Maroon salió del café con pasos firmes… pero por dentro era una tormenta desatada. El aire de Los Ángeles era cálido, pero su piel estaba helada. El corazón, al galope. Y por primera vez desde que era niña, sentía que las piernas le temblaban. No miró a nadie. No devolvió saludos. Caminó con la mirada perdida, como si el mundo se le derritiera a los costados. Entró al primer bar que encontró. Una esquina oscura con luces de neón y olor a humo viejo. Se sentó en la barra, sin quitarse los guantes ni el casco de la bici que aún colgaba de su mochila. El bartender se le acercó. —¿Qué te sirvo? —Un tequila doble. Sin sal. Sin limón. Sin conversación. El hombre solo asintió y cumplió. Maroon tomó el vaso y lo bebió de un solo trago. El alcohol le ardió en el pecho, pero no tant

