Llegamos a una cafetería muy linda que se encuentra apartada del centro de la ciudad. Ambas ordenamos un capuchino y una torta tres leches. Mientras esperábamos el pedido, tomamos asiento en una de las mesas que se encontraban apartadas. Solté un suspiro al ver que Valentina había quedado perdida en sus pensamientos desde la intervención de nuestra madre. —¿Y bien? ¿Te vas a quedar callada todo el rato? —dije en un tono claramente fastidiado por la situación. Arrugué un poco mi nariz, siempre pasaba lo mismo. Valentina negó suavemente con la cabeza. —Solo estaba pensando, Alaia. —Siempre te quedas pensando cada vez que vamos a salir y nuestros padres técnicamente te amenazan —exclamé, cruzándome de brazos. —Alaia, no digas eso, sabes que no es así —sus ojos me esquivaron la mirada, lo

