Samuel hablaba con uno de ellos mientras las agujas del reloj se movían marcando mi fin. Habían pasado veinte minutos y mi corazón sentía como cada segundo se apagaba más. No quería morir, no ahora, no por él. Observé mi alrededor mareada, me habían drogado con algún liquido extraño. Todo daba vueltas, mi piel no dejaba de sudar y la voz de mi asesino resonaba por todas partes. Me encontraba tirada en el suelo, moverme me mareaba más, pero quedarme acabaría con mi vida. De pronto, uno de ellos salió corriendo dejando la puerta abierta. Miré a Samuel, estaba concentrado en el hombre con el que no había dejado de hablar, por lo que vi mi oportunidad perfecta. Me levanté, o más bien, me arrastré, en silenció. Asegurándome que no me veían, y me moví intentando olvidarme que todo a mi alrede

