Capítulo 77. El precio de la cruda verdad. Antonio Bonetto no recordaba la última vez que había sentido el peso de sus propios errores con tanta crudeza. Todavía sostenía el teléfono en la mano como si aún pudiera arrancarle alguna respuesta, con la pantalla apagada devolviéndole un reflejo cansado, derrotado. La llamada con Sebastián había terminado hacía apenas unos minutos, y sin embargo la voz de su antiguo rival seguía resonando en su cabeza como una sentencia. “Cuando llegue el momento, necesito que me digas la verdad”. Aquellas palabras, sencillas y firmes, lo habían desarmado. No porque no supiera cuál era esa verdad, sino porque admitirla en voz alta equivalía a reconocer la clase de hombre en que se había convertido. Un infiel, un mentiroso, un hijo que había preferido el esc

