abuelo quería u ocupaba. Su madre por otro lado siempre fue fría y arrogante, despampanante y frívola.
Jamás obtuvo atención real de nadie, solamente... lo básico.
Los de su estatus, debían tener educación, respeto, dinero e influencia. Lo tenía todo, al final la casarían con Albert o Rogelio y viviría en una mansion para tener herederos, ingresaría a esa vacía fiesta de té en donde todas se levantaban el cuello, y jugaban con las personas con necesidad.
"suspiro"
Nada sería diferente a como era en ese momento.
Su pecho se contrajo y casi no podia respirar, aunque lo intentó fervientemente. No pudo contener sus lagrimas.
"¿Qué estoy haciendo?"
Cubrió sus ojos con su antebrazo, mientras se recostaba en el sillón, y trató de controlar su respiración.
"No importa, por ahora... `suspiro´ Debo pensar en lo que haré de ahora en adelante. En cuanto salga de aquí, nadie me dirá que hacer, pero debo enfocarme en algo primero".
Jacob llegó y ella estaba en la habitación. Su expresión era más decidida y fría que antes, por un segundo se asustó, pero trató de sonreír.
-Miranda, sé que estar aquí siempre te puede inquietar. Pero ¿que tal esto? mañana, me quedaré contigo todo el día, haremos lo que tú quieras. ¿si? Prometo que no te descuidaré más.
Ella, casi vomitaba sangre pero se contuvo, lo único que no pudo contener fue su mirada de desprecio.
"Jajaja ¿descuidarme? eres idiota si piensas que me quedaré aquí para alimentar tu enferma posesividad".
Jacob se puso nervioso ante su cambio de actitud, como uno de los chicos que creció co ella, la conocía muy bien. Pensó que si le prometía de su tiempo se pondría feliz, pero...
En ningún momento lo miró ni le habló, si preguntaba o trataba de iniciar una charla ella se distraía o simplemente contestaba con un "uhm" Los sirvientes se comenzaron a preocupar al ver al chico tan estresado.
Por la noche, no fue al estudio si no que se mantuvo a su lado ofreciéndole ocasionalmente una que otra cosa, veía television, pero parecía no verla al mismo tiempo. Si le hablaba había ocasiones en las que ni respondía.
Estaba comenzando a impacientarse, pero trataba de no demostrarlo. Cuando se dirigieron a la habitación, Jacob trató de abrazarla, aunque no lo rechazó, ella no hizo nada por acomodarse junto a él. se subió sobre ella y puso sus manos sobre su cabeza con fuerza.
-No sé qué es lo que pasa, pero será mejor que tengas claro lo que sucederá si intentas alguna tontería ¿verdad?
Miranda levantó una ceja, pero no cambio su actitud.
-¿Crees que estoy jugando? ¡Miranda, estas jugando con mi paciencia!
Rasgó su pijama y comenzó a lamer y morder su cuello con fuerza. Su ira iba en cada una de sus mordidas, pero Miranda en ningún momento se movió, lloró o habló.
Jacob, se detuvo por un momento y vio su hermoso cuerpo lleno de marcas casi sangrantes. Pero el único cambio que tuvo, fue que su mirada se volvió más fría y ahora llena de repulsión.
Él casi se atragantó de la ira, y quería quitar lo que le quedaba de ropa, pero las voz distante de Miranda lo sorprendió.
-Si te atreves, a hacer alguna de tus porquerías. Te juro, que no importa si es con una cuchara, te mataré.
Jacob se quedó helado, y la miró incrédulo. Miranda siempre había sido distante y profesional hasta con su propia familia, pero nunca había mostrado una mirada como esa en su vida.
-M..Miranda...yo...
-No me importa lo que tengas que decir, vete de aquí.
Casi mecánicamente, se puso de pie y la miraba levantarse tranquilamente e ir al baño. Para cuando ella salió Jacob seguía ahí como si esperara que lo que estaba pasando solo fuera una alucinación. Miranda se secó el cabello y lo ignoró por completo.
Se acostó y apagó la luz. No pasó mucho tiempo cuando sintió como el otro lado de la cama se hundía.
Abrió los ojos furiosa y le habló con los dientes apretados.
-¿Qué demonios crees que haces?
Jacob, se congeló en el acto. Pero estaba tan apenado que no supo que responder.
-¡Te dije que te largaras de aquí!
Por un segundo su mirada vagó por los alrededores pero no veía nada de utilidad, la mirada de ambos se poso en la lámpara de noche junto a su cama. Miranda estaba por tomarla cuando la voz de Jacob se escucho.
-¡Esta bien! ¡Esta bien! Saldré de aquí ¡Lo siento!
Se mordió los labios y salió de la habitación, sin siquiera poder procesar lo que había pasado.
Justo cuando la puerta se cerró, se comenzó a escuchar el estruendo de cosas rompiéndose en el suelo.
-¡Maldita sea! ¡Demonios!
Conforme se alejaba se escuchaba menos, Miranda sonrió y se acomodó para dormir finalmente.
Pero al día siguiente tuvo serios problemas.
-Doctor, mi esposa ha estado un poco ansiosa estos días. Sé que tal vez pueda ser mi culpa debido a mi trabajo, y desgraciadamente no he puesto atención a lo que hace, haré lo mejor posible a partir de ahora, solo dígame que es lo que le sucede.
El doctor veía al preocupado joven, con algo de incomodidad. Después de un suspiro y escuchar un poco del "problema" pudo deducir exactamente lo que pasaba.
-Señor, si su esposa tiene problemas de ansiedad, lo mejor es que la atienda su medico de cabecera. Probablemente sea una reacción de la Benzodiacepina, en este momento no es grave, pero es mejor que siga las instrucciones como debe ser, su vida puede correr riesgo si esto vuelve a pasar.
Jacob, miró a la desorientada chica en la cama. con una preocupación y amor incontenibles. El doctor suspiró por la triste situación. Ambos eran jóvenes y llenos de vida, pero tal vez las responsabilidades y la soledad eran muy pesadas para sus inexpertas edades.
Miranda, no podía ver bien casi nada, solamente escuchaba tenuemente las voces a su alrededor, aunque luchaba por si quiera mover un dedo ni si quiera podia coordinar.
Poco a poco, el resto de conciencia que le quedaba se desvaneció.
-Amor mío. Tú me obligaste a esto, eras maravillosa mientras te comportabas como una buena esposa. Pero ahora. Me hiciste reaccionar. Sé que me perdonarás cuando te sientas mejor, me quedaré contigo todo el tiempo, haré todo lo que un buen esposo haría, te haré feliz.
Con una hermosa y brillante sonrisa, el chico miraba a Miranda lleno de amor, con su mano entre las suyas y la besaba calidamente.