El precio de la fortaleza.

1268 Palabras
Después de ese día,  Jacob salía por las mañanas muy temprano y regresaba en las tardes. Siempre llegaba a las seis en punto.  Al llegar traía consigo un ramo de lirios blancos, abrazaba y besaba a Miranda con gran emoción.  Ya habían pasado casi dos meses... Miranda en ningún momento mostró alguna emoción,  las mucamas y el mayordomo se veían muy preocupados, pero les preocupaba el frágil equilibrio mental de su joven amo.  El Sr. David hacia una incansable labor, por mantener a flote lo que quedó después de que su hermano y padre se fueron; Jacob, cayó en una fuerte depresión después de la cancelación de compromiso y en una ocasión casi salió a asesinar a su tío en una rabieta.  Pero casi como por arte de magia, un dia llego diligentemente a la oficina, aseado, con una sonrisa y desempeño sus labores a la perfección.  En el fondo sabía que algo andaba mal, pero casi rogó a todos los dioses que conocía para que solo fuera un presentimiento infundado. Pero por desgracia... Casi tres semanas después de su transformación. Rogelio irrumpió en su oficina y golpeó a Jacob.  No supo muy bien los detalles pero, lo único que sabía con seguridad era que tenía que ver con Miranda.  Al regresar anticipadamente de su viaje de negocios, fue a buscar a su hijo, pero hacía tiempo que no vivía en el mismo departamento. Debido a el consejo de psiquiatra de darle más independencia, decidió ceder y permitirle vivir solo. Pero no pasaba un día en el que no estuviera preocupado, y menos en momentos como ése. Al día siguiente en la oficina, trató de hablar con él.  -Necesito saber qué fue lo que pasó. Deberías tener claro que no estamos en posición de quedar en malos términos con el grupo M/O o sus allegados ¿Si lo entiendes verdad? Pese a cualquier pronóstico, el respondió con una calmada y relajada sonrisa. -Por supuesto papá, lo entiendo perfectamente. ¿No tienes idea de lo que pasó hace unas semanas? Miranda fue secuestrada y no han podido encontrar un solo rastro de ella.  Debido a nuestro pasado con su familia, creyeron que tendríamos algo que ver, pero les aseguré y comprobé que no existía nada de eso en absoluto. Solo tratamos de sobrevivir como podemos ¿como seriamos capaces de hacer semejante locura? - Sí, una locura...  Susurró David. Trató de evaluar un poco a su hijo, pero se veía perfectamente bien. Cualquiera que lo mirara se ofenderia incluso, por mostrar cualquier rastro de duda. Pero precisamente ese "perfectamente bien" incluso le causaba escalofríos. Como el psiquiatra dijo, "mientras no haya estimulación, su recuperación está casi asegurada, solo le hace falta un poco más de tiempo" Pero no siempre las cosas van como se preveen.  ********* Miranda pasaba los días viendo televisión, sentada en el jardín o leyendo. Si hubiera sido cualquier persona casi estaría al borde del colapso. Pero resistió. "¿Quieres aprender esas cosas tan violentas? ¿Sabes lo mal que se ve una mujer tan musculosa?" Ángel la molestó varias veces después de que ella mostró intenciones de aprender defensa personal, o algún método para su propia autoprotección. Aunque principalmente la idea le llegó por que estaba algo aburrida, tanta fue su insistencia, que sus palabras no solo la irritaron, si no que llegó al punto de convencerla de ser innecesario, haciéndola dejar finalmente, la idea de lado. También desde el día en que llegó ahí, lo maldecía diariamente. Aun así, no pasaba un día en el que no recordara las palabras de alguno de los tres. Las palabras sobreprotectoras y cariñosas de su abuelo, las quejas y pucheros de su padre pidiéndole auxilio. Las exigencias casi brutales de su madre, y las miradas mortales de las y los pretendientes de los tres.  Se estiró en el columpio y respiro profundamente, casi podía considerar eso como vacaciones,  mortales vacaciones. Ya se daba una idea de la condición de Jacob, ya lo había vivido varias veces con su sentido de la pertenencia y sus celos casi enfermizos.    Varias veces incluso había considerado hablar con su abuelo sobre el compromiso, pero nunca se había dado el momento. El problema de su tía fue casi como una solución caída del cielo.  No había manera de escapar, al principio no dio un paso fuera de la habitación para no levantar sospechas, cuando comenzó a caminar por los pasillos incluso los sirvientes de la casa se emocionaron por su joven maestro. Despues frecuentemente salia al jardín, se sentaba en una banca o al pie de algún árbol,  se la pasaba leyendo incluso quedándose dormida en ocasiones.  Después de que Jacob preguntara lo que hacía, mandó instalar un columpio lo suficientemente cómodo para que se recostara. Contrató jardineros, y llenaron todo el patio de distintas flores. No importaba lo que hiciera, incluso si tocaba el agua de los peces, en dias, habia una nueva fuente. absolutamente nadie tenía permitido hablar con ella, solamente  unas pocas sirvientas y el mayordomo. Si ella trataba de acercarse a alguien más, al día siguiente no lo volvia a ver. Lo comprobó varias veces, así que cualquier intento de comunicación o de pedir información de afuera, estaba descartado. La televisión sólo estaba disponible para contenido prepago, por lo que solo podía ver películas o series, siempre había alguien junto a ella.  Así que si intentaba acceder a algo que no estaba permitido, apagaba el televisor de inmediato.  En momentos como esos, los berrinches y las situaciones que paso regañando y limpiando los desastres, le dieron cierta experiencia e información necesaria para manejar la situación de ese momento.  Rogelio, que aunque no aparentaba saber si quiera lo que era un beso, hizo pasar a la única chica que lo había amado por un infierno antes de ser ayudada por ella a escapar.  Tuvieron problemas durante meses y gracias a una fuerte pelea entre los cuatro, logró entrar en razón. Con el precio de no volver a ser escuchado por ella. Y considerando la solitaria vida que llevaba un hombre tan excéntrico como él, fue un precio bastante considerable.  Pasaron varios años, antes de que ella le volviera a mostrar un poco de atención siquiera. Aunque de verdad se preocupaba por él, tenía la firmeza suficiente como para darle una lección.  "suspiro" -Incluso en momentos como este solo pienso en ellos.  Levantó la mirada al cielo, era de un azul claro, hermoso y relajante.  - Me gusta más cuando llueve.  - Si estuviera en mis manos el poder hacerlo, haría que lloviera todos los días. Miranda frunció el ceño, pero no respondió.  -Hoy vi a Rogelio. Ella se sorprendió, pero trató de mantenerse impasible. Jacob caminó hacia ella y se sentó en el suelo recargando su cabeza en sus rodillas.  -Sé que los extrañas, pero si ellos no quisieran alejarte de mí, te juro que te permitirá salir, ir de compras e incluso de viaje.  Tomo una de sus manos suavemente, y la coloco en su propia mejilla. Se frotó contra ella y dio un suave beso a su palma. Abrió los ojos y la miró directamente. -Tú... ¿también crees que estoy loco? Por un segundo, pudo retener una maldición que tenía en la punta de la lengua. Lo miró directamente y casi no pudo contener una sonrisa cargada de ironía. Fue tan sutil, pero para Jacob, parecía ser un elixir para la vida eterna. Su rostro se iluminó y apretó su agarre en la mano de Miranda. Ella casi quería empujarlo lo más lejos posible, golpearlo y maldecirlo hasta el cansancio.  Pero no podía, aun no.  
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