Esa mañana había despertado más temprano de lo habitual, quizás eran todos los pensamientos que se arremolinaban en su cabeza los que le habían ahuyentado el sueño, así que prefería distraerse antes de comenzar a cocinar o incluso, atender a algunos pacientes.
Con arco y carcaj en mano, había ido al pequeño punto que usaban para entrenar tiro con arco, era algo que le gustaba mucho y lograba relajarla, los niveles de concentración eran muchos, así que sólo pensar en eso le bastaría.
Observa el objetivo, prepara la flecha, cierra los ojos, suspira y al abrirlos suelta la flecha, sonríe cuando esta da en el blanco. Prepara otra y dispara, luego otra tirando a otro blanco, una a una fue acertando en el medio de la diana.
- Bien pudieron pensar en ti al interpretar a Diana cazadora –su voz logra hacer que de un respingo por la sorpresa, se gira a verlo con el corazón desbocado.
- Creo que exageras –dice con calma, guarda la flecha que tiene en su mano.
- Ni el mejor de mis hombres es tan preciso como tú, has dado 3 veces en el mismo punto –dice viendo las flechas atravesadas por otra.
- Estoy segura que ellos no tienen tanta calma como yo –miraba atenta las dianas, a decir verdad, se sentía extraña ante sus cumplidos, aunque si fuese sincera, diría otra cosa, pero sabía con total certeza que él sólo estaba siendo amable, y no debía confundir aquello.
- Ni tanto entrenamiento –se gira a verla, el sol recién salía, le daba un aspecto etéreo.
- Te llegó otra carta, son muy madrugadores –dice extendiéndole el sobre.
- Llevo un tiempo aquí y no les he visto, ¿tú señora no vendrá? –mira la carta, sabía que era de Elek, cada tanto le pasaba reportes del pueblo.
- No, creo que siguen de vacaciones –le ve alzar una flecha, la lanza tan rápido que no se da cuenta hasta que algo grita–. Es un renegado, les atrae la desesperación de los que llegan –a lo lejos observa a una criatura clavada en un árbol–, llegaran más hasta que ese hombre se recupere –dice con calma–, será mejor que vayas a desayunar, debes ir a trabajar –su tono era demasiado serio para su gusto, ni siquiera lo veía, y eso, por alguna razón, le molestaba.
- Te ayudaré –se acerca a ella, Sky niega sin girarse a verlo.
- Son flechas especiales, no podrás hacerles nada –miraba atenta todo, no podía bajar la guardia. Estaba bastante segura que el renegado era por el hombre y no por las emociones negativas, debía calmarse, ella era una sacerdotisa, una ayudante de Diosa, debía ser mejor que esto, una mujer celosa, ¿de qué? Ella sabía muy bien que algo entre un Dios y un ser como ella era imposible, él ni siquiera la veía como una mujer, para él, la única era su señora, y no la culpaba, era una mujer fuerte, hermosa, inteligente y bondadosa.
- Al menos, permíteme hacerte compañía –sujeta su codo, al menos podría mirarle de reojo.
- No es necesario, será mejor que te vayas –se suelta intentando no parecer brusca, le escucha suspirar antes de oír sus pasos alejarse, era mejor así.
Había querido decirle que se quedaría, pero parecía estar enojada más que preocupada, no entendía porque, ¿había dicho algo incorrecto?, ¿se había sobrepasado de alguna manera?
No podía pensar en nada que pudiera ponerla de ese humor, abro la carta y leo con detenimiento todo, no había cambiada nada desde mi partida, me sentía bien y creo que era capaz de volver a mis labores, sin embargo, no quería, me gustaba la tranquilidad de este lugar, la convivencia con el resto de los rehabilitados, como me gustaba llamarnos, pero sobre todo, me gustaba su compañía, su risa, sus explicaciones, la forma en que sus ojos brillaban o su cara de concentración, quizás ella había adivinado aquello y se sentía incomoda, quizás había visto más de lo que de verdad había.
Se había dado cuenta que ahora quería saber cuando volvían para poder invitar a Sky a su palacio, ¿en qué momento la idea de recuperarla había sido desplazada? Quizás en aquel baile, o quizás mucho antes sin darse cuenta, acaso, ¿está también era una segunda oportunidad? Todo era tan confuso.