Casa Stein – 9:43 p.m. – Una semana después de los Juegos Olímpicos El living estaba tranquilo. Los niños dormían. Max roncaba sobre una caja de pañales abierta. Y Armin lavaba biberones en la cocina con una sonrisa estúpida de papá orgulloso. Maroon caminó por el pasillo hasta llegar a esa pared. La pared de los trofeos. Allí estaban: Su primer medalla nacional, llena de polvo. La bicicleta de competencia en miniatura. Fotos de podios. Lesiones. Momentos duros. Sonrisas de antes. Y en el centro… un espacio vacío. Armin se acercó con una cajita blanca. Dentro: la medalla olímpica. —¿Lista? Maroon asintió. La tomó. La acarició. Y murmuró: —No pesa por ser de oro. Pesa porque está hecha de todo lo que tuve que romper para llegar aquí. La colgó. Justo al centro. La

