“Lo siento si en algún momento te lastime.”
Habían pasado algunas horas desde que Blemir se había ido y por mas que yo tratara de dormir no podía, cada que lo intentaba en mi cabeza aparecía la persona que recientemente había aparecido. Después de al menos 4 horas la noche había aparecido y yo seguía escuchando una voz en la habitación que repetía “conejita”, esa era una palabra que nunca me había gustado y seguía sin gustarme.
Cuando la decían era como una advertencia que indicaba que en el lugar donde estaba algo malo iba a suceder. Gracias a esa palabra odio a los conejos, no la había vuelto a escuchar desde aquel accidente que me obligo a huir a España y del que nunca he querido hablar, pero ¿quién podría ser?.
Sin darme cuenta me había sumido profundamente en mis pensamientos y estaba pensando en voz alta, con la idea de que estaba sola, de pronto se escucho un golpe fuerte en la habitación, me asuste y pensé que la persona había vuelto.
— ¿Quién esta ahí? — Pregunté pero no conseguí respuesta. — ¿Hola? — Volví a preguntar.
Espere unos segundos pero no volvió a sonar voz alguna, me levanté a tientas de la cama y camine hacía donde según yo había salido el sonido. Había un mueble del lado izquierdo con el cual me apoyé, hasta llegar al final del mismo, di el paso y cuando apoye el pie me clave lo que para mi parecía un vidrio, di un brinco hacía atrás y por instinto me solté del mueble, en ese segundo una mano tomo la mía.
Una sensación extraña volvió a recorrer mi cuerpo, apreté su mano con toda la fuerza que en ese instante tenía y me ayudo a volver a la cama, giro su mano sobre la mía y luego puso una especie de papel en ella y la cerró, obligándome a apretar con fuerza el papel, no volvió a tocarme.
Me quede unos minutos en silencio y sin moverme esperando escuchar algún sonido que me diera pista de que no estaba sola, el pie comenzó a arderme y luego me percate que me había ayudado a llegar a la cama, pero no había sacado el vidrio, me incline intentando llegar a mi pie, para la mala suerte que tengo, cuando llegue al pie no medí la distancia a la que estaba el vidrio y volví a clavármelo pero esta vez en la mano, la quite por instinto y luego lo saque de la planta del pie, y sentí como una gota de sangre cayó sobre mi pierna, tome la sabana y la enrede sobre la mano con fuerza y luego con la misma sabana aplique presión en el pie, respire y deje el papel sobre la cama.
— ¡AYUDA! ¡AYUDA! — Grité desesperada esperando que alguien me escuchara. — ¡AYUDA! — Esta vez mi grito se escucho como un poco ahogado y después de unos minutos una enfermera entro en la habitación.
— ¡Dios! Pero… — Guardo un silencio eterno que me hizo pensar que ya no estaba conmigo. — Okey tranquila, voy a revisar tu pie.
La enfermera quito mi mano enrollada en las sábanas de mi pie y solo suspiro, luego hizo lo mismo con mi mano y a los pocos segundos entro otra enfermera.
— Andy — Dijo la enfermera que me estaba revisando. — Ve a traer un estuche de suturas y gasas.
— ¿Sutura? — Pregunte asustada.
— Sí querida, tuviste una herida profunda que necesita ser suturada. — «Genial.» — Pero ¿qué paso? — Parecía sorprendida de lo que me había pasado.
— Es solo qué tenia sed y no encontraba el agua. — Mentí, no tenia caso decir que alguien lo había roto apropósito. — Sin querer tire lo que había ahí y pise.
La otra enfermera entró y le dio el estuche de sutura a la otra persona.
— Voy a poner un poco de anestesia local. — Ignore lo que la enfermera había dicho y comenzó a suturar.
Mientras ella suturaba mi pie y mi mano, me perdí en mis pensamientos «Si la persona había roto el vaso o jarrón que estaba ahí su intención no había sido buena, pero ¿porque me había ayudado a volver a la cama». No encontraba respuesta para esa pregunta, tal vez su intención era otra y cuando vio la sangre en mi pie se asusto y decidió ayudarme a volver a la cama o quizá solo fue que…
— Bueno, eso fue todo, tienes que tener más cuidado y evitar levantarte. — Dijo la enfermera interrumpiendo mis ideas.
— Sí, gracias. — Respondí, me puso otra sabana y me acomode en la cama.
Las enfermeras salieron volviendo a dejarme sola. Por primera vez en mucho tiempo el estar sola me daba miedo, me acomode para acostarme pero en ese segundo sentí el papel y lo tome, estaba doblado por la mitad, lo abrí pero era inútil, fuera lo que fuera no haba manera de saber que decía o lo que contenía.
Mi cabeza comenzó a idear un millón de ideas, toque mi mano derecha con la izquierda y al tocarla descubrí que tenia un vendaje, luego baje la mano al pie izquierdo y también tenia un vendaje, tome el papel en la mano derecha y lo apreté fuerte para no perderlo, «Será que todo esto es obra de la misma persona?, ¿quién eres?».
Por ahora no podía idear pregunta alguna para la persona misteriosa que había aparecido en mi habitación, aunque una duda había surgido ¿qué es lo que buscaba?, pero eso era algo que ella no me iba a responder y tenia que averiguarlo por mí misma, sin darme cuenta me quede dormida con las uñas encajadas en la palma de la mano derecha.
— Buenos días. — Dijo una voz interrumpiendo mi sueño.
— ¿Qué? ¿Cuándo? — Pregunte despertándome de golpe, hace solo 1hr más o menos me había quedado dormida.
—Tranquila. — Dijo aquella voz conocida, que hizo que me tranquilizara.
— Pero que demonios. — Grito alguien que recién había entrado a la habitación. — ¿Qué carajos te paso en la mano y el pie?
— ¿Qué? — En ese segundo reaccione, moví mi mano derecha que comenzó a arderme y el papel seguía ahí, suspire y me relaje.
— Bueno vamos a proceder a quitarte los parches. — Entre todo el desastre de anoche olvide los parches y lo del oido. Para sorpresa mía podía escuchar perfectamente. — Solo necesito que cierres los ojos. — Hice lo que el doctor pidió, cerré los ojos y luego contó hasta 3. — 1… 2 … 3. — Quito los parches de los ojos dejando que una luz tenue apareciera.
— ¿Ya puedo abrirlos completamente? — Pregunte, más que entusiasmada ansiosa por ver el papel.
— Sí, pero despacio.
Abrí los ojos muy lentamente, por fin podía volver a ver la luz del sol y los colores.
Lo primero que hice fue escanear mis piernas y brazos, luego abrí la mano derecha y la mire, estaba a punto de volver a desdoblar el papel cuando una silueta apareció justo frente a mi, haciendo que cerrara repentinamente la mano, levante la cara muy lentamente y mire al doctor.
— Hola. — Dijo una voz y gire la cabeza lentamente dandole tiempo a mis ojos para que se volvieran a adaptar a la luz y a su entorno. — Vaya susto que nos diste. – Sonrió.
— ¿Max? — La imagen se iba aclarando poco a poco y quedé sorprendida y cómo en una ráfaga se me vino a la mente nuestro último encuentro. — ¿Qué haces aquí? — Pregunte sorprendida y le dirigí una sonrisa amigable.
— Bueno. — Se acerco a mí. — Vine por ti ¿recuerdas? — En ese segundo detrás de él apareció Blemir, así que ignore lo que dijo Max y mire a Blem.
— Gatito. — Dije con una sonrisa que ni yo había visto en mí misma.
— Nena. — Se acerco, lo jale a mí y lo abrace, en ese instante vi como Max se alejó lentamente con la cabeza agachada. — Vaya, ¿Qué fue eso? — Se separo un poco de mí.
— Es solo que… — Me quede callada, no sabía que responderle, estaba segura que ese abrazo había sido un mecanismo de defensa al saber que Max estaba ahí. — Es solo que como ayer te pedí que… — Interrumpió y me beso, luego se separo y me miro.
— Esta bien… — Me acomodo el cabello detrás de la oreja. — Me gusto. — Volvió a besarme y me volvió a abrazar.
Volteé a ver a Max quien había apartado su vista completamente y nos daba la espalda mientras hablaba con el doctor.
Blemir se alejo un poco, me miro y le dirigí una sonrisa nerviosa, estaba segura de que la reacción que había tenido con Blemir había sido por el sentimiento de culpa.
Max y yo hemos tenido únicamente dos encuentros y los dos han terminado en una muestra de cariño muy aparatosa, a los pocos segundos Max regreso la mirada a Blemir porque tengo que admitir que a mi no me volvió a mirar y el doctor salió enseguida de la habitación.
— Bueno. — Miró a Blemir. — Es todo, te vas a casa. — Lo último era para mi pero parecía más para Blem. — Yo voy a firmar unos papeles y los veo en la recepción. — Antes de que pudiera decir algo Max desapareció de la habitación.
— Lista. — Blemir sonrió y me ayudo a cambiarme.
Blem me acerco la maleta que Max había traído con mi ropa, me cambie y guarde el papel en el bolsillo del pants que llevaba puesto.
Una enfermera entro con una silla de ruedas a la cual me moví y salimos de la habitación, estaba tan aliviada de que por fin dejaría el hospital, llegamos a los ascensores y bajamos hasta la recepción.
La enfermera me dejo justo en la entrada y Blemir fue a donde Max estaba, en el momento que me quede sola, saque el papel de mi bolsillo y lo abrí con nervios.
*El papel*
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