LUCIANO Mientras Richard conducía hacia la sede central, mis pensamientos estaban en Fedra. Me preocupaba por ella. Parecía exigirse demasiado. Le pedí a Miranda que encontrara al mejor obstetra de la ciudad y la llamé hace un par de días. La doctora Clemmons me aseguró que Fedra no estaba poniendo en riesgo ni su salud ni la del bebé con todo ese trabajo. Eso me quitó una preocupación de encima, pero aun así seguía inquieto porque sentía que se estaba forzando demasiado. También me daba miedo lo que pudiera pasar si la exhibición no resultaba un éxito. Fedra era luchadora, pero algo así podría destrozarla. Quería protegerla de eso. Saber que no podía hacerlo no hacía que aceptar mis límites fuera más fácil. En cuanto entré a la oficina, supe que algo pasaba. Robyn me estaba esperando

