Bajaron del escenario entre aplausos, silbidos y carcajadas de toda la gente del bar. Maroon todavía se reía, con la cabeza echada hacia atrás, mientras caminaba tambaleándose hasta la barra. Se agarró de Armin para no caer, pero más parecía que lo arrastraba consigo. —¡Eres una maldita leyenda, Stein! —gritó entre risas, dándole un empujón amistoso en el pecho. Armin, con el corazón todavía acelerado, la miraba como si no entendiera en qué momento había dejado de tener el control de su vida… y en qué momento le había gustado tanto perderlo. Se apoyaron contra la barra, riendo como dos locos escapados de un manicomio. Ella levantó su cerveza para brindar. —Por la vida, cabrón. —dijo, sus ojos verdes brillando como llamas. Armin chocó su botella contra la de ella, la risa todavía e

