El elevador llegó con un ding suave al último piso del penthouse. Armin salió arrastrando su maleta con una mano y el celular en la otra, aún con la sonrisa tonta que le dejó ver a Maroon volando en la competencia. Pero esa sonrisa se desintegró en cuanto levantó la vista. Allí, parada frente a su puerta, como si el tiempo no hubiera pasado, estaba ella. Su ex. Alta, impecable, fría como el mármol. Sosteniendo una pequeña bolsa en una mano y un gesto que no supo si era desesperación o manipulación. Armin se detuvo en seco. La mandíbula tensa, los ojos convertidos en cuchillas. —¿Qué mierda estás haciendo aquí? —espetó con la voz baja, cargada de furia. Ella respiró hondo. —Por favor, Armin… tenemos que hablar. —Te dije que no me buscaras nunca más. —Dejó caer su maleta—. No po

