Neurosis

1090 Palabras
Se cumplieron los tres meses... El señor, Manuel dejó de recibir las fotografías de su nieta. Trató de conservar la calma pero conforme pasaban los días la espera era mucho más larga que la realidad.  Albert, Ángel y Rogelio, por fin encontraron varias pistas, pero mientras más descubrían más se les erizaba la piel.  -Su abuelo... Se escuchó un derrotado suspiro de los labios de Ángel. Albert, frunció el ceño y se mordió el labio en silencio. -No, no puede ser esto. Algo debe haber mal, el señor Manuel la ado... -¡Ya basta! ¡¿Crees que soy tan estúpido como para cometer un error así?! Gritó Ángel mientras barría todo lo de su escritorio por enésima vez. Rogelio ya no habló, pero su mente daba miles de vueltas. Albert se acercó a Rogelio, mientras miraba al vacío. -Si él no quería que la encontráramos era por algo, probablemente... -Tú mismo sabes que no hay excusa ni razón para esto. Sí, ese viejo quiere algo, pero si vamos con él no pasaremos ni de la puerta.  -No, algo está pasando. Si él estuviera ayudando seguiríamos sin saber nada, dando vueltas como en días pasados, pero ahora... Ángel sintió como si hubiera recibido una iluminación y corrió a la computadora en el otro escritorio. Los otros dos lo miraron en silencio mientras trabajaba.  Casi después de dos horas y un silencio mortal. Ángel miró a los otros dos con una expresión complicada. -¿Qué pasa?   Preguntó Albert. -Tiene cerca de dos meses que no va con su psiquiatra, pero hace un mes duplicó sus medicamentos.  Ambos fruncieron el ceño, Rogelio salió en ese momento. -¡Rogelio! ¡Espera!  Gritó Albert, Rogelio se detuvo en seco y giró para verlo. Su tranquilo rostro era casi rojo de la ira. -¿Que quieres que espere? ¿A que la mate? ¿O a que abuse de ella como le plazca? ¡No necesitas mucha imaginación para pensar un poco en lo que busca!  Albert sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua fría. -No, no, no ¡NO!! Miranda no.  Comenzó a correr despavorido, como si buscara algo frenéticamente. Ángel al verlos a la distancia se acercó, solo para ver a Albert corriendo en un estado de shock.  -¿Qué paso? Preguntó, confundido.  -Nada, es solo que el imbécil nunca pensó en realidad que existen más locos además de él. Llama a tus hombres, los míos ya están en camino. Yo me ocuparé de Albert, si puedes, entra a sus cámaras de vigilancia y haz una ruta.  Mientras tanto, Albert, corrió en dirección al estacionamiento, cuando estaba por subir a su auto, su asistente le detuvo la puerta, el pobre casi sin aliento trató de recomponerse un poco pero Albert casi lo empujaba para quitarlo de su camino.  -Señor, espere, yo lo llevaré. Ya recibí los detalles de todo del señor Rogelio, solo debemos llegar al lugar.  Albert casi escupía espuma mientras escuchaba las entrecortadas palabras del hombre.  -¡¿Qué demonios estás esperando entonces?! ¡Muévete!  Mientras el asistente escuchaba gritos y regaños casi en su oreja, llegaron al punto de encuentro. Ya se estaba ahí la policía, y el padre de Miranda.   -¿Qué carajos hace aquí... -Espera, eso no importa ahora. Tenemos que sacar a Miranda de aquí.  Cuando estaba a punto de despotricar, las siguientes palabras de Rogelio lo callaron en el acto. -Tiene mucha seguridad, ya entramos a su circuito cerrado y podemos entrar. Interrumpio Ángel.  Rogelio, se estaba ajustando sus ultimos detalles,  y Albert se acercó y comenzó a recogerse las mangas.  -¿Qué haces? -¿No es obvio? voy contigo.  -No irás.  Dijo Rogelio tajante.  -Oficiales, por favor cuiden de mi amigo. Cerca de cuatro uniformados se acercaron a Albert y lo inmovilizaron.   -¡Eres un imbécil! ¡¿Como te atreves a hacerme esto?! ¡Rogelio! Mientras el otro se alejaba, pareciendo que no escuchaba nada. Los oficiales subieron a Albert a una patrulla.  -Ángel, ¿qué está haciendo? -Está en el jardín, Miranda está en un columpio, no se ve muy bien. Rogelio apretó los dientes y entró con un equipo táctico, privado.  Miranda tenía un rostro somnoliento, y la mirada al vacío. Jacob la miraba como la persona más preciosa en el mundo.  Su rostro estaba casi seco, estaba pálida y demacrada.  -Miri, nuestro bebé será hermoso ¿Ya lo imaginas verdad? Ojalá tenga tus hermosos ojos, o tal vez tu cara. No, no importa, mientras sea nuestro, lo amaremos siempre.  Mientras escuchaban por los audífonos,  Ángel y Rogelio casi se volvían locos.  -Ese maldito.  -¿C...Cuantas cámaras hay? Preguntó Rogelio haciendo un esfuerzo sobrehumano para contenerse.  -.......... -Ángel, no se lo entregaremos a la policía. ¿Cuántas cámaras hay? Después de un muy largo suspiro,  Ángel respondió.  -Cerca de 200, todas tienen micrófonos y audio. Sigue el mapa que te dí, y por lo menos en unos 5 minutos no te toparás con nadie, vas detrás de ellos.  -Muy bien.  Todo iba casi a la perfección, cuando por el lado de la policía hubo un resbalón.  -¡Hombre herido! ¡Repito! ¡Hombre herido! Debido al alboroto, una buena parte de los guardias siguió el llamando de apoyo, dejando una brecha para Rogelio.  Ágilmente noqueaba e inmovilizaba a quien estuviera a su paso.  Mostraba mucha experiencia, y su equipo era más de apoyo, que otra cosa. Por más que tratara de desahogar la rabia que cargaba no podia.  "Si no la hubiera dejado sola" De repente recordó, la situación de ese día, cuando estaba por salir con Miranda uno de esos cretinos lo llamó con urgencia, en el momento no le prestó atención, dado que mientras más rápido terminaran, más rápido estaría con ella. Una cruel sonrisa cargada con sed de sangre dibujó en su rostro. "Nadie saldrá ileso".  Rogelio se acercó con precaución al extrañamente silencioso jardín.  -No lo olvides, solamente yo te amo. Solamente yo, te daré lo que más quieres. Lo sabes ¿verdad mi amor?  Por primera vez en todo el tiempo Ángel vio movimiento de Miranda, ella  en su demacrado rostro, dibujaba una forzada sonrisa llena de ansiedad. Jacob, sacó una jeringa y estaba a punto de inyectarla cuando Rogelio lo detuvo.  -¡Maldito bastardo! ¡¿Cómo te atreves?!  El equipo de Rogelio inmovilizó a Jacob, mientras Rogelio abrazaba a Miranda, pero esta de la nada comenzó a manotear y golpearlo.  -¡Suéltalo! ¡Déjalo en paz! ¡Jacob!
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