III

685 Palabras
Sky le mostraba el lugar y le hablaba de cómo se había fundado ese pequeño pueblo. - Las personas decidieron quedarse aquí al mejorar sus vidas, se asentaron a la orilla del santuario y comenzaron a sembrar, cada cierto tiempo nos traen provisiones para los nuevos, ahora no hay muchos, salvo usted y otros 2 que están siendo atendidos –dice mirando al frente, debía admitir que ese jardín era hermoso, estaba rebosante de vida. - Supongo que mi estado me trajo aquí –dice bajo tras un momento de reflexión. - Es muy probable –asiente mientras se acerca a unas bancas hechas de troncos caídos, lo invita a sentarse bajo la sombra. - Para irme de aquí, necesito hacerlo a la antigua, ya que no puedo usar mis habilidades fuera de mi palacio –se sienta con cuidado, no había notado lo mucho que su cuerpo había cambiado, o más bien dicho, deteriorado. - Uno de los aldeanos podría llevarlo, pero antes, debe recuperarse por completo, y este es el lugar correcto –le sonríe con calidez, sabía por su señora lo atormentado que estaba el Dios, sabía lo que eso le provocaba a las personas, en todo el tiempo que llevaba sirviendo a la Diosa, sólo 2 veces había visto cómo se consumían. - Parece que hubieses visto la cosa más desagradable –dice bajo–, esa cara pongo cuando pienso en ese imbécil –ruda los ojos, Sky ríe bajo negando. - Sólo recordé a los que dejaron que todo lo negativo los consumiera, fue algo muy triste de ver –mira al frente, pierde su vista en el cielo–, sé que no es mi culpa, sin embargo, siempre creo que pude hacer algo más, ser mejor –cierra los ojos y suspira. - No es tu culpa que fuesen idiotas, incluso yo sé que no vale la pena morir por eso –sonríe con ironía–, al menos eso pienso ahora que estoy aquí, pase tanto tiempo queriendo lograr algo imposible que olvide las pequeñas cosas, como el sol, no sé si el palacio habrá influido en mi sentir, después de todo, ahí estaban todos esos recuerdos –mira al mismo punto que ella, había estado tan cegado. - No lo pienso siempre, sólo a veces –se sienta en el suelo, le gustaba la sensación del pasto y las flores a su alrededor, además, algunas hadas habían decidido vivir aquí por el gran afecto que le tenían a la Diosa. - Quisiera decir que no pienso lo mismo una y otra vez, es una obsesión de la que no puedo salir –dice sincero, estar en aquel lugar le traía mucha paz. - Para esto estoy aquí, para ayudarlo, darle esperanza, pero le advierto que no será nada sencillo, algunas veces tendrá que olvidar que usted es un Dios todopoderoso, y será tratado como a cualquiera de los que se acercan por ayuda, si esta de acuerdo con esto, creo que no tendremos problemas –se gira para verlo mejor, él mantenía la vista en algún punto lejano. - Supongo que es algo justo –rueda los ojos y hace una mueca de disgusto–, y bueno, si será así, podrías dejar de hablarme de usted, a final de cuentas, no soy un Dios todopoderoso en este lugar, ¿o sí? –pregunta alzando una ceja, Sky ríe ante el contrataque con sus propias palabras. - Bien, sonará extraño llamarte Señor hablándote de tu –frunce el ceño, eso le parecía muy raro. - Entonces, no me llames señor, sólo Kaled –sentencia serio–, además, así creo que tengo más años de los que en realidad son, y de por sí ya me veo lamentable con esta apariencia nada atractiva, imagina si me sigues diciendo señor –rueda los ojos, una pequeña sonrisa quería escaparse de aquel rostro serio. - Muy bien Kaled, sólo no digas que no te lo advertí –se encoge de hombros restándole importancia a aquella advertencia, sí quería ser tratado como a todos los demás, así sería.
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