Me desperté temprano, Dylan a un dormía a mi lado, con la manta por la cintura. Me acerqué a él y le tapé del todo, sabía que no tenía frío, era un vampiro, pero mi mente seguía reaccionando de forma humana.
Me cambié en silencio, no quería despertarle, y cuando acabé me dirigí a la puerta, sin embargo, antes, dirigí una mirada a la caja que había debajo de la cama, no se veía, pero podía imaginármela, llena de fotos e información, llena de esperanza y tristeza.
Seguí mi camino intentando cerrar la puerta tras de mí con tanto cuidado como lo había hecho hasta ese momento, cuando una musiquita pegadiza y rítmica resonó por todas partes. Tragué saliva maldiciendo a todo en cuanto se movía y en cuanto terminé corrí a silenciar el móvil. Cuando conseguí colgar, observé la cama, rezando porque Dylan siguiese dormido, y, afortunadamente, así era.
Solté todo el aire que había retenido mientras miraba la pantalla y leía el nombre de mi padrastro. Ciertamente, era la única persona que me llamaba, sin contar a las personas que llamaban por publicidad, por eso aun guardaba aquel aparato.
En cuanto me di cuenta, la pantalla se encendió de nuevo y casi se me callo de las manos. Al de unos segundos, había corrido por el pasillo para llegar lo antes posible a la planta baja y no despertar a los demás, por suerte, eran difíciles de despertar, dormían profundamente.
Salí de la casa y atendí la llamada.
—¿Si?....¿Papá?....Oh, claro.... Ahora estoy libre, pero Cin....Pero ella...está bien, iré sola....Sí....Perfecto, nos vemos dentro de una hora en la cafetería de siempre....Adiós, te quiero.
Suspiré de nuevo, me había olvidado de mi padrastro, tanto que desde que mi hermana se convirtió no lo había vuelto a ver y, en ese momento me regañé de todas las formas posibles, ¿cómo podía haberme olvidado de él?
Me sentía tan culpable, sin embargo, tampoco podía mirar atrás, solo asegurarme a mí misma que no iba a volver a pasar.
Esperaba en la cafetería a que llegase mientras repasaba de arriba abajo a cada una de las personas que me rodeaban, imaginándome sus historias, dónde vivían, qué hacían allí, si tenían familia, en que trabajaban... era un juego al que jugaba de pequeña con mi hermana, nuestro padrastro nos lo había enseñado para entretenernos en los viajes largos en coche, al igual que el juego de elegir un color y contar quien era el que más coches de su color veía.
—Disculpa —pronunció una niña que llevaba una capucha puesta, pero pude ver el rojo en sus ojos, pude ver la falta de humanidad y las ganas de beber sangre.
—¡Espera! —aullé en vano, la pequeña ya se había ido de la cafetería y caminaba por la calle.
No quería abandonar a mi padrastro, pero aquella chica me daba miedo, era pequeña y estaba hambrienta, hambrienta de sangre humana. No podía permitir que hiciera daño a nadie y en sus ojos podía apreciar que no temía hacerlo, que no sentía nada por esas personas.
—Mierda —dije corriendo detrás de ella.
No tardo en meterse en un supermercado, por lo que entré, no obstante, entre tantos pasillos y personas la había perdido. Decidí buscarla por allí, pero corría el riesgo de que se fuera sin que la viese, por ello se me ocurrió un plan.
—Perdona, he perdido a mi hermana —informé—. Si ve a una niña con capucha negra y pantalones vaqueros, que va sola, ¿podría llamarme por el telefonillo y hacerla esperar?
—Claro, por supuesto. No te preocupes —aseguró la empleada— ¿Cómo se llama?
—¿Quién?
—Su... hermana.
—Oh, claro. Em... se llama Lydia...
—¿Y usted?
—¿Yo? ¿Qué importa eso?
—Para poder llamarla por telefonillo...
—Oh, ya... me llamo Lia.
—Perfecto, en cuanto la vea te aviso e informaré a mis compañeros por si acaso.
—Bien, muchas gracias.
Comencé a caminar para poder perderme por los pasillos, antes de que la señora se diera cuenta de que algo fallaba en mi historia, de que era una farsa.
Iba pasillo a pasillo, pero aquello era enorme, nunca la encontraría a ese paso, cuando la luz del último pasillo parpadeó, haciendo que mi atención se fijara solamente en ello. Hasta que una mano apareció dejando un rastro de sangre, y a continuación desapareció arrastrándose hacía dentro.
—¡No!— grité corriendo.
Tuve que esquivar un par de carros y unas cuantas personas, pero al fin llegué y me encontré con un c*****r descuartizado. Ahogué un grito y me tragué las ganas de vomitar, eso ya no era nada nuevo para mí, debía soportarlo, pero sin duda, lo peor de todo eran las inmensas ganas de beber sangre que me daba oler la sangre de aquel pobre humano descuartizado.
Una lata de aceitunas rodo hasta chocarse con mi pie e hizo que me diera la vuelta. Alguien me estaba observando, no obstante, eso me dio igual, aquel olor tan agradable en taponó mi olfato y me hizo andar tiritando, no podía creer que estuviera allí, que lo hubiera encontrado.
Miré por la esquina, observando el final y viendo una silueta que vestía de n***o, con un cabello suave y largo, marrón y rizado. Podía reconocerlo en cualquier lugar, podía haberlo reconocido incluso si se lo alisaba y se cambiaba de color, lo cual no me hubiera gustado, era demasiado perfecto.
—¡Harry! —bramé lo más fuerte que pude corriendo hacia él— ¡Harry soy yo, soy Lia!
De pronto la silueta frenó, lo que causo que yo hiciera lo mismo, asustada y emocionada.
—¿Harry?
La silueta fue a girarse, pero se quedó en la mitad, pudiendo ver su oreja y poco más. Después salió corriendo y le perdí.
—¡Harry, espera!
Le seguí copiando sus pasos, pero cuando llegué a la casa, todo ser viviente estaba muerto y decapitado.
—No... no puede ser... —no quise creerme lo más evidente, no quise hacerlo.
Entonces la empleada del principio salió de su escondite, cubierta en sangre, pero viva.
—¿Li...a?
—Tranquila, todo va a salir bien, no te preocupes— mentí sin saber que decir— Dime, ¿qué ha ocurrido?
—Unos... un ser con ojos rojos y colmillos a masacrado a tod... a todos.
—¿Sabes quién era? ¿o cómo era?
—Su... su pelo era marrón, largo y con rizos.
—No...— susurré sin querer escucharlo.
—Al principio... sus ojos eran... eran verdes... parecía un buen chico, era apuesto, pero todo a cambiado... cuando esa niña... sí, a sido todo por ella...se la han llevado... Espera— me dirigió una mirada en la que pude ver miedo, terror y despreció, pero me lo dirigía a mí— ¡Era tu hermana!
—No, no lo es —negué sin querer perder tiempo explicándole lo ocurrido, al fin y al cabo, tampoco lo entendería— Escúchame e intenta recordar, ¿qué han hecho con la niña? ¿la han matado?
—No... no lo sé, creó que no, solo se la han llevado.
—¿Se la han? ¿No decías que solo había una persona?
—Solo uno de ellos ha matado a todos, pero... pero después han aparecido más, se han llevado a la niña y al chico...— dijo pensando, como si hubiera algo más.
—¿Cuál es tu nombre?
—Malia.
—Bien, Malia, quiero que me mires y entiendas que estas a salvo, que todo lo malo ha pasado y que debes tranquilizarte —la chica asintió insegura—. Ahora dime, ¿qué es lo que no me has contado?
—Yo... —dudó como si se sorprendiera de que la hubiera pillado— Solo... es que... escuché un nombre.
—¿Cuál? —quise saber presionándola— ¿Cuál es el nombre?
—Es... el nombre es...
—Por favor, es importante.
—Harry.
—No —repetí queriendo negarlo— No puede ser, él no mata... no lo haría.
¿O tal vez sí?