Allí estaba, de pie, mirándome, delante de mí, a unos metros de distancia. Sentí ganas de llorar, gritar y saltar. Sin embargo, no parecía los ojos de Harry, habían perdido su color, como si toda su humanidad hubiera desaparecido, como si ya no quedará nada de él. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, verle así me rompía en dos. —¿Harry? —dudé sintiéndome confusa e incómoda, aparentaba haberse olvidado de todos, o quizá de mí. Algo cambió de pronto, parecía reconocerme, y mientras pronunciaba mi nombre en susurros, el color de sus ojos regresó con fuerza. —Lia —afirmó al fin sorprendido. Quería correr hacía él y abrazarle, necesitaba besarle, pero no estaba segura de sí Harry quería lo mismo. Nos quedamos mirándonos y sin movernos durante unos segundos, estos se me hicieron eternos, como

