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2266 Palabras
Arthur. Chiquilla tonta. Ella pagará todo lo que me ha hecho su maldita familia. Si piensa que nuestro matrimonio será perfecto, está equivocada. El infierno recién empieza. Termino mi baño, me envuelvo en el albornoz al salir del baño lo primero que veo es a ella, su cuerpo desnudo en mi cama es como una escultura perfecta. No pensé que fuera virgen, después de todo ya que la vi en varias ocasiones con ese tipo. No voy a mentir, me siento satisfecho sabiendo que fui el primero. Ella no tiene idea de todo el dinero que pagué por tenerla. Cuando empecé a obervarla apenas tenía 14 años, después le propuse un trato a su padre, quién no dudo en aceptarlo. Cuando sepa quién soy realmente lamentará por haberme vendido a la chiquilla. No cabe duda alguna que Demetrio no tiene corazón y tampoco la quiere, si no fuera yo quien la compra estoy más que seguro que la vendería al mejor comprador. ¡Mierda! Lo mejor es no pensar en eso. Imaginar a mi ahora esposa en manos de otro hombre me enfurece. Ella es la presa perfecta para saciar mi odio, sin embargo no me gustaría que otro hombre la tuviera. Me acerco a la cama y le arrebato las sábanas de su cuerpo. Está desnuda y su cabello rubio se esparce por las almohadas, me pongo duro con sólo mirarla. Increible, ella hace que sienta esto. -Despierta- replico con voz autoritaria a lo que ella se remueve en la cama, se levanta bostezando, restriega sus ojos y mi observa de mal modo-Tenemos cosas que hacer. -¿Qué cosas?-Inquiere negando. -Sólo levántate, no me gustan las perezosas- Le Ordenó, nuevamente se recuesta, camino con pasos rápidos hasta la cama me inclino y la tomo del brazo con fuerza. Ella se queja, pero la ignoro, la jaloneo hasta el cuarto de baño -Date un baño, y al salir, inmediatamente te quiero abajo. No me hagas esperar. -Ay te pasas eh, pareces un loco- esta chiquilla que se cree -Alijerate o te daré unos buenos azotes en ese trasero. -Vale, está bien- Cede asintiendo, sabe que no tiene opción. Al entrar cierra la puerta del baño, mientras que yo me acerco a la cama para mirar rastros de sangre. Sonrió como un estúpido recordando que fui el causante. Mi pene ha sido el único en estar en su interior Ella es mía, Cariza Goldy, es toda mía. Salgo de la habitación, le ordenó a la sirvienta que limpie este desastre, en la habitación, voy al comedor para desayunar. Me siento en la silla al final de la mesa, Carmen me sirvan el desayuno. La chica morena con la que tenía sexo me guiña un ojo y sonríe, mientras deja los cubiertos. -Buenos días señor- Se acerca toda coqueta. -¿Crees que puedes sonreírme?-inquiero molesto-Te pago para trabajar no para sonreír. Sírveme que para eso estas aquí. Ella me mira con los ojos bien abierto pero termina asintiendo. ¿Piensa que tiene derecho sólo porque nos hemos acostado? He tenido encuentros con ella y admito que es una experta en la cama, pero no la quiero para otra cosa que no sea follar. Ahora tengo a mi esposa y no pienso ser infiel no por ahora. Soy un hombre que jamás sentirá amor por nadie, aunque esté casado. Lo mío con las mujeres sólo es placer y lujuria. Tengo veinticinco años de edad bueno pronto los cumpliré, poseo lo que deseo sin restricciones. Nadie puede cambiar mis ideales, soy un tanto arrogante, presumido y uno de los empresarios más ricos del país. Fui pisoteado antes de llegar a donde estoy, antes era un pobre diablo, ¿pero ahora? Un gran magnate deseado por miles de mujeres. El Arthur de antes murió y ahora lo tengo todo. Cariza por fin baja al comedor y no puedo dejar de mirarla. Ese vestido se ajusta muy bien a su pequeño cuerpo. Sé que tiene sólo diecinueve años, le llevo casi seis años y sus padres me cedieron el permiso para casarme con ella. Lanzaron a su hija a la boca del lobo, sin tener idea de lo que les espera -Buenos días-Saluda tímidamente con esa voz que no asusta ni a una mosca. -Siéntate, y come- Replique con tono hostil- Iremos de paseo en caballo, así que no demores. Sus ojos azules se abren con sorpresa. -¿Iremos? -¿Acaso estás sorda?- Pregunté exasperado-Ahora come. Asiente mientras la sirvienta le sirve el desayuno. Cariza empieza a comer su tocino como si de un pajarito se tratara, me irrita que sea tan inocente. Mientras desayunamos no quito la mirada de ella. Algo en mi interior se remueve y la culpa me invade. ¿Por qué le haces daño? Ella es muy sensible. Mi voz interior me reprocha, niego con la cabeza quitando ese pensamiento. Soy esto, me han convertido en un diablo. Mi parte buena ha muerto, nadie lo va a revivir. Cuando terminamos de desayunar, nos dirigimos a los establos. Le pido al encargado que prepare la silla de montar y las riendas. -¿Cuál de los caballos jefe?- Pregunta Diego. Cariza está mirando con fascinación a los animales. -Trae a Poderoso-Le respondo a Diego. -Por supuesto señor, enseguida. A los minutos vuelve con mi gran corcel n***o. Poderoso se ve imponente, me acerco para acariciar su pelaje es mi gran amigo, el no se deja dominar por ningún jinete. Al único que obedece es a mí, su dueño. -¿Es tuyo?-Pregunta Cariza con curiosidad. -Sí, todo lo que hay aquí es mío-Respondo, y agrego- Incluyéndote a ti- Sus ojos azules no dejan de observar a Poderoso. -Uhm, si, lo que digas-Replica, antes de poder articular palabra alguna, ella se acerca a mi caballo. -¡Oye! Ten cui... -Las palabras se me quedan estancadas al ver como Poderoso se deja acariciar por ella. Cariza sonríe con sinceridad, es la primera vez desde hace mucho tiempo que veo su sonrisa. Me parece sorprendente, Poderoso suele ser bravo con otras personas. Es una lucha para los cuidadores poder tocarlo. -Es hermoso -Cariza no deja de sonreír -Hola Poderoso, soy Cariza. No puedo apartar mis ojos de ella. Luce tan dulce e inocente. -Apártate pequeña. Subiré luego lo harás tú. Sus ojos azules no dejan de brillar, asiente entusiasmada. Es la primera vez que alguien más montará a Poderoso. Siempre fui el único. -Te portas bien amigo-Le ordeno mientras acaricio su pelaje. Este asiente obediente, levanta una pata y bufa. Le ofrezco mi mano a Cariza, ella acepta mientras la subo. La posiciono enfrente y yo detrás. Poderoso emite el típico ruido de los caballos. -Vamos amigo-Digo y Poderoso empieza a andar-No tan rápido. Escucho la risita de Cariza, mantengo mis manos en su cintura. -Es magnífico-Susurra para sí misma. Su sonrisa es hermosa y única. Niego y me recuerdo que nada de ella debe apaciguarme. *** Luego de mostrarle algunos lugares dentro de la finca, decido mostrarle el pequeño lago en que suelo nadar los fines de semana. Ato a Poderoso en un árbol, el agua se ve más cristalina de lo normal. -Este lugar es muy hermoso- Cariza habla nuevamente, y ruedo los ojos. Joder todo es hermoso para ella. Empiezo a quitarme la ropa y sus ojos se agrandan. -¿Qué haces?- Pregunta cohibida. -Vamos a nadar- Me quito mi pantalón-Tú harás lo mismo. Niega abrazándose a sí misma. -Estaré aquí, no deseo mojarme- Estoy perdiendo la paciencia. -Lo que tú digas o pienses, no se acepta, pequeña. Acá el que manda soy yo, así que desnúdate. Nadie te verá más que yo. -Pero... He tenido suficiente, su aliento se detiene cuando la volteo y bajo el cierre de su vestido. -Mis deseos son órdenes, chiquilla, si quieres llevar la fiesta en paz, has lo que yo digo. Me presiono contra ella, inhalo su cabello que huele muy bien. Aparto su cabello rubio de sus hombros para besarla, se estremece por el tacto, es en serio, se que le encanta, no puedo evitar sonreír por su actitud. -Ven-Tomo su mano y juntos nos metemos al agua. Ella jadea, se aferra a mi cuerpo con fuerza envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello. -Arthur-Se queja-No sé nadar. No me sorprende, es normal en alguien tan débil como ella no sepa nadar. -Sostente- Le pido con burla. Mis manos van a sus nalgas, la obligo a envolver sus piernas a mí alrededor. -¿Qué haces?-Balbucea cuando acerco mis labios a los suyos. -Besarte, eres mi mujer Cariza. Puedo besarte. -Lo soy, pero no por elección propia-Me desafía- Y no, no quiero besarte. Una de mis manos va a su barbilla, la obligo a mirarme fijamente. Ella se queja cuando aprieto su mejilla pero no me importa. -Si no obedeces la pasarás muy mal ¿entiendes?-Gruño molesto-Pero tú y yo sabemos que deseas besarme cierra la boquita. Entonces uno mi boca con la de ella y atrapo su lengua. La succiono y mordisqueo su labio. Cariza gime, mientras sonrió satisfecho. Ella quiere esto al igual yo, empiezo a bajar su ropa interior luego acaricio su centro, deleitándome por la forma en que susurra mi nombre. -Lo deseas tanto como yo-declare excitado-No te mientas. De un jalón rompo su bikini, bajo mi bóxer y ya rígido froto mi erección contra su entrada. -Aún sigue doliéndome- Susurra contra mis labios. -Cuando el placer llegue, olvidarás el dolor, Mía moglie-Susurré excitado. Le quito su sostén para llevar mi boca a sus pechos. Estos se endurecen al instante que los lamo. No son los más grandes que he visto, pero son perfectos y redondos. -Arthur... Sostengo sus nalgas para luego introducir mi pene en su interior. -Te gusta chiquilla-gruño Ella emite un sonido desde su garganta, no sé si es de dolor o placer mientras sus ojos se cierran. Empiezo a moverme, penetrándola lentamente, el agua empieza a salpicar nuestros cuerpos. -Mírame. Abre sus ojos azules, me observa acalorada, atrapa su labio entre sus dientes. -¿Dime te gusta esto?- Pregunto, bajando mi boca a sus pechos al mismo tiempo que me muevo en su interior. -No lo se- murmura excitada, decido tomarlo como un sí. Mientras chupo sus deliciosos pechos rosados, ella muerde mi hombro y eso me excita aún más. -Quiero que grites mi nombre- Exijo- Di mi nombre ¡ahora! -¡Ah, Arthur!-Grita- ¡Arthur! Empiezo a salir del lago con ella aferrada a mí ya es un poco incómodo estar en el agua. Luego me recuesto con ella sobre el pasto, y sigo embistiéndola hasta llegar al orgasmo. Cuando al fin llegamos, aprieto mis dientes, y veo como mi semen se esparce en su interior. Cariza me mira agotada, suspira y me pregunto cómo es capaz de manejar la situación. -Vístete-Digo entre jadeos- Debemos irnos. *** Cuando llegamos a casa, Cariza ni siquiera me mira, sube a la habitación. Me imagino que está molesta, no puede negar cuanto me desea. Siempre será de esa forma, todavía sigo recordando quién es ella. No lo olvido. Entro a la cocina encontrándome con Violeta -Lleva algo de frutas y una botella de vino a mi habitación-Le ordeno-Ahora. Me mira con arrogancia. Es en serio. -¿Para su esposa también señor?-Aprieto mi mandíbula. -No es de tu incumbencia- Murmuro apunto de decirle cual es su lugar. -Has lo que ordeno si no quieres ser despedida. Me mira de una forma que no puedo entender, pero no le doy mucha importancia, ya que subo a mi habitación en busca de mi esposa. Cariza está en la cama mirando sus manos. -¿Puedo preguntarte algo?- pide. -Dime-Cierro la puerta de mi habitación, luego me quito la camisa. -¿Qué pasara con mis estudios? -Puedes seguir yendo a la secundaria, no tengo problemas con eso- Respondo- Iré a recogerte todos los días, ni se te ocurra huir porque vas a lamentarlo. Me mira. -¿Qué le diré a mis amigos? -Nada sobre mí, no le digas que estamos casados. -¿Por qué? -Porque no y punto-Asiente dudosa. -¿Qué tratos tienes con mi padre?-Inquiere curiosa. Sonrío sin dejar de mirarla. Su fracasado padre estaba quedándose en la calle y vendió a su hija a cambio de una gran cantidad de dinero para pagar su mal manejo. -No te gustara saberlo, pequeña. Hay cosas que no deberías saber- Es todo lo que respondo, dejamos de hablar cuando tocan la puerta. Abro encuentrandome con la sirvienta. -Señor traigo las frutas y el vino. -Déjalo ahí- apunto hacia la mesita. Sus ojos se abren cuando ve a Cariza, puedo ver que hay odio en su mirada ¿Qué mierda? ¿Qué esperas para largarte? espeto enojado- Fuera de aquí. Ella se sobresalta, deja rápidamente la bandeja sobre la mesita. Noto que sus ojos empiezan a volverse llorosos. -Con su permiso, señor- Tartamudea retirándose. Cierro la puerta de un portazo, me paso la mano por el pelo. Espero que Violeta no sea una molestia o me veré obligado a sacarla a patadas de mi casa. -¿Te revolcabas con ella?- Pregunta Cariza. -¿Importa? No responde, me sirvo un poco de vino, estoy más que molesto. Luego continuó. -Recuerda mis condiciones- Digo-Cuando finalices la secundaria y te gradúes, no me importa que sepan que estás casada. Pero ahora es mejor mantenerlo en secreto. Me mira con los ojos llorosos. ¿Ahora qué? -¿Hasta cuándo estaremos casados?-Pregunta tartamuda Sonrió fríamente. -Hasta que me aburra- Declaró burlón. Oh pequeña, si supieras que esto recién está empezando.
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