| 13 | Adiós sentidos

1894 Palabras
“El único sentido que quiero en mi mundo eres tú.” Estaba demasiado cansada pero no solo por Max aunque debo admitir que me dejo sin ganas de nada, me ardían los ojos y no quería despertarme. Gruñí por cansancio y al momento de moverme sentí un dolor horrible en las costillas y todo el cuerpo. Me iba a explotar la cabeza, volví a gruñir y me senté sobre la cama con dificultad para poder mirar a la persona que estaba en la habitación conmigo interrumpiendo mis sueños y mi descanso. — Hola bella durmiente. — Al momento de abrir los ojos tenía la vista borrosa, no podía distinguir quién era. Pensé que era normal me acaba de despertar pero mi cara decía lo contrario porque se preocupo. — Eris ¿Qué pasa? — Su tono cambio a uno de preocupación. — Solo... un segundo. — Me acomodé en la cama y baje la mirada. — ¿Alexandra? — Llevo años conviviendo con ella por lo tanto su voz se me hacia conocida y era muy de ella. — Ale ¿Estas ahí? — Me preocupo que se hubiera ido, sobre todo por que la vista no regresaba a su normalidad. Algo me pasaba no estaba segura de que era, pero sin duda esto no era algo bueno. — Sí. — Sentí un movimiento externo señal de que se había sentado frente a mí. — Princesa. ¿Todo bien? — Se escuchaba cada vez más preocupada. — Mmmm... — Suspire y calle enseguida.  Pensé si era bueno decirle o esperar a que esto pasara, no estaba segura de si iba a pasar o si seria permanente, trate de conservar la poca calma que me quedaba y asi Ale no se preocupaba más pero mi silencio no ayudo. — ¿Eris? Dime qué pasa. — Su voz se alejaba cada vez más y me asuste. — Es solo que... — Respire profundamente y pase saliva. — No veo... y te escucho muy lejos. — Intente que fuera un susurro que apenas y pude escuchar. — ¡¿QUE?! — Comenzaba a quedar un poco sorda pero pude escuchar claramente su grito asustado y preocupado. La cama se sacudió de repente eso significaba que se levanto de un jalón y volvió a su normalidad de golpe. — Ale tranquila. — Trate de encontrar su mano que ya no estaba cerca de mí y todo empezaban a doler. — Igual y en unos segundos todo vuelve a la normalidad. — Pensé que si yo sonaba tranquila ella también lo estaría. Por dentro estaba asustada. — ¿Vas mejor? — Preguntó más tranquila. — Claro. — No se convenció. — Que ves cruz o cuernos. — Mmm... — Lo pensé dos segundos antes de cagarla. — Cruz. — Eris no trates de jugar conmigo. — No, tranquila, vamos a esperar unos minutos. — Trate de calmarla. — Me voy. — Grito mientras se alejaba, se oía muy lejos pero seguía en la habitación conmigo. — Voy a llamar a una enfermera. — No era bueno pero no podía decirle nada, ella tenia más control que yo. Salió de la habitación azotando la puerta dejándome sola, solo me quedo respirar. Recordé lo que el doctor pregunto, quise hacer memoria pero no había tenido ningún síntoma hasta ahora, pero tampoco me dolía nada, todo había sido repentino.  Esperaba que esto no fuera nada grave, después de unos segundos escuche la puerta de la habitación abrirse, pero más sutilmente. — ¿Hola? — Después de la salida de Ale esperaba que fuera ella. — ¿Hola? — Levante la voz, si hay algo que me molesta es que diga algo y nadie conteste. — Tranquila. — Era una voz sutil y pacifica, no era igual al de los demás. — Puedes mirar hacia el frente. — Era la enfermera. — Si claro. — Mi voz tomo un tono medio burlón, use los otros sentidos que aún funcionaban y logre girara a otro lado — ¿Mejor? — Escuche la risa de Alexandra. — Si, claro. — Suspiro la enfermera y acomodo mi cara a lo que era el frente. — Puedes seguir la luz. Me acomodé en la cama y comencé a mover mi cabeza en todas las direcciones posibles.  — Creo que si puedo mirar al frente puedo seguir la luz ¿No? — Me molesto un poco, no sabia qué pasaba conmigo y la enfermera no era de mucha ayuda. — Claro, lo siento. — Sonó un poco triste y yo solo suspire y agaché un poco la cabeza. — Perdón, es que es un poco abrumador todo esto. — Estaba siendo una idiota. — Tranquila, esta todo bien. — Su voz se escucho un poco lejos. — Voy a llamar al doctor para que la revise. — La puerta de la habitación se abrió y enseguida se cerro. — Que mala eres. — Ale se sentó al lado de mí y soltó una risa. — Estoy asustada y no es de mucha ayuda. — Volvió mi tono de tono de molestia y baje la cabeza. — Esto no me da buena espina. — Me ignoro y cambio de tema. — Tengo que hablar con Blemir, voy a avisarle lo que esta pasando. — Quise adivinar con desesperación en qué lado estaba. — Es del otro lado. — Volvió a reírse. — Solo que no le diga nada a mí padre. — Suplique y ella acepto. Lo que menos necesitaba era a mi padre aquí.  Se levantó de la cama y aprovecho que no escuchaba para hablar con Blemir, pasaron unos segundos y volví a escuchar su voz. — Ya esta llegando. — Se volvió sentar y tomó mi mano. — En cuanto aparezca por esa puerta yo desaparezco. — Susurro en mi oido. — Tengo que ir a arreglar un par de asuntos. — Me reí, lo había olvidado por completo. Alexandra tenía una cita y se supone que yo debía ayudarle, pero estaba en un hospital. — Los siento. — Me disculpe y quise adivinar dónde estaba y cuando escuche una risa inocente volví a bajar la cabeza a las sábanas. No estaba segura si la disculpa era por estar en el hospital y no poder ayudarla o por estar ciega y medio sorda. — Tranquila. — Me abrazo y se separó. — Ya tendré otras citas y me ayudarás. — Nos reímos. — Mientras tanto preocúpate por recuperarte y volver a ser tú, te necesito. Nos seguimos riendo de mi desgracia y luego comenzamos a hablar sobre lo que seria su cita y lo que iba a usar para impresionar al hombre afortunado, mientras ella hablaba yo trataba de imaginarme lo hermosa que se vería, llego un momento en el que mi cabeza voló y olvide lo que estaba pasando. — Eris... entonces un ovni aparecerá... — Poco a poco su voz se acercaba más. — Tierra llamando a Eris. — Sentí una sacudida que me devolvió a la realidad. — Perdón. — Trate de adivinar de qué lado estaba, sentí su mano fría en mi mejilla y giro mi cara hacía ella. — Debe de ser muy horrible ¿no? — Me soltó. — ¿Qué? — Estaba confundida. — Vamos, te conozco de 4 años, no hay nada que puedas ocultarme, soy tu espejo. — No quiero ocultártelo. — Suspire. — Solo no sé como contártelo sin sonar muy... — Interrumpió. — Solo tienes que decirlo. — Tomo mi mano. — Nunca nos hemos juzgado, es nuestra ley ¿recuerdas? — Asentí y hable. — Lo engañé, o eso creó. — Baje la cabeza. — Sé que no es excusa pero solo fue un beso. — Si claro... solo un beso. — Además de ser mi mejor amiga también es de Blemir (mala opción) — Déjame adivinar. — No podía ver su reacción, para saber si contarle más o no. — Te sientes culpable porque, ¿te gusto? — Si. — Conteste sin pensarlo con la voz entre cortada. — Pero por favor... — Me acomodé. — Tranquila no es algo que yo deba decirle. — Entendió qué es lo que iba a pedir antes de que se lo dijera. — Además recuerda que contigo hasta la tumba. Empecé a contarle todo lo que había pasado con Max y decirle como me sentía, ella seguía escuchándome y solo decía un par de palabras de vez en cuando, estaba a punto de llegar al momento donde casi quedábamos piel con piel pero ella puso su dedo en mis labios en señal de que me callará y hubo un silencio en la habitación. — ¿Qué pasa? — Escuche su voz. — Susurro y dio un giro leve sobre la cama dejándome más confundida de lo que pasaba. «Voz, ¿De quién?» — Llegó Blemir. — Leyó mi mente, al instante la puerta de la habitación se abrió y él apareció. — Hola Ale. — Le dio un beso suave en la mejilla, la abrazo y luego se alejo. — Hola nena. — Aunque su tono era normal para mí pareció un susurro, me besó suavemente, se puso al lado mío y puso su mano en mi hombro. — Hola. — No hice movimiento alguno para evitar que se diera cuenta de lo grave que era esto. — Bueno. Yo los dejo porque me tengo que ir. — Me abrazo y susurro al oido. — Tienes que pensar que harás. — Me limite a asentir. — Te vas con cuidado, Erián esta esperándote en el auto. — Se sentó frente a mí, donde antes había estado Ale. — Adiós y gracias por venir. — Escuche la risa de Alexandra y ni siquiera me moleste en mirarlo.  Alexandra salió de la habitación dejándonos solos a Blemir y a mí junto con mis culpas. — Y ¿cómo esta la niña más hermosa del universo entero? — Acaricio mi cabello con esa sutileza que lo caracteriza. — Pues... no me quejo. — Susurre algo incómoda. — Que tal va todo princesa? — Su tono cambio y se limito a tomar mi mano. — Bien. — Suspire. — Ale me recordó de su cita de hoy, estábamos hablando de lo que se iba a poner. — Agache la cabeza para evitar buscar a Blemir. — Le ayudaste ¿verdad? — ¿Se nota mucho? — Sí, tienes buen gusto y su outfit suena atrevido pero cómodo, así que el único que logra eso eres tú. — Sonreí. — Como no tenía a su mejor amiga para que le ayudara, me ofrecí. — Sentí su brazo rodear mi cintura. Se acomodo en la cama y comenzó a contarme de su día y de lo mucho que me extrañaba. Comencé a sentir una presión en el pecho, las manos empezaban a temblarme, tenia un nudo en la garganta y los ojos me ardían, sentí una lágrima recorrer mi mejilla.  Esperen, esperen esto no era resultado del accidente, esto era la culpa que me estaba comiendo viva, culpa con la que no podía más.  Tenía la mirada clavada en el piso, Blem me pidió que volteara hacía él pero lo ignore, así que con su mano en mi mejilla levanto mi cara y me obligo a voltear hacía él, acarició suavemente mi mejilla y quito la lágrima que corría por ella.
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