El ruido de la nueva rutina

1442 Palabras
Lo miraba desconcertada, no entendía nada de lo que pasaba, ¿o sí? parecía triste, pero molesto, no despegaba la mirada del camino, y hubo un silencio incómodo. Suspiramos al mismo tiempo. - Es que hay algo que tengo que decirte. - Pues bien, no me iré a ninguna parte. El auto se detuvo, ya estábamos frente a mi casa. Mike bajó del auto y abrió la puerta del copiloto, me ofreció su mano para bajar, y tras cerrar la puerta ya estaba ya frente a la reja principal. - Es tarde –dijo sin mirarme –deberías entrar, Sarahí debe estar cansada, sabes que no duerme hasta que llegas –con la mirada en el piso y las palabras ardiendo en su corazón -Sí –dije resignada –seguro que desde hace un buen rato que me espera –no quise insistir más con el tema, aunque me tenía desconcertada preferí no incomodarlo más. Tenía las manos en los bolsillos de su elegante pantalón y me miró al fin. Entonces me acerqué lo suficiente, vacilante, para despedirlo con un beso en su mejilla que lo ruborizó e hizo que una sonrisa iluminara su rostro. Abrí la reja principal y entré, aún me sentía nerviosa, si bien era un acto de saludo y despedida común entre mis amigos, esta vez se sentía diferente, o quizá sólo yo tenía esa idea en mi cabeza. Tras cerrar la reja tras de mí caminé por el pasillo adoquinado, hasta la puerta principal, me giré para mirarlo antes de abrir y le sonreí, nos despedimos de nuevo con la mano, encendió su auto y yo entré en mi casa. Cuando escuché arrancar el auto me dirigí de prisa a mi habitación, era tarde, y mañana ahora sí, iba a ser el primer día oficial con clases. - Qué bueno que llegaste Fer –me sobresaltó la voz de Sarahí, no esperaba verla tan repentinamente –¿cómo te fue? - Bien –respondí con el corazón agitado por la sorpresa –disculpa la demora. - No te preocupes, llegaste en buenas manos –sonrió, asintió y me invitó a seguir el camino hacia mi habitación –Luego me cuentas los detalles. Hay algo de lo que tenemos que hablar, pero puede esperar hasta mañana. Que descanses. - Gracias Sarahí –respondí a media escalera en donde me giré para mirarla –que descanses. Llegué a mi habitación y cambié mi ropa, a pesar del cansancio que sentía debía contar a mi confidente todo mi día con los más mínimos detalles. Desde la extraña sensación de ver a Mike con Chelsey, la incomodidad de las discusiones de Jerry y Adam, el agradable y elegante semblante de Bautista Sotomayor, y para culminar, las palabras incompletas de Mike que daban vueltas en mi cabeza. A la mañana siguiente me costó trabajo abrir los ojos tras escuchar el despertador, y con pesadez en todo el cuerpo me levanté, tomé una ducha caliente que logró despertarme, y ya con más energías me vestí para mi primer oficial día de clases. - Fer –saludo Philip al verme entrar en la cocina para tomar el desayuno -Buenos… –respondí en medio de un bostezo - Hola Philip –sonreí con más ganas al percibir el olor de la cocina –buenos días. - Ya tienes algunos días que no quieres de mis platillos para la comida –se quejó mi amigo el chef - Nada de eso –sonreí a modo de disculpa –sabes que me encantan todos tus platillos, es sólo que tuve algunas salidas con amigos. - Entiendo –dijo sonriendo –no te preocupes, sólo bromeo ya sabes –hizo un guiño y apuró sus deberes - Pero te prometo que hoy comeré aquí –dije para animarlo –Además traeré a algunos de mis amigos. - Claro que sí –dijo animado –sabes que mientras más amigos vengan, mejor. - Buenos días –saludó Sarahí al entrar en la cocina –Fer, Philip. - Buenos días Sarahí –respondimos al unísono - Fer – se paró a mi lado y me toco el hombro –me llamó ayer Albert por teléfono, parece que le pediste algo –recordé nuestra conversación de la mañana anterior – Nos parece buena idea que tengas compañía –sonrió –hablamos con tus padres y están más que de acuerdo en que Albert y Jess pasen una temporada aquí en casa. - ¡Qué bien! –respondí entusiasmada –es una agradable noticia, espera que le cuente a Jess. - Seguro Albert ya le comentó –se encogió de hombros –se vienen hoy, así que debieron madrugar para empacar algunas de sus cosas. - Pobre Jess –dije recordando cuanto trabajo me había costado despertar esta mañana –tan cansado que debe estar. Pero estará tan feliz como yo. - Estoy segura de eso –respondió Sarahí, que también parecía animada con la visita –Jess es casi como tu hermano –miró a Philip entonces –Así que tendrás que cocinar dos porciones más de comida cada día. - Y vaya que sí –dijo animado –desde que trabajo aquí, siempre han sido como de la familia, me dará gusto cocinar para ellos. - Era eso lo que tenía que decirte –dijo Sarahí de nuevo dirigiéndose a mí –así que apresúrate –me hizo mirar el reloj de la pared detrás de mí –Nahuel ya te espera para llevarte. Pasarán por Jess, Albert aún tiene algunas cosas que arreglar en su casa antes de ir al trabajo. - Nahuel regresó ¡qué bien! –dije animada, pensando que quizá me diría a donde había llevado a mis padres –¡Nos vemos más tarde! –dije a la mitad del camino –¡Invitaré a algunos amigos a comer! Subí en el auto y Nahuel arrancó. Platiqué con él, pero no logre mi cometido, no me dejó saber a dónde había llevado a mis padres ¿era un secreto acaso? ¿O sólo quería evitar hacerme sentir triste? Pronto estábamos fuera de casa de Jess, quien tan pronto escucho el claxon salió y subió a mi lado en el asiento de atrás. Estaba tan contento como yo, y me dijo que había tenido una genial idea al decirle a su papá que se quedaran unos días en mi casa. Hablamos un momento sobre Mike, pero como Mary, él también me desvió el tema, ellos me escondían algo. Cuando llegamos a la escuela apenas unos minutos antes de la hora de entrada, Liz ya estaba en la banca de la entrada esperando por nosotros. Pasamos a la oficina de la prefecta por nuestros horarios de clases y así comenzó nuestro día de clases oficial. Ese día compartíamos la primera hora de clase, así que caminamos juntos hasta el salón de clases con los croquis de la escuela en la mano, de otro modo era probable que nos perdiéramos en el camino. Cuando llegamos al salón, observamos muchos rostros desconocidos y algunos otros que reconocimos de la fiesta, tenía una nueva tarea, aprender los nombre de mis compañeros y así poder hacer nuevas amistades. Cuando ya estábamos casi en media clase, Alex apareció en la puerta. - Buenos días profesora Danforth –saludó agitado tras abrir la puerta del salón de clases –¿me permite entrar a la clase? - Ya estamos en medio de la clase jovencito –respondió molesta, negando con la cabeza –¿cree que es correcto interrumpir? - No profesora –respondió Alex con la cabeza agachada –lo lamento mucho.. me perdí en la gran escuela –mentía, el drama de su voz lo delataba –pero si me interesa la clase, por eso estoy aquí. - Está bien, que no ocurra de nuevo –respondió la profesora de manera comprensiva, ¡había caído en su truco! –y a ninguno se le ocurra llegar tarde, es la única vez que hago la excepción, tan sólo porque es el primer día y porque muchos aun no conocen muy bien las instalaciones. Continuamos las clases del día, como muchos lo habían comentado, fue un día muy pesado, tantas horas en la EPLB era agotador, pero con las clases-taller se hacía un día un poco más… agradable. Y cuando faltaban aún algunas horas para terminar el día, el televisor del salón encendió, y el subdirector Wormser apareció en la pantalla dando el anuncio de que se suspendían el resto de las clases un poco antes de las 4pm, debido a una reunión importante de profesores y personal en general de la EPLB.
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