EL HOMBRE QUE REGRESÓ

1712 Palabras

Horas despues, Ragnar estaba de pie frente al espejo del cuarto de baño y no podía dejar de mirarse. No por vanidad. Sino porque durante ochenta años había olvidado lo que era verse así. Una cara. Dedos que podían sostener cosas sin romperlas. Una mandíbula que terminaba en piel en lugar de pelaje. Sus ojos, completamente azules, sin anillo rojo, sin amenaza ardiendo en sus pupilas. Solo él. Levantó una mano y tocó su propio rostro con una lentitud casi reverencial. La textura de su mejilla sin rasurar. El puente de su nariz. El arco de sus cejas que fruncía cuando pensaba demasiado. —Hola —murmuró a su propio reflejo y hasta se rió de sí mismo por hacerlo. —¿Estás hablando con el espejo? —Artemis apareció en el umbral, envuelta en una manta, su cabello rojo suelto sobre los hombros.

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