Miranda, veía televisión como siempre. Un hombre con un traje n***o abrió la puerta y dio paso a Manuel. Miranda tragó y su nerviosismo, fue controlado mientras apretaba la sábana. - Miranda, hoy serás dada de alta. Ya puedes volver a casa con tu abuelo mi niña. El hombre abrió los brazos con una sonrisa, pero Miranda ni se inmutó. Lo miró condescendientemente y volvió la mirada a la TV. Sus años de experiencia y extraña adaptabilidad a la indiferencia, le dieron la capacidad suficiente como para ocultar su vergüenza bajo una mirada de frialdad. - Debes saber que como heredera de mi empresa debes soportar dificultades. Hay ocasiones en las que tus problemas son triviales a comparación de... Zas! El control fue arrojado con fuerza al televisor y ambos se rompieron con un fuer

