Al caer la noche, todos los invitados se fueron despidiendo; también tuve que despedirme de mi prima Emma. Me dolía mucho hacerlo porque es la única persona con la que cuento; sin embargo, no podría hacer que se quedara o mi padre me haría algo malo. Al final todos se fueron hasta que solo quedaron mis padres, los padres de Estéfano y nosotros. Veo cómo uno de los sirvientes saca mis maletas y sé qué es lo que significa.
—Ya es hora de que los recién casados vayan a su nuevo hogar —añadió mi suegro.
—Sí, es buena idea —dijo mi padre, que ya está algo ebrio.
—Tienen razón, mi amor, ya es momento de que nos vayamos. —Estéfano me tomó de la mano, hablándome de una manera tierna que para mí resulta muy extraña.
—Iré a despedirme de mi madre —me suelto de su agarre y él se da cuenta de mi actitud. Me acerco a mi madre que está sentada al lado de mi padre.
—Me tengo que ir, mamá —dije y ella se puso de pie dándome un abrazo.
—Te deseo toda la felicidad del mundo, mi niña, y que esta nueva etapa sea algo muy bueno para ambos —susurró mi madre dándome un tierno beso en mi mejilla. Me separo de ella viendo a mi padre que se ha quedado profundamente dormido y solo niego con la cabeza alejándome de él…
Noto cómo los padres de Estéfano también se despiden de él. La madre de él se me acerca, dándome un abrazo.
—Adiós, mi niña, espero que mi hijo te trate bien —dijo la mujer y yo solo sonreí dándole una palmada en la espalda…
—Ya, mamá, o arruinarás su vestido —protestó Estéfano haciendo que madre me suelte.
—Tienes razón, lo siento.
La mujer me suelta y Estéfano me toma nuevamente de la mano. Camino con él hasta salir de la casa; entramos al vehículo blanco.
Que sale de ahí mientras que nuestros padres nos despiden con la mano.
—Llegaremos en unos minutos a nuestra casa; escogí unas cercas de la playa para que puedas tener una linda vista —me habló Estéfano y yo solo asiento con la cabeza. Él me besa la mano, pero a mí solo me causa repulsión.
Pasamos unos minutos hasta que llegamos a una parte alejada de la ciudad; el auto se detiene y ambos bajamos. Mis oídos rápido escuchan las olas, solo que ya es noche y no logro verlas. Pero mi vista cambia, mirando la linda y hermosa casa muy moderna con enormes ventanas de cristal y una piscina al lado.
—Qué linda casa —declaró sonriendo.
—Gracias, esta será nuestra casa de ahora en adelante; ven, te mostraré el interior —me toma de la mano jalándome hacia el interior. Que es muy lujoso y lindo. Mi vista se fija en la enorme mesa de madera. Espero que nos llevemos bien. Sé que no comenzamos de la mejor manera, pero eres muy hermosa y diría que has llamado demasiado mi atención —dijo colocándose detrás de mí, mientras con su dedo toca mi piel de mi hombro que ha quedado al descubierto. Siento un escalofrío, y una ira crece en mi interior al pesar en el hecho de pasar la noche con él… Sin poder controlarme, me volteó, explotando mi enojo contra él.
—No me toques, me das asco si crees que pasaré la noche con un asesino —vociferó molesto; rápido cambió su actitud y su expresión es de asombro.
—¿Qué ocurre? —pregunté con asombro.
—Todavía lo preguntas, pero crees que no me enteraría de que mataste a tu prometida embarazada y la arrojaste por las escaleras sin importarte nada —le restregué en la cara.
—¿Cómo sabes eso? —indagó.
—No soy una mujer tonta; investigué sobre ti y de todas las terribles cosas que has hecho. Así que, tan solo verte, no me dan ganas de vomitar. —Estéfano da unos pasos hacia atrás—. Te dejaré algo claro: no me casé contigo porque me gustes; todo esto es una mentira y menos me fijaría en un loco asesino.
—¡Cállate! —grito asustándome, pero no me echaré para atrás.
—Es verdad; tú no eres más que un monstruo.
Veo cómo él se lanza contra mí, tomándome por el cuello, levantándome un poco el aire como si fuera una muñeca de trapo, y arrastrará hasta arrojarme sobre la mesa, quedando su rostro a pocos centímetros del mío. Sonriendo de una manera aterradora.
—Si soy un asesino, soy un monstruo y todo lo que crees. Pero te dejo claro: tú eres mi esposa, y quieras o no tendrás que cumplir con tu deber marital. Es nuestra noche de bodas y no me dejarás con las ganas —dijo mirándome con una mirada oscura.
—¡Nunca!
—No te estaba pidiendo permiso —al decir eso, noto cómo su cara tiene una expresión extraña y fría. Rápido me voltea, quedando de frente hacia la mesa. Siento cómo él rompe la parte trasera de mi vestido, quitándomelo, dejándome desnuda sobre la mesa y sé perfectamente lo que está planeando hacer.
—No, por favor, no lo hagas —le ruego, pero él no se detiene; siento cómo rompe mis bragas y, seguido, el tintineo del cinturón de su pantalón me hace entender que se está quitando desabrochando el pantalón—. Por favor —digo una vez más con la esperanza de detenerlo. Sin embargo, únicamente siento cómo moja mi parte con un líquido que no quiero pensar lo que es y al final siento su parte justo en mi entrada, entrando de una vez en mí—. ¡Ah! —gritó de dolor aferrándome a la mesa.
Él empieza a entrar y salir de mí de una manera salvaje. Intento pelear golpeándolo con mis puños, pero él agarra mis manos colocándolas en mi espalda, dejándome inmóvil. No sé qué hacer; solo siento cómo él me agarra con fuerza mientras entra. No sé qué hacer y lo único que siento son las lágrimas bajar por mi mejilla haciendo un charco debajo de mi mejilla, pensando en cómo mi padre me pudo haber casado con un violador y nunca se lo perdonaré.
P.O.V. Estéfano.
Mi mente está completamente nublada por la rabia y el coraje, debido a que esta mujer me acaba de decir recordarme ese trágico momento. De un momento a otro escucho un pequeño sollozo que provoca que regrese a la realidad. Dándome cuenta de lo que estoy haciendo, suelto las manos de Beatrice y salgo de ella, ocultando a mi amiguito en su lugar.
La miro a ella como su vestido y su ropa interior están deshechas. Mis manos han dejado marcas en su piel blanca y no sé qué decir; solo la vio con una expresión seria y triste. Noto cómo ella se comienza a levantar, volteando a verme con todo el maquillaje arruinado, mi mejilla roja debido a la fricción, y con sus manos agarra el vestido que está hecho jirones.
—Lo siento.
—¡Me violaste, eres un violador y nunca te perdonaré! —vociferó y se fue corriendo.
Solo veo cómo se va, decido no seguirla y simplemente salgo de la casa. Miro a mis hombres en la entrada.
—Señor —habla Arturo al verme en ese estado.
—Cuiden de mi esposa, no quiero que nadie me siga —ordenó y entró al auto y lo puso en marcha. Saliendo a rodar a velocidad de la residencia.
Mientras manejo, las imágenes de lo que le hice a Beatrice vienen a mi mente y un profundo dolor y remordimiento se apoderan de mí.
“No sé cómo hice eso, pero desde que mi ex murió, mi temperamento es tan volátil y de la nada olvido que soy un humano comportándome como un animal”. “Acabo de arruinarlo todo”…