| 14 | Conejita

1615 Palabras
“No somos lo que realmente conocen de nosotros.” — Nena ¿qué pasa? — Cambio a un tono de preocupación y se acerco un poco más. — Solo que... — Me acomode inclinándome un poco a él. — Perdón. — Pronuncie en un susurro y derrame una lágrima que limpie rápidamente de mi rostro. — ¿Perdón? — Con su mano aun en mi mejilla me recargue sobre ella. — No hay porque pedir perdón. — No podía respirar y las lágrimas salieron sin pedir permiso y no podía contenerlas. — Nada esta bien. — Apenas y tenía voz. — Yo... — Me interrumpió y qué bueno que lo hizo porque estaba a nada de cagar aún más esta relación. — Hey. — Me abrazo. — Nada es tu culpa, todo esta bien. — Él solo me abrazaba y yo no dejaba de llorar.  No tenía ni idea del porque le pedía perdón pero él asumió que era por el accidente cuando realmente le pedía perdón por lo que paso con Max, por besarlo y tocarlo con deseo aún sabiendo que no debía. — Okey. — Alguien entró interrumpiendo el momento que estábamos teniendo. — Tenemos que llevarte a hacer unos estudios solo para ver qué pasó. — Limpie las últimas lágrimas, suspire y Blem se separó. — Se la llevan ¿ya? — Puedo decir que el doctor asintió porque Blem se paro de la cama y me dio un beso en la frente. — Le avisare a tu papá. — Decidí ignorar eso último por mi propio bien. Entró un enfermera y me pidió que me moviera a una silla de ruedas que apenas y pude distinguir, camine con mareos hacia no sé donde, lo único que sabia era que me estaba moviendo. Después de un par de vueltas y caminos largos la enfermera me pidió que me pasara a una maquina, que no estaba segura que hacia, trate de moverme lo menos que pude pero estaba nerviosa y algo incomoda, me dejaron sola. Mientras el doctor hacia no sé que conmigo mi mente viajaba al momento que tuve con Max y que se iría, cada que pensaba en eso me sentía más culpa, Blemir estaba en el cuarto preocupado por mí y yo pensando en Max. — Listo. — El doctor se acerco hasta donde yo estaba. — Hemos terminado. — Interrumpió mis pensamientos. — Dame tu mano y con cuidado levántate. Seguí las instrucciones del doctor y luego camine hasta la silla de ruedas algo le dijo el doctor a la enfermera y salimos de la habitación rumbo a la mía. — Solo fue un pequeño susto, ya puedes estar más tranquila. — Suspiro y siguió caminando. — ¿Susto? — «Y si no vuelvo a ver?» Estaba un poco molesta pero no quise que lo notara. — No puedo ver y escucho muy mal, no creo que eso sea bueno. Llegamos a la habitación y tomando en cuenta que estaba medio sorda, podía escuchar los gritos que salían de ella como si la persona estuviera frente a mí, fuera quien fuera, realmente estaba gritando. Al entrar el sonido se acentuó mucho más, la silla de ruedas se detuvo y la puerta se cerro detrás de mi, alguien me tomo de las mano y me levanto, me ayudo a caminar hasta la cama, pero yo ya no quería estar ahí.  Al dejarme en el borde de la cama me dio un beso en la frente y busque su mano, al encontrarla la tomé, tenia una especie de aro en ella, la forma la reconocía, aunque no pudiera ver sabia que era un anillo, ya lo había sentido antes pero no lograba recordar donde. Quise sentir más del anillo, pero antes de que pudiera alejo su mano de la mía y se escucho un silencio eterno en la habitación. — ¿Cómo esta? — Me sonaba conocida la voz. — Los estudios salieron bien, solo es una reacción tardía al accidente y el estrés. — No estaba hablando conmigo, pero tenía curiosidad de saber a quién le hablaba. — ¿Ahora que sigue? — Mire a dónde creí que estaba el doctor y una mano tomo mi barbilla dirigiendo mi cara al lado correcto. — Voy a colocar unas gotas en los ojos para que luego los parchemos, eso te ayudara a recuperar la vista. — Esta vez si era para mí. — ¿El oido? — Igualmente solo pondremos unas gotas y eso es todo, te quedaras un día más para ver la evolución. – Volvió a quedar en silencio la habitación. Una enfermera me puso las gotas luego los parches e hizo lo mismo en los oídos. — Listo. — Agradecí y él junto con la enfermera desaparecieron, esperaba que me hubiera dejado sola, pero no fue así. — Pero vaya. — No estaba sola y el hecho de que no oyera bien no quería decir que tenia que gritar. — Es como si no te hubiera visto hace años. — Todo sonaba familiar. — ¿Qué? — Eso de no ver no me agrada. — Enserio... — Tomó y soltó mi mano de golpe. — Tan rápido me olvidaste. — Mi baúl de los recuerdos no reaccionaba. — Bueno... no es fácil — Tosí y me acomode en la cama. — Se me hace conocida tu voz pero no logro ponerte un nombre. — Uyyy... — Camino al otro lado de la habitación, el sonido cambio de origen. — Golpe bajo conejita. «¿Conejita?» Quede paralizada y sin habla, hace años que nadie me llamaba así y quizá eso podría haberme ayudado a recordar quién era pero no. Aunque hacía años que nadie me decía así existen cuatro personas en todo el mundo que me llaman "conejita", tres de ellas usan anillos, pero solo podía descartar a una de ellas, traté de pronunciar algo pero no lograba formular ni preguntas, ni sonidos. — Al menos no lo has olvidado. — Una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo. — Empezaba a creer que realmente había pasado mucho tiempo. — Los escalofríos volvieron a mí y quería con ansias que alguien más estuviera aquí, me temblaban las piernas. — Y ¿Blemir? — Tartamudee. — ¿Quién? Aaa claro... El niño bonito. — Podría estar frente a una asesina y yo ni siquiera en cuenta. — Tranquila, fue a la cafetería, pero seguro ahorita vuelve. — Bu... eno. — Fue todo lo que salió de mi boca; «¿Qué demonios esta pasando aquí?» Solía hacer este tipo de juegos pero jamás pensé que alguna vez jugarían conmigo de la misma manera. — No me lo comí. — Río. — No es el tipo de comida que me gusta. — ¿Quién eres? — Comencé a asustarme mucho más. — Si te digo perdería todo el encanto. — Parecía una película de terror. — ¿Que dices si jugamos? — Puso su mano sobre mi cabeza, luego tomo mis manos. — Manos limpias y puras. — Recorrió mis manos con un dedo haciendo que los escalofríos recorrieran de nuevo mi cuerpo. — ¿Juego? — No podía moverme estaba petrificada. — Tranquila, tú tampoco eres mi alimento favorito. — Dudo que fuera verdad. — ¿Qué tipo de juego? — Mi cuerpo recupero las fuerzas. — Puedes hacer únicamente 3 preguntas de respuesta si o no. — Aventó mis manos, levanto mi cara y se acerco . — Es lo único que tendrás para descubrir quién soy. – Se alejó y guardó silencio. — Bueno... — Trague saliva. — Primer pregunta... — No me dejó terminar. — No. — Hubo un silencio incomodo que hizo que me asustara de verdad. — Ojalá pudieras ver tu cara. — Empezó a reírse. — Jamás me habías tenido tanto miedo. — La puerta de la habitación se abrió. — Hoy no habrá preguntas, ni respuestas. — ¿Porque? — Me levante de golpe, no tenía control sobre mi propio cuerpo. — Mi tiempo de visita se acabo. — Desapareció dejándome completamente sola. Estaba aún en shock por lo que había pasado, tengo que admitir que me dejo pensando en las mejores preguntas que podía hacerle pero por ahora la única pregunta que se me ocurría es "¿de donde te conozco?", una vez más mis pensamientos tuvieron que esperar. — Wow. — Otra vez una voz familiar. — Pensé que tardarían un poco más. Había notado su presencia, pero no lograba recobrar al 100% la razón. — ¿Tierra llamando a Eris? — Si. — Sacudí la cabeza y volví a centrarme en lo que estaba pasando y en quien recién se había dignado a aparecer. — Oye ¿Quién entro? Había una persona aquí, ¿Quién era? — ¿Persona? — Estaba confundido. — Que yo sepa solo una enfermera, dijo que tardarías un poco más, por eso fui a la cafetería. — Enfermera. — Susurre apenas y lo pude escuchar. — Cuando entraste ¿Viste salir a alguien? — No... a... nadie. — Se acerco y tomo mi mano, en cuanto la sentí instintivamente la quite de golpe de su alcance. — ¿Todo bien? — Si yo estaba confundida, él estaba lo doble. — Si si — Ciertamente ni yo sabia que estaba pasando. — Solo que... — Suspire, el noveno suspiro del día. — Ha sido un día muy largo. — Volví a estirar mi mano para que esta vez pudiera tomarla. — ¿Te molesta si te pido que me dejes sola? — Para nada. — Beso mi frente. — Te veo mañana, vengo a primera hora y tu descansa. — Salió de la habitación.
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