Cuando llegan a la sala de interrogatorio, el hombre que Gaby había dejado inconsciente se encontraba sentado con las manos esposadas sobre la mesa y la cabeza gacha. Gaby y Noe entran en silencio ocupando cada uno una de las sillas situadas en el lugar. Al otro lado del vidrio, en la habitación continua, la sala de expiación, se encontraban Esposito y los demás preparados para observar la escena que se iba a producir en unos instantes. —Nombre —exige Gaby mirando el expediente que tenía en sus manos. —Estoy seguro que ahí lo dice —responde el hombre. —Olvidemos el protocolo y dinos a donde llevaban a esas mujeres —interviene Noe. El hombre la mira y muestra una media sonrisa condescendiente. —No lo sé —miente. —Eres de Estados Unidos, ¿verdad? —habla Gaby mirando el expediente—. No h

