El cielo de Inglaterra estaba cubierto por un velo de nubes grises que parecían prometer lluvia, pero eso no detuvo la emoción de Maroon al bajar del avión. Vestía sus inseparables gafas oscuras y una chamarra de cuero, mientras Diego la abrazaba por detrás con esa sonrisa confiada. Ambos estaban listos para su nueva aventura, sin imaginar lo que el destino les tenía preparado. Llegaron al hotel, uno de esos lugares elegantes con detalles victorianos y un aire de lujo clásico. El recepcionista los miró con una mezcla de respeto y curiosidad: una estrella del BMX y un surfista tatuado, juntos, parecían sacados de una película. Subieron a la habitación sin perder tiempo. En cuanto cerraron la puerta, la tensión explotó. —¿Sabes qué es lo que más me gusta de viajar contigo? —susurró Diego

