Capítulo 1
Caminaba por el bosque en silencio, mi cuerpo se movía lentamente, guiándome por los movimientos del aire, siguiendo los pasos de un ciervo. En cuanto se detuvo para comer algo de hierba, aproveché y coloqué mi arco en su posición exacta para poder lanzar una flecha a su pie y, así, retenerlo hasta que me alimentara con su sangre. No quería matarle, no podía, pero tampoco podía evitarlo. Lancé la flecha marcando un camino perfecto en el aire hasta el animal, pero esta se clavó en el suelo, fallando. Miré mi alrededor sorprendida, hasta que sonreí guardando el arco en mi espalda.
—Muy bonito —dije a la nada—, yo intentando cazar y tú robándome.
—No he podido evitarlo —reveló el joven saliendo de las sombras—, te he visto tan concentrada que.
—Que querías fastidiar —terminé por él.
—Que no he podido evitarlo —corrigió mostrando una sonrisa torcida.
—Eres estúpido, Dylan —pronuncié golpeándolo suavemente en el hombro.
—Pero soy tu estúpido —finalizó besándome.
Creo que para entender esta escena debemos retroceder un par de años, cuando Harry y yo nos besamos por segunda vez, en aquel bar perdido por el peor barrio de todos. Me encantaría contaros la perfecta historia de cómo el amor entre el chico que más quería y yo, se manifestaba en forma de perfección, creando así unos recuerdos tan bonitos como duraderos, pero esa no sería mi historia, por mucho que soñase con ella. Tal como decían, la vida no es fácil y eso hubiera sido demasiado bonito para ser real.
Harry no mentía cuando decía que tenía muchos enemigos, y aunque no tenía idea de en qué lío estaba metido, solo quería descubrirlo y ayudarlo. Sin embargo, en cuanto salimos de aquel bar, agarrados de la mano, no tardé en descubrir qué tipo de personas eran sus enemigos, de hecho, tardé tanto como el tiempo que estuvimos de la mano. Nada más salir del bar, una banda de hombres musculosos se nos echó encima, rompiendo nuestra conexión física y separándonos. Caí al suelo tras un puñetazo que me hizo sangrar por el labio, mientras uno de ellos me agarraba del jersey, cual llevaba puesto, y me levantaba, elevándome tan alto y fuerte que no tocaba el suelo.
—¡Soltarla! —pedía Harry intentando llegar a mí— ¡Ella no tiene nada que ver, dejadla ir!
—¡Vaya! —bramó un hombre delgado sacudiéndose las manos y fijando su mirada en el chico. Este tenía una ceja arqueada y su pelo estaba rapado, tendría veinte pocos años, y vestía con traje— Nuestro Harry ha encontrado algo, o más bien, a alguien, por lo cual luchar y vivir —sonrió mirándome— Has llegado en el momento oportuno.
—¡James, déjala en paz! —siguió luchando para llegar hasta mí, pero los hombres lo tenían bien agarrado, seguramente hasta le hacían daño, pero él se negaba a sentirlo tenía otra preocupación en la cabeza— ¡Por favor!
—No te preocupes, no matamos a los nuestros —se acercó a mí, cuando el hombre que me tenía agarrada me soltó, haciéndome caer al suelo, de rodillas. James se agachó y me limpió la sangre que se había acumulado en mi labio— No debieron golpearte, perdónales, no saben tratar con señoritas —un murmullo de risas resonó por la escena— Te pareces mucho a tu madre —mi sonrisa mostrando desagrado, desapareció de mi rostro— Oh, sí, conocía a tu madre. Una joven hermosa, como tú.
—¿Quién eres? —me atreví a preguntar mirándole tan seria como pude— ¿Qué quieres?
—Soy un amigo —mintió levantándose y mirando a Harry— Y en cuanto a qué quiero, es fácil, quiero lo mismo que tú, quiero a tu novio, y me da igual el precio que tenga que pagar.
—¡Ya me tienes, ahora deja que se vaya!
—No es tan sencillo, querido —reveló acercándose a él— Cuando viniste a mí.
—Me raptasteis —corrigió avergonzado.
—Es lo mismo, lo estabas pidiendo a gritos —añadió entrecerrando los ojos— Cuando te raptaron y te trajeron ante mí, eras el mejor que había entrenado, matabas a todas las victimas que te pedía sin preguntar el motivo. Y de repente, un día, dejaste de ser así, preguntando el motivo, importándote su edad o su sexo, dejándoles vivos y desapareciendo.
—Cambié ¿y qué?
—Quería descubrir el motivo —me dirigió una mirada cortante— y ahora sé por qué.
—¿Y qué harás? ¿Me matarás? —se burló mirándole con tanto odio que creía que en cualquier momento se soltaría y lo mataría acabando con todo— No te temo.
—Lo haré, pero no ahora, primero debes acabar tu trabajo —informó caminando para marcharse—. Necesito que vuelvas a ser un ser sin corazón y sin piedad, por eso te arrebataré lo único que quieres.
Un grupo de cuatro personas me rodearon. Les miré confusa, después dirigí una mirada a James, este se detuvo y se giró para mirarme, pude ver lastima en sus ojos, pero ni rastro de culpabilidad. Por último, miré a Harry, me miraba con aquellos ojos verdes observándome como si él me hubiera golpeado, como si me hubiese matado o condenado.
Pronto apartó la mirada de mí y comenzó a luchar contra esos hombres, supuse que intentaba protegerme, pero la verdad era que debería haberse protegido a él mismo, no a mí, no obstante, estaba ciego por una oscuridad que no existía. No pensaban hacerme daño, ni matarme, por lo cual, pronto entendí que aquellas palabras que James dirigió a Harry, no eran del todo para él, sino para mí también, me arrebataría lo que más quería. Y así lo hizo, los hombres se lo llevaron, mientras creía que me iban a matar y seguía luchando por ayudarme.
Ciertamente, esos cuatro hombres ni me tocaron, en cuanto el joven desapareció se apartaron de mí y James volvió a agacharse para mirarme. En ese momento parecía humano, o más bien, vampiro, pero era como si hubiera recuperado los sentimientos. Cuando estuvo agachado delante de mí, me sonrío con amabilidad y dulzura.
—Lia ¿verdad? —asentí con la cabeza— No voy a matarte, tu madre era amiga mía, por eso te dejaré irte sin más —se levantó y se fue a girar, pero algo le paró y me miró— Claro que si te dejo libre ahora harás la estupidez de seguirnos e intentar salvar a Harry, y eso no puedo permitírmelo —apoyó su mano en mi hombro y pronto caí en un pozo n***o y profundo del cual me costó despertar.
—Buenos días, dormilona —dijo un hombre al lado de mí—, te has pasado un día y medio durmiendo, pero al fin te has despertado.
—¿Qué? —dude intentando sentarme, pero solo conseguí marearme. Pude comprobar que estaba en el bar y aquel hombre que, días atrás, estaba hablaba con Harry, me estaba cuidando— ¡Harry! ¿Dónde está?
—Lo tienen ellos, pero no puedes hacer nada, vuelve a casa y olvídate de Harry, es lo único que puedes hacer y lo que él querría.
—¿Por qué hablas como si estuviera muerto?
—Porque se cómo es la gente que lo tienen, llevo rezando porque Harry volviese a casa desde que todo esto empezó. No lo entiendes, pero si no está ya muerto, no le quedará mucho.
—Pues dime dónde está y le ayudaré.
—No sé dónde está, pero si lo supiera, no te lo diría. Si te pasa algo Harry me mataría.
No tardó en llegar Nolan y llevarme a casa, aquel hombre se había puesto en contacto para que viniera a buscarme. Y como he dicho antes, esto ocurrió hace dos años, pasé todo ese tiempo, cada minuto, cada segundo del día, buscándolo, investigando, adentrándome en zonas peligrosas y entrenándome para poder luchar. Me culpaba por no haber podido pelear aquel día, por dejarle marchar sin hacer nada, cuando él lo había intentado todo.
Me culpaba por ser débil y por seguir teniendo esperanzas de que siguiera vivo, cuando todos la habían perdido. Pero me negaba a creerlo, y todo ese tiempo hubo una persona a mi lado. Dylan.
No pude evitar sentir algo por él, y también me culpó por ello, sabía que sentía algo y en vez de alejarme, dejé que se convirtiera en mi sombra. No estaba segura de sí acepté salir con él, hace menos de medio año, por fuerza, ya que todos me manipulaban obligándome a empezar de nuevo, a seguir con mi vida; o porque le quería de verdad, o, simplemente, porque estaba a mi lado en cada momento. Pero había vuelto a hacerme sonreír, y aunque seguía queriendo encontrar a Harry, había empezado a darme un tiempo hasta seguir con ello, que quizá no acabaría.
Volvimos a la casa, ahora, de nuevo, era nuestro hogar. Vivíamos casi todos, excepto Lewis, Leo, Calum, Zack y Jaime, quienes estaban en México, decían que por ayudar a un amigo que les había pedido un favor. Pero, la verdad era que querían salir de su vida normal. Y no les culpaba, a mí también me hubiera venido bien olvidar que Harry podía estar muerto.
El resto vivíamos en la casa, compartiéndola y dividiéndola en cuatro parejas: Vanessa seguía con David, aunque estuvieron a punto de romper, ya que hubo un rumor de que él se había acostado con otra, pero pudo probar que era mentira y nunca supimos quien lo creo. Por otro lado, estaban Nolan y mi hermanita, lo sé, eran tal para cual, tan adorables como infantiles. Cuando les miraba me sentía feliz y orgullosa, aunque recordar la escena en la que él me había besado en el pasado, me perturbaba. Sin embargo, lo olvidaba en cuanto le veía mirarla, con orgullo, dulzura y deseo, no apartaba sus ojos cuando esta se alejaba de él, pero no la perseguía con preocupación o superioridad, todo lo contrario. Y por último estaba la nueva pareja, y por nueva, me refiero a que no hacía ni un par de semanas que habían empezado a salir. Estos eran Lance y la inocente Amelia. Verles juntos me gustaba, no tanto como ver a mis dos hermanos juntos, pero estos eran dos grandes personas y significaban mucho para mí, también. Después estaban dos personas vagabundeando por la casa, Mathias y Arthur, quienes siempre se quejaban de estar rodeados de parejas felices, pero se negaban a irse, y eso me tranquilizaba, no quería perder a nadie más.
La abuelita había partido hacía más de un año, al parecer había encontrado a otro vampiro de su edad con el que estaba empezando una relación. Lo sé, yo tampoco me lo esperaba, ni tan siquiera me la imaginaba enamorada o besando a alguien, pero me alegraba por ella. Recibía postales de esta, cada semana, sorprendiéndome con lo que hacía y contándome que era muy feliz, que esperaba que todos estuviésemos bien y que deseaba volver, aunque llevaba diciendo lo mismo un año y no volvía. No quería ser egoísta, pero verla se había convertido en un sueño para mí, quería abrazarla una vez más.
Dylan, se metió en la ducha, mientras yo recogía mi cuarto, cual ahora compartía con él. Le escuchaba cantar una balada horrible, casi tan aterradora como su voz, aunque tampoco era quien para meterme con su forma de cantar.
Al recoger la ropa, algo rodó hasta debajo de la cama, metí la mano para sacarlo cuando toqué una caja, sabía lo que había, por lo que respiré profundamente y me decidí a verlo una vez más. Me había hecho amiga de aquel camarero, su nombre era Tyler, y a pesar de ser humano y odiar a los vampiros, era uno de los buenos amigos de Harry, tanto que acabó cediendo e investigando su paradero mientras me iba enviando toda esa información y yo iba a aquellos lugares a buscarle, sin éxito, se movían más rápido que el viento y nunca se paraban mucho tiempo. Guardaba toda la información en aquella caja debajo de mi cama, para que no la descubriesen, pero ya era cosa del pasado, estaba en mis vacaciones y Tyler no había vuelto a hablar conmigo.
Volví a guardar la caja debajo y me tiré a la cama, temía pensar la verdad, lo que era más probable, temía pensar que Harry pudiera estar muerto. Pero... ¿dónde podía estar? ¿Cómo podía ayudarle o salvarle? O más bien ¿cómo podía encontrarle? Solo pedía verle una vez más, que aquellos ojos se clavaran en mi mirada y me lanzará a besarlo, aunque fuera una última vez. Me hubiera gustado cambiarme por él y ser yo la que se llevasen, ser yo la que quizá estuviera muerta, aun sentía como mi corazón latía velozmente en mi pecho al pensar en sus ojos, su sonrisa, incluso su cabello con aquellos imperfectos rizos que tanto me gustaba acariciar. No obstante, pensarlo si quiera, me avergonzaba, ahora estaba con Dylan, y le quería, no podía fantasear con fantasmas de mi pasado, por mucho que me excitase, al fin y al cabo, era muy probable que no le volviese a ver.