El silencio en la nave era denso, pesado, como si cada rincón estuviera cargado con el peso de la muerte reciente. Mila se quedó mirando a Julia con ojos que buscaban respuestas, mientras Beltrán apoyaba la cabeza contra la fría pared metálica, intentando calmar el temblor que aún recorría su cuerpo. Julia parecía… diferente. Había algo en su forma de respirar, en sus movimientos lentos y medidos, como si estuviera dividida entre dos estados: viva y no del todo consciente. Su piel, antes pálida, ahora lucía un tinte extraño, casi translúcido, y sus ojos, aunque abiertos, carecían del brillo que alguna vez los definió. Mila dio un paso hacia ella, intentando tocar su frente, pero detuvo la mano justo a tiempo, como si una descarga invisible la hubiera detenido. —Beltrán… —murmuró, apenas

