Capítulo 78. La voz de la traición. El abogado suspiró de alivio cuando el fiscal se marchó, pero esa calma no se extendió hacía todos. Porque afuera, en el pasillo, un agente condescendiente intercambió una mirada con otro más joven. En los pasillos de la estación policial todo se sabía, y lo que se sabía siempre corría como pólvora. No pasaron ni dos horas antes de que Patricia recibiera la noticia a su modo. Un custodio, al que Antonio Bonetto tenía bien aceitado con favores, se acercó a su celda con un gesto rápido. Fingiendo revisar los candados mientras murmuraba. -- Colombo abrió la boca. Se está pintando como la santa obediente, y a usted la deja como la mente podrida detrás de todo -- Patricia entrecerró los ojos, como si esa chispa de traición fuera la confirmación de algo

