La fuga y la sentencia (segunda parte)

1614 Palabras
El personal de limpieza del distrito, eran un grupo de soldados retirados que ahora trabajaban para la limpieza y eliminación de cualquier individuo que rompiera las reglas de la mafia, ese grupo se caracterizaba por tener un equipo de gran calibre y tener total autoridad para disparar sin preguntar antes, su misión más que de limpieza era la de eliminar a cuantos fuera necesario con tal de que el objetivo quedara cerrado por completo, en ese momento eran un escuadrón de 10 hombres pero la confianza que se tenían en el trabajo era tal que esa suma era realmente una exageración de parte de su autoridad máxima. Se trataba del auditor Sam Furer, un hombre de aproximadamente 40 años de edad sin escrúpulos y con el aspecto de un jefe ejecutivo, sus anteojos cuadrados rara vez permitían vislumbrar sus alargados ojos fríos como el hielo mismo, en aquella ocasión, el hombre solo había enviado el escuadrón como un encargo sin importancia, la única razón por la que había enviado diez hombres en lugar de los típicos cuatro o cinco, incluso el mismo se había excluido de la redada por un motivo muy oculto, quería que la cabeza del rompecorazones fuera suya y lo anhelaba tanto como un regalo sorpresa que incluso envió más para que el trabajo se completara de forma mas eficiente; efectivamente, el hombre estaba obsesionado con aquel asesino, tanto como para desear tener esa identidad en su propia colección. — Sr. Furer — reportó uno de los soldados — estamos en el piso indicado, pero no hay presencia del rompecorazones o del ex protegido Cold. — Sigan buscando — ordenó cómodamente desde su auto en la puerta principal, su cuerpo delgado como una aguja disfrutaba cómodamente su asiento acompañado por una copa de brandy, miraba constantemente la puerta principal, ansiando e imaginando frenético la cabeza del enigmático asesino que lideraba el quinto lugar. Por su parte, la pareja perseguida se mantenía en una pequeña habitación justo a lado del ascensor, las puertas cerradas y aun sin energía eléctrica la situación parecía complicarse, mucho más cuando se comenzaron a escuchar los pasos de los soldados registrando el lugar. Ambos estaban apiñados uno frente al otro apenas con espacio suficiente para respirar, la habitación era una pequeña habitación para escobas y trapeadores, pero era lo suficientemente grande para poder esconderlos un tiempo, Mila miró a Beltrán por un momento poco antes de voltear hacia donde se escuchaban los sonidos. — Escúchame con atención — susurró conectando miradas con Beltrán — en un minuto volverá la luz, al mismo tiempo explotará la bomba que dejé en el lado opuesto a este lugar — indicó manteniendo la mayor cautela posible e intentando mantener la atención de Beltrán en ella —en estos momentos estas en peligro tanto como yo, así que, no intentes hacerte el héroe, no intentes disparar el arma que te di, no cometas ninguna estupidez a menos que te lo ordene y no te aparezcas de la nada como lo hiciste con Silvia ¿comprendiste? — Si… — alcanzó a decir apenas mientras su corazón comenzaba a presionarse contra si mismo, el rostro tan bellamente peligroso de la mujer estaba cerca y eso mas que incomodidad le daba una extraña sensación de nerviosismo y deseo por querer estar cerca de ella, la mujer era en cierta forma tentadora, no sabía como pese a que sus rasgos no eran tan femeninos ni tampoco suaves, su cuerpo apenas tenía curvas y su carácter era tan lejano como si no le importara nadie más que ella misma. — Bien, escucha, voy a salir en este momento y tu contaras diez segundos antes de salir e intentar abrir ese elevador con todas tus fuerzas — continuó manteniendo contacto visual— entrarás allí y bajaras trepando por los cables de soporte, en el bolsillo interno de mi gabardina hay unos guantes para eso, en cuanto llegues al final sal del lugar y enciende la motocicleta que veas allí, es la única con llaves, si no llego en cinco minutos, vete de allí inmediatamente. Las ordenes eran claras y bastantes precisas con excepción de cómo iba a manejar o tener a los soldados distraídos mientras él hacía esa acción tan temeraria, aun así, no quiso hacer preguntas innecesarias y solo asintió apenas lo que podía. Los soldados continuaban buscando cuando uno de ellos notó la puerta que daba a la sala donde habían encontrado el cuerpo de Gard, aquella puerta se escuchaba extraño como si en su interior algo se cocinara lentamente, tan pronto se acercó miró en su interior una botella que parecía tirar humo, en cuanto se dio cuenta quiso informar pero para entonces ya era tarde, la reacción química explotó en un gran golpe de fuego que se esparció de la nada, aquella detonación llamó la atención de todos los soldados dirigiéndose lo más rápido que podían hacia el lugar, instantáneamente se escuchó aquel estruendo desde donde la pareja se resguardaba, seguido de un golpe realmente fuerte. Entonces en un momento Mila salió del lugar y se arrinconó en una esquina por un par de segundos, instante que aprovechó para inhalar aire y en cuanto la luz regresó, ambos comenzaron con su plan, las alarmas sonaron como locas debido a que habían sido accionadas y los aspersores comenzaron a tirar agua por montones, todo eso mientras entre la confusión uno de los soldados caía de espaldas, todos en ese momento se pusieron en guardia hasta que de pronto una granada de humo cayó sobre uno de ellos, la fuerza de impacto había sido tan fuerte que dejó inconsciente al sujeto en un instante. — ¿Con una granada de humo? Es imposible — señaló uno de ellos mientras permanecía al tanto de lo que le rodeaba, sin embargo, el humo de las llamas, los aspersores accionados tirando agua y apagando el incendio en ese momento mientras las alarmas sonaban por doquier los estaba espabilando poco a poco. — Para ser soldados retirados, aun son sensibles a los estímulos — respondió Mila quien en ese momento estaba usando las mismas gafas de uno de los soldados. Mila se acercó rápidamente lanzando un lápiz con toda su fuerza, por su parte el los que quedaban (apenas seis) disparaban como mejor podían hacia su enemigo, no obstante, parecía que las balas no la tocaban siquiera; en realidad si la habían lastimado, pero eso no bastaba para detenerla, pronto golpeó evitando los disparos para luego lanzar una de las sillas contra el resto, desarmo y se apoderó de un arma para luego apuntar fijamente a dos de ellos, con un tiro certero ni siquiera dejó que pudieran recargar armas, en poco tiempo solo quedaban tres de ellos que ahora se cubrían entre los cubículos de la oficina. Nadie podía identificar con claridad a la mujer, pero eran testigos de que estaban frente al “rompecorazones” el asesino que hacía honor a su nombre era una mujer muy hábil, decidieron entonces escapar, pero no fue sino hasta que Mila sintió un escalofrío en su espalda, era un presentimiento de que más soldados parecían llegar. Fue tan pronto como sintió su presencia que varios soldados más llegaron y dispararon obligándola a esconderse, estaba completamente rodeada, cuando uno de ellos la levantó de forma agresiva, en ese momento, Mila estaba con mirada pasiva como si sintiera lastima por sus captores, la mirada de la mujer saltaba de arriba abajo, hasta que en un descuido de los guardias al oír a Beltrán consiguiendo abrir la puerta del ascensor, la mujer golpeo con su cabeza el mentón del hombre para después atraparlo y en un movimiento rápido hacerse con una granada, no era de humo, era explosiva, por lo que no importaba si los aspersores continuaban tirando agua, simplemente explotaría, todos apuntaban hacia ella mientras con el rehén se alejaba lentamente, de pronto vio que ninguno de los soldados dudaba y decidió finalmente soltar al enemigo para levantar las manos. — Los soldados de ahora valoran muy poco sus vidas — comentó con toda la seriedad que podía, para luego soltar una ligera sonrisa y antes de salir corriendo decir un último comentario más “gracias a Dios por eso” fue lo que dijo para que después miraran el piso con una de las llaves de las granadas, pronto todos intentaron alejarse vanamente, pues la explosión fue tan fuerte que todos quedaron atrapados y apenas unos cuantos sobrevivieron. Beltrán por su parte, bajaba con dificultad por los cables hasta que llegó a la cabina del ascensor, de la nada, Mila cayó sobre el seguido de una explosión que provocó que algunos escombros se filtraran por el ascensor, por suerte el ascensor había quedado atascado aprovechando para reactivarlo y bajar al garaje, estando allí Beltrán se fijó en la cantidad de sangre que la mujer dejaba como si un rastro de migajas se tratase, intentó advertirle pero ella no prestó atención, solo dijo “conduces tu” y esperó a que se sentara para luego colocarse detrás y dar las indicaciones necesarias hasta llegar al callejón “s” pero, no contaba con que al llegar se diera cuenta que Mila casi no reaccionaba. Desesperado trató de sujetarla para que no cayera y frenó tan pronto como pudo, la mujer estaba inconsciente pero sus problemas apenas empezaban cuando se encontró con Simón quien, en ese momento, cargó a la mujer y daría ordenes de que Beltrán fuera llevado al sótano de su edificio. — Da gracias que mi ratoncito te salvo — advirtió molesto mientras cargaba a Mila con mucho cuidado — en cuanto me ocupe de ella, tu y yo hablaremos seriamente.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR