Aquello había resultado mejor de lo que creía, ella sentía lo mismo, hablando un poco más se había dado cuenta que ella había estado celosa, algo que le pareció tierno, pero sabía que debía hacerle entender que ya no quería más ese pasado, quería un presente y un futuro, y quería que ella formase parte de, es así que le había pedido que se casara con él y que vivieran en su palacio, habría querido decirle que se quedaran pero sabía que eso no era posible, ella había aceptado de buena gana, pero le había pedido tiempo para que otra ocupara su lugar. Cosa que ocurrió 3 meses después, él iba a visitarla y a veces se quedaba.
- He pensado –ella le observa atenta, están en aquella montaña, era especial para ellos de muchas maneras que no acabaría de enumerar– en solicitarle a Atum que nos permita tener un hijo pronto –se pone derecha al escuchar aquello, sus mejillas, oreja y cuello se ponen rojas.
- ¡Kaled! –chilla avergonzada, él parecía tan tranquilo–, que cosas dices –se cubre la cara.
- Nunca desee nada como ahora, deseo formar una familia, y como sé que Atum se toma su tiempo con ese asunto, es mejor solicitarlo desde ahora –se acerca y besa su cabeza, la abraza, le gustaba su olor a tierra, viento y manzana, era una combinación tan relajante. Siente como le abraza.
- No debería permitirte sugerirme estas cosas –su voz sale amortiguada por esconder su rostro en su pecho–, pero que le vamos a hacer, ambos somos insensatos –la verdad es que le ilusionaba eso, había visto al pequeño de su señora, ella quería experimentar la maternidad de nuevo.
- Esa es mi chica –se separa suave y la besa de manera casta en los labios, esta vez quería todo con calma, quería descubrir, aprender y formar un lazo irrompible, duradero y sincero–, espero con ansias a la chica de blanco dentro de una semana –dice sobre sus labios, ella sonríe.
- Esa chica te promete que estará a tiempo –ahora es el turno de él de sonreír, vuelve a besarla mientras el sol se oculta, tenía la certeza que la vida sería mucho mejor ahora, y no se equivocaba.