CAPITULO 122

1649 Palabras

El último amanecer en Suiza fue silencioso. No por tristeza, sino por gratitud. Maroon y Armin despertaron abrazados, cubiertos por una sola manta en la cama deshecha de la cabaña, con el fuego de la chimenea todavía encendido como si se resistiera a apagarse. Ella fue la primera en levantarse. Se paró frente al ventanal, completamente desnuda, con la nieve cayendo suave al otro lado del cristal. El lago congelado al fondo, las montañas cubiertas de blanco… y en su reflejo, una mujer fuerte, nueva, casada, feliz. —¿Sabes? —dijo, sin girarse—. Nunca pensé que el amor pudiera ser tan… tranquilo. Armin se acercó por detrás, la abrazó por la cintura y apoyó su mentón en su hombro. —Y sin embargo, contigo, hasta el caos se siente como hogar. Empacaron en silencio. Cada prenda, cada objeto

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