Casa Stein – Un par de días después del ultrasonido Armin y Maroon estaban sentados en la sala de su casa, envueltos en una manta, con la taza de té humeando y los pies enredados. En la mesa frente a ellos: las dos ecografías. Una para cada bebé. —¿Estás listo para decirle? —preguntó Maroon, tragando saliva. —No. Pero ya lo estoy haciendo —dijo Armin, marcando el número. La videollamada tardó un poco. Y entonces apareció en la pantalla Elisabeth Stein, la madre de Armin: cabello blanco impecable, collar de perlas, copa de vino en la mano, y expresión de “algo me ocultan, cabrones”. —Armin, Maroon… ¿por qué me llaman en sábado tan temprano? ¿Qué hicieron? —Hola, mamá —dijo Armin, con una sonrisa de niño—. Nada grave. Solo queríamos verte. Y contarte algo. Elisabeth entrecerró los o

