- Después jugamos, ya no estoy de humor. Miranda se recostó y cerró los ojos con cansancio. Ángel cabizbajo comenzó a levantar las cartas que estaban en su cama. Nadie dijo nada... Rogelio, sentía como si tuviera miles de palabras atoradas en la garganta, que casi lo asfixiaban, pero que no podían salir. Tragó y cuándo estaba por marcharse sintió un mareo. Cuando se presionó la cabeza Albert se acercó a él en silencio para apoyarlo. - Pffff ¡Jajajaja! ¿Tienes idea de lo ridículo que te vez? Pareces un anciano. Si querías visitar, mínimo debiste presentarte decentemente. Tú patética hipocresía mínimo habría tenido un poco de peso. Albert lo miró mientras lo apoyaba, y la mirada de consternación y pánico de Rogelio le despertaron una sensación de temor hacia ella. Dado que amb

