CAPITULO 128

1427 Palabras

Zúrich, Austria – Hotel cinco estrellas, penthouse de Rei Kanagawa Maroon no tocó la puerta. La pateó. —¡KANAGAWA, SAL O TE ENTRO A MADRAZOS! —gritó desde el pasillo. Dos miembros del staff de la escudería intentaron detenerla. —Señorita, no puede... —¡PENDEJOS! ¡QUÍTENSE ANTES DE QUE LOS META EN LA PARED! A empujones, furiosa, con los ojos desbordando lágrimas que no eran de tristeza, sino de furia sagrada, Maroon irrumpió en el salón del penthouse. Y ahí estaba Rei. Sentada, impecable, tomando té como si fuera emperatriz de un imperio podrido. —Mira nada más —dijo Rei sin inmutarse—. La esposa de porcelana cruzó el océano. Maroon no respondió. Le metió un puñetazo directo a la boca. Rei cayó sobre la mesa de centro. La taza voló. La sangre salió del labio. Y entonces el caos

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