“Hola… otra vez.”
Me había perdido en mis pensamientos y no me di cuenta en el momento en el que Max y Blemir aparecieron al lado mío.
— ¿Qué pasa? — Pregunto Blemir y estiro su mano para poder tomar el papel que tenía.
— Nada. — Dije y cerré de golpe la mano protegiendo el pequeño papel que tenía.
— Bueno pues yo me voy. — Dijo Max mientras caminaba para quedar frente a mi. — Todo quedo pagado y puedes irte a casa tranquila. — Dijo pero ni siquiera me miro, tenia la vista clavada en el piso.
— Gracias, por todo. — Estire mi mano para tomar la suya pero él dio un paso atrás para alejarse.
— Bueno adiós. — Se dio la vuelta y antes de que pudiera alejarse más grite.
— Max! — Quise levantarme de la silla de ruedas pero la mano de Blemir me detuvo. — Max ¿crees que me pueda ir contigo? — Max giro de golpe y por fin me miro.
— ¿Conmigo? ¿Porqué? — No se acerco pero al menos no se fue.
— Quiero ir por unas cosas a la mansión. — Blemir entendió lo que quería decir y quito su mano de mi hombro. — Pero no tardo te veo en un rato. — Gire para ver a mi novio, pero era ahora él quien no me miraba. — Te marco cuando llegue. — Quise tomar su mano pero tomo la misma actitud que Max tuvo hace un rato.
Solo poder como daba unos pasos hacia atrás mientras que Max se acercaba para empujar la silla de ruedas hasta el final del hospital. Mientras Max me empujaba hasta la camioneta pude notar de reojo que tenia una sonrisa en su rostro y por un momento me hizo olvidar de todo.
— ¿Y ese milagro que quieres ir conmigo? — Pregunto mientras abría la puerta del carro y me ayudaba a entrar. — Bueno pero si no quieres contarme no tienes por que. — Otra vez comenzaba a ser frio, pero espere a que subiera a la camioneta para hablar.
— No es eso, es solo que si te cuento vas a hacer un montón de preguntas y honestamente… — No me dejó siquiera terminar la oración.
— No quieres que te pregunte. — Dijo, y encendió la camioneta. — Tranquila no tienes que hablar.
— Por una vez en tu vida déjame hablar. — Lo mire un poco enojada y él bajo a su orgullo. — Honestamente tengo las mismas preguntas que seguramente tu harás, pero no tengo ni una respuesta.
— ¿Qué? — Freno de golpe y parece que ni le importo que yo estuviera ahí. — Upps… perdóname, no fue mi intención. — Solo me limite a asentir y recline un poco el asiento.
— Te voy a contar, pero no hagas ni una sola pregunta. — Él asintió y mientras yo le contaba el solo hacia gestos.
Por un lado su reacción a cada cosa que yo le contaba era exactamente la misma que yo había tenido, sabia que se moría por hacer preguntas pero cumplió la promesa de no hablar mientras yo le contaba mis cosas. Y cuando termine ya estaba formulando millones de preguntas que al final deje que hiciera, si yo no podía terminar de aclarar mis ideas sola, tal vez hablar con él podría ayudarme.
— Bueno ya puedes decir lo que quieras. — Me rendí y me daba gracia ver como e aguantaba las ganas de hablar.
— No, es solo que eso suena a película de suspenso. — Solté una pequeña risita que tuvo el mismo efecto en él. — ¿Tienes alguna idea de quién pude ser?
No conteste pero si solté un largo suspiro, pero sabía que si no decía nada él lo iba a malpensar, así que dije lo primero que se me vino a la cabeza.
— Tengo a varias personas en la cabeza, pero no estoy muy segura.
Cuando menos lo esperamos ya estábamos en la entrada de la mansión. Max bajo del auto y luego me ayudo a bajar. Bajo la maleta que traía del hospital y no dijo ni una sola palabra más del tema lo cual agradecí. Por un segundo pensé que solo habría tres de nosotros en aquella mansión, Max, la persona misteriosa y yo. Sin embargo lo que encontré dentro me sorprendió y por otro lado me dolió.
Entramos a la casa y escuche demasiadas voces cuando se supone que no había nadie en esa casa. Entre con el mayor de los cuidados esperando lo peor, como mi madre siempre decía, “siempre espera lo peor, y prepárate para lo mejor”.
Camine hacía donde el sonido salía, para encontrarme a uno de mis mejores amigos sentado en la sala con una cara de pocos amigos. Pero antes de que pudiera acercarme Max puso una mano en mi hombro como símbolo de protección, y ese simple gesto volvió a traer esa corriente en mi interior, esa corriente a la que no puedo ignorar cuándo Max esta conmigo.
— Tranquilo es Arlo. — Sonreí y cuando gire para verlo pude ver que sus pupilas estaban dilatas y que apretaba la mandíbula. — Oye… dijiste que no había nadie más que tú.
— Eso mismo pensé yo. — Se relajo y caminamos hacía las escaleras para alejarnos. — Tu tío salió temprano al aeropuerto y tú padre se supone que también se fue.
— Entonces como explicas que Arlo esta aquí.
Ninguno encontraba explicación, hasta que una voz demasiado conocida apareció detrás de mí y los ojos de Max parecían sorprendidos, como si hubiera visto un fantasma.
— Querida, ¿Qué haces aquí? — Mi padre parecía sorprendido y hasta puedo decir que se le bajo la presión por que dé un instante al otro se puso pálido. — ¿No te ibas a casa?
— Que yo recuerde esta también es mi casa. — Dije y me puse un poco a la defensiva. — La verdadera pregunta aquí es ¿Qué haces tú aquí? — Me acerque un poco a él y su respiración se aceleraba estaba nervioso. — No deberías estar en algún otro lado.
Antes de que mi padre pudiera responder una voz femenina apareció.
— Querido la comida ya esta lista. — En cuanto nos vio la voz de la mujer se fue apagando poco a poco. — Lo siento, no sabia que teníamos visitas. — «Teníamos me suena a manada y que yo sepa este hombre es soltero.»
Mire primero a la señora y la registre con la mirada una vez que termine el siguiente fue mi padre, me quede en silencio esperando que alguien me aclara que estaba pasando aquí pero él no se atrevió a hablar así que mire a la señora para ver si ella me Saba una respuesta.
Antes de que ella pudiera decir algo Arlo apareció.
— Mamá tengo hambre. — Ni siquiera se dio cuenta de nuestra presencia hasta que grito y camino al pasillo. — Eris. — Me miro y la cara se le ilumino, estaba ojeroso. — Que bueno que ya estas bien. — Corrió a abrazarme como si no me hubiera visto hace años y se sintió tan bien.
— Yo también te extrañe saltamontes. — Correspondí a su abrazo y me conoce tan bien que no necesite decir ni una palabra más.
— Yo también necesito respuestas, pero primero vamos a comer quieren. — No pude evitar reírme ante su respuesta, pero yo también tenía hambre de una buena comida.
La mujer, Arlo y Max caminaron hasta la sala, pero yo me quede con mi padre. Tenía los ojos llorosos y si no lo conociera diría que estaba a punto de llorar, pero no… esa es su reacción cuando esta molesto o estresado.
— ¿Qué pasa? — Di un paso atrás para alejarme un poco para dejar que mi padre respirara.
— Tienes que saber algunas cosas. — Dijo y camino hacia su despacho, mala señal. — Entra. — Ordeno y así lo hice. — No vas a hablar me vas a escuchar. — Ella es Aris, es la madre de Arlo y es mi pareja. — «Ok» — Aris se que tu amas a tu madre y que nada…
— Papá, no tienes que justificar nada. — Dije antes de que el pudiera decir algo más. — Tienes derecho a hacer tu vida con quien querías, pero no esperes que de la noche a la mañana yo acepte esto, amo a mi madre, pero si tu eres feliz con ella adelante, solo espero que ella pueda ayudarme a que mínimo te acuerdes de mi una vez al año.
Mi padre se sorprendió de mi respuesta y antes de que pudiera decir algo salí del despacho para encontrarme con la famosa Aris y con un Arlo que tenia exactamente la misma cara que yo. Arlo se quedo al lado mio y mi padre salió detrás de mi par ir a abrazar a la querida Aris, mientras Max se quedaba a centímetros de nosotros como un espectador.
— Pero que hermosa familia feliz. — Una voz otra vez femenina apareció pero esta vez venia de las escaleras. — Sorpresa querida Eris.
Esta vez fue a mí a quien se le bajo la presión, tenia mis sospechas pero jamás creí que ella fuera esa persona, hace años que quise volver a verla pero ¿Porque ahora?
Su presencia no solo fue sorpresa para mí, Max también parecía sorprendido, pero al ver mi reacción Arlo y Max se pusieron a la defensiva, cada uno al lado mio como custodiando.
— Tranquilos que no la voy a morder.
Se acerco hasta quedar a centímetros de mi, pero no hizo ningún otro movimiento, solo me miro mientras decía aquellas palabras que miedo es el efecto que tienen en mí.
— Hola conejita.