Noto como alguien deja suaves besos repartidos por mi cara, haciendo que despierte. Alguien llamada Hayley. Besa mi boca, mis mejillas, mi frente, mi nariz, y de nuevo los labios. Besos suaves y tiernos, algo con lo que desearía despertar cada mañana. Abro despacio los ojos, acostumbrándome a la tenue luz que entra por la ventana de la habitación. Me gusta dormir con la persiana bajada, pero, aun así, entra algo de luz. - Ojalá despertara así todos los días. - Digo, poniendo ambas manos en su cintura. Posa sus labios sobre los míos, moviéndolos lentamente, mientras yo llevo mis manos a sus nalgas, apretándolas suavemente. Pero no me detengo ahí. Una de mis manos baja hasta su parte más íntima, rozando con los dedos sus labios y clítoris, a lo que ella me responde con un suave gemido.

