Al fin llegué. Todo estaba en silencio, oscuro y desierto. Si hubiera sido una película me hubiese arriesgado a decir que algo malo acechaba entre las sombras. Sin embargo, no quise escuchar mi destino, solo pensaba en el estúpido de Harry. De nuevo me adentré en otra fiesta, y como no, era de vampiros. —Estúpidas fiestas —escupí y pronto me di cuenta de que no estaba siendo yo misma, estaba siendo él. —A mí tampoco me gusta las fiestas —dijo un chico a mi lado. —Creo que es distinto tu odio y el mío. Ni le miré a la cara, no me apetecía socializar. —Bueno, en realidad solo odiamos a personas distintas. —Ya, ¿y tú a quien odias? —A todo el mundo —señaló y me sonrió—, menos a ti, pareces buena chica. Le dirigí una mirada, era un chico algo mayor, me miraba fijamente mientras me son

