Beltrán Cold había sido considerado un genio en el mundo de los negocios, su ambición connatural se notaba desde muy pequeño, desde luego si aquel entonces no hubiera sido descubierto por su mentor Castells simplemente habría hallado otra forma de escapar de aquel orfanato. La razón por la que terminó allí a tan solo siete años era un secreto que solo el mantenía muy interno en su pensamiento, desde que nació en una pequeña casa de placeres a manos de una refugiada de dudosa procedencia supo que el mundo entero no tenía interés en su vida, no obstante, él si mostraba una capacidad única que fue fortaleciendo mientras trabajaba como mandadero en el burdel de su madre. El negocio y la estafa se volvieron habilidades que dominaba casi a la perfección, sabía como escabullirse en la ciudad y robar lo que deseara sin ser notado, no le tenía miedo a nada ya que usualmente dormía en un almacén en convivencia con las ratas y otras alimañas, había aprendido el lenguaje observando a otros y solo con su oído, sabía que decir “gracias o un disculpe” le ayudarían a cambiar el panorama de una situación dependiendo de lo que eligiera, sin embargo también aprendió de todas las damas de compañía que no bastaba solo con el habla, aprendió de la astucia humana desde la raíz de la manipulación y convencer clientes que pagaran de más para mejores servicios, con el tiempo ya no le interesaba vivir en paz o con aquello que otros decían “honor” después de todo, incluso el hombre más honrado podía caer en pecado sin descontrol en menos de un segundo.
A tan solo la edad de seis años ya tenía la conciencia suficiente de manejar la contabilidad del lugar sin ningún problema, pero, también conocía acerca del mundo en sí, sabía que las mafias eran las que permitían el manejo legal de prostíbulos y burdeles, además de otros asuntos que moralmente se considerarían poco convencionales, eso le interesaba muy poco ya que ahora ese mundo era solo suyo y pensaba dominarlo como si una bestia salvaje se tratara. Fue entonces que la desdicha lo golpeó una vez más, su madre estaba con un avanzado caso de tuberculosis, una enfermedad muy rara que no se había visto en casi medio siglo, al borde de la muerte la mujer que lo crio solo pudo pedirle perdón por haber nacido en aquel asqueroso sitio en vez de una vida normal, constantemente se disculpaba mientras el doctor negaba con la cabeza al dueño del burdel indicando que ya no había esperanza, solo los dos en la habitación que hace unas semanas era utilizada por los clientes y el aroma del cigarrillo aun quemándose en el cenicero, la despedida era en cierto modo para Beltrán un acto patético, aun así, no dijo nada en absoluto, la mujer le quería hablar de su padre pero ni siquiera pudo continuar debido a un ataque, finalmente el niño quedó huérfano a los siete años de edad, siendo aun mantenido como un trabajador más en el burdel mientras intentaba ahorrar para escapar de allí, no por que quisiera, sino porque sabía que ahora era un estorbo. Fue entonces que se encontró casualmente con Castells, el hombre había llegado por negocios y Beltrán Cold (ahora usaba su apodo como apellido) había ido con algunas damas de compañía.
En cuanto se vieron, se despertó un ligero interés en ellos, vestían elegantes y su mirada era una mezcla que era difícil de leer, Castells era un hombre lleno de confianza que podría incluso nadar con ese traje en la piscina del hotel y todo el mundo en lugar de burlarse solo lo alabarían, por primera vez al verlo, sintió ese deseo ambicioso de querer ser como él. Por otra parte, Castells notó el potencial que mostraba el muchacho al ver que dirigía las cuentas y el cuidado de las damas como si un hombre de negocios experimentado, su habilidad para los negocios y la forma de intimidar a quien intentara aprovecharse de su apariencia solo era un aperitivo que degustaba el pequeño.
Beltrán recordó un momento su infancia cuando vio la sangre escapar del cuerpo sin vida de Gard, recordó como hace mucho tiempo estaba a la par del hombre y por respeto a su maestro lo había mantenido en la empresa con el resto, sabía que sus decisiones eran ilógicas y carentes de juicio, no obstante, la culpa de deshacerse de Marco el discípulo inicial de Castells significaba de alguna forma un calvario emocional que no iba a pasar; fue la peor decisión que había tomado entonces y ahora pagaba las consecuencias. Lidiar con emociones innecesarias era su única debilidad, quizá por que se creció en un sitio donde se fingían constantemente o porque había visto de primera mano el lado oculto de las personas que ya no estaba interesado en sentir.
— Hay una normativa en la empresa — pausó mientras miraba en la mesa los papeles desordenados, pronto consiguió identificar uno de ellos — para traspasar acciones a alguien, la persona en cuestión debe firmar y dejar su huella — levantó el papel y se lo entregó a la mujer— esto es parte de una “carta de poder” con esto Marco Gard, deja en claro que entrega las acciones de la empresa a alguien más.
La mujer sostuvo con ambas manos el papel para luego notar que tenía manchas de tinta en algunos bordes, de inmediato notó que el hombre pudo haber sido torturado para que se firmara y poco después asesinado, quizá ya estaba agonizante antes y por eso casi no pudo resistirse, pensaba en todas las posibilidades y se imaginaba diferentes escenarios cuando su arete comenzó a emitir un ligero zumbido.
— ¡Mila, sal de ahí ahora! — era Julia quien advertía con desesperación, resulta que en ese momento el personal del distrito había llegado al sitio — son del distrito están avanzando por las escaleras de emergencia.
— ¿Cuánto tiempo pasó? — preguntó mientras doblaba la hoja y la guardaba en su gabardina — puedes cortar la luz… o crear una distracción. ¿en qué piso están?
— Mila, escúchame — indicó Simón utilizando el micrófono de Julia — cambio de planes, quiero a Beltrán vivo, inventa alguna excusa, pero tráelo ahora
Mila estaba en apuros, según la información que Julia le dio mas adelante, el personal del distrito no solo estaba armado, sino que también estaban a dos pisos de distancia mas abajo que ellos, la orden que le dio Simón solo le perjudicaba aun más ya que no sabía cómo salir de ahí con aquel hombre, no obstante, no podía darse el lujo de faltar a las ordenes de su jefe, pensó por unos cuantos minutos hasta que halló una pequeña solución.
— Julia, corta la luz — ordenó Simón de inmediato — corta todo el funcionamiento del generador si es posible.
— Si, señor —respondió mientras informaba posteriormente a Mila — Mila, cortaré en unos diez segundos la luz— continuó tecleando e intentando ingresar a la plataforma de seguridad— el edificio cuenta con generador de emergencia, pero demorarán unos cinco minutos en encenderlo de forma manual. Hasta entonces, tendrás que ingeniártelas para salir ¿puedes?
La mujer escuchó atentamente y mientras se quitaba su gabardina recargó su arma y la preparó entregándosela a Beltrán, tan pronto como vio el arma dudo un momento en sujetar el arma mientras recibía una advertencia “no lo uses a menos que sea necesario y revisa antes de disparar que no esté el seguro” el joven se sintió como un niño sujetando un objeto extraño pero eso no fue lo más raro, después de ello, recibió la gabardina de la mujer y fue obligado a ponérsela con la excusa de que esa tela lo protegería; a sus ojos solo parecía tela común y corriente.
Ambos salieron de la sala para luego caminar directamente hacia una de las bodegas que Mila identificó, al ingresar colocó varios químicos de limpieza en un recipiente y dentro de este vertió alguno de ellos para luego en una botella de legía insertara ciertos polvos que Beltrán no lograba identificar, salieron de allí y dejaron abierta la puerta para luego quedar sin luz completamente. Mila sabía que su tiempo ahora era de cinco minutos, en ese tiempo preguntó por donde estaban las alarmas de emergencia y los aspersores en caso de incendio, Beltrán solo podía responder vagamente intentando recordar lo mejor que podía, no paraban de caminar en el mismo piso mientras Mila continuaba accionando todos los botones de emergencia y halaba las palancas pese a que no había luz, repentinamente escucharon los pasos de los guardias acercándose tras la puerta de emergencias.
— Mila ya casi se acaban los cinco minutos que te di — julia estaba nerviosa mientras notaba como su jefe permanecía inmutable parado junto a ella. — ¿Qué está haciendo? — preguntó en voz alta sin darse cuenta.
— Le dijiste que se las ingeniara para salir — respondió con tono autoritario — ella no desperdiciará eso, créelo. Dirígete a la zona vehicular y avísale de un transporte que le facilite llevar el encargo con nosotros.
— Si, señor — respondió incrédula dudando en hacer lo que se le ordenó, revisó el garaje y luego notó que había una motocicleta estacionada en el sector 4 b, cerca de la entrada del ascensor. — Mila, hay una motocicleta en la entrada del ascensor 4b.
— Suena bien…
Inmediatamente las puertas de emergencia se abrieron de par en par obligando a Mila y Beltrán ocultarse cerca de las habitaciones. “Cuidado con el rompecorazones” se escuchó entre la multitud que se acercaba inspeccionando las zonas con sumo cuidado, su caminar era lento y con especial atención en cada uno de sus movimientos, sus rostros estaban cubiertos completamente mientras dejando a ver solo unas gafas protectoras y cascos, se veía que eren profesionales bastante capacitados, “recuerden matar también al desprotegido” indicó uno de ellos para después recibir la confirmación del resto. A la vista eran aproximadamente diez sujetos, todos armados y preparados para disparar.
— ¿Cuánto falta? — susurró — Beltrán hay que ir al ascensor que de al garaje 4b ¿puedes hacerlo en 2 minutos?
— Si, esta por ese lado — señaló uno de los pasillos al contrario de donde se dirigían los soldados.