Marina caminaba con su madre por el mercadillo pero en su propio mundo, Lucrecia conocía muy bien a su hija y estaba segura de que algo la preocupaba. —Marina, suéltalo.—le dijo sería mientras la zarandeo con cariño de la mano. —¿Cómo sabes si estás enamorada?— le preguntó sintiéndose como una niña de diecisiete años. La madre sonrió, Marina apenas solía pedirle consejos, tampoco los había necesitado mucho, hasta ahora. —Bueno, cariño, eso es fácil, lo sientes y lo sabes, sin más.—respondió la mujer confundiendo más a Marina. Volvía al mismo punto, cuando Raúl estaba cerca su corazón se aceleraba y dejaba de pensar con claridad, cuando estaba con Enrique se sentía tranquila y cómoda. —¿Y si no estás segura?, quiero decir, ¿si amas a dos hombres?—le preguntó algo tímida. Su madre habí

