Por precaución, pusimos todas nuestras pertenencias en la camioneta y nos dirigimos al campo de Camila. Aunque no estaba tan lejos, era necesario ir en vehículo para atravesar la distancia. Desde allí, podíamos ver nuestro campo y estar alerta en caso de que alguien se acercara. Suspiré nerviosa, observando el horizonte y sintiendo la tensión en el aire. Poco a poco, nuestros vecinos comenzaron a llegar. En total éramos alrededor de 50 personas. Todos ellos se ofrecieron a apoyarnos y trajeron consigo armas. Agradecí profundamente su apoyo mientras pasábamos la tarde conversando, bebiendo y compartiendo comida. A pesar de la situación, parecía más una fiesta que una preparación para la defensa, pero eso no importaba. Lo más importante en ese momento era unirnos y luchar juntos. “Podremos

